Alta Vacuidad Española

Aitor Riveiro

¡La que han liado los gallegos! Yo, que vivo enganchado a la serie ‘Perdidos’ (por mucho que les pese a los programadores de TVE y gracias a ese maravilloso invento que es Internet), ya me creo cualquier cosa y estoy abierto a todas las posibilidades. Un señor que se llama Villar Mir (me faltan datos, pero si es el mismo que se presentó a las elecciones del Real Madrid estamos ante la cuadratura del círculo; si es coincidencia, con mucho menos ciertos agujerólogos se han forrado vendiendo libros) ha esperado hasta el último momento para que su empresa (OHL) boicotee las obras del AVE Madrid-Barcelona (o Barcelona-Madrid, por mor de la simetría).

La jugada es perfecta. Por un lado los barceloneses (y demás catalanes, por simpatía y sentimiento patrio) llegarán a las navidades con un cabreo de mil pares de botas de fútbol; y ya se sabe que el que encara la Navidad un poco atravesado (si no media el calvo de la lotería), comienza el año jurando en arameo y despotricando contra la cuesta de enero más de lo habitual. Así que, llegado marzo, el ‘cinturón rojo’ decidirá castigar a sus políticos y negarán el voto a ZP.

Por otro, queda al descubierto la incapacidad de una ministra como Magdalena Álvarez a escasas fechas de que su mandato oficial concluya. Es decir, que sustituir ahora a la responsable de Fomento significaría que la persona que la sustituyera disfrutara del cargo oficialmente un par de semanas. Todo un caramelo político para el designado. No obstante, mantener a la andaluza al frente de las obras de España cuando el Gobierno lo sea en funciones puede acabar convirtiendo a nuestro país en un enorme socavón (haciendo realidad aquella rima nacionalista tan lograda que reza: “Si España fuera un Donut, Madrid no existiría).

Fuera de bromas, lo del AVE a Barcelona empieza a parecerse demasiado a un ‘gag’ de Tip y Coll. Magdalena Álvarez ha decidido echarle arrojo y mantenerse en el cargo: huir es de cobardes. No lo es parapetarse en los errores de una empresa, claro: eso es valentía española. Da igual que los controles de la Administración no hayan detectado las graves irregularidades que la Cadena SER y, luego, El País han denunciado que se vienen cometiendo por parte de OHL desde hace años en las obras del AVE. (Nota mental: si la empresa de Villar Mir es la encargada del tramo del tren que pasa por debajo de la Sagrada Familia, empiezo a entender los miedos de los que piensan que se va a venir abajo la obra de Gaudí).

Zapatero, que de natural es cobarde, se ha plantado en festivo (¡en festivo!) en Barcelona para “asumir todas las responsabilidades”. A Rajoy esto le ha sentado fatal, no sabemos si porque ayer tenía planeada asistir al palco del Bernabéu y se le trastocaron los planes o porque se le ha adelantado el presidente.

Y yo aquí ya me pierdo: la ministra no dimite porque es una cobardía y no asume ninguna responsabilidad porque no es su culpa. Zapatero sí asume la responsabilidad pero no piensa cesar a la responsable de Fomento. Mientras tanto, el Gobierno prepara a hurtadillas una estación en El Prat para tener algo que inaugurar antes de las elecciones de marzo del año que viene. Y a los ciudadanos se nos queda cara de bobos: el Estado se gasta un pastizal en unir con alta velocidad Madrid y… el aeropuerto de Barcelona.

Si algo ha quedado claro en esta legislatura es la capacidad del Gobierno para meterse en todos los charcos. Ya me imagino las conversaciones a la salida de los consejos de ministros. “¿Qué ha dicho la vicepresi: que nos metamos en charcos o que no?”. “Yo es que hoy no he estado atento, pero… ¡será que sí!”.

Y mientras tanto, decenas de miles de personas sufren a diario la incompetencia de una Administración (y de una empresa privada, claro). Pero, claro, queda mucho mejor si se dice con una sonrisa.