Allá vamos otra vez

Guridi 

Como se esperaba, Pedro Sánchez quiere anunciar que va a intentar formar un gobierno alternativo al de Rajoy. Me gustaría presumir de habéroslo advertido antes, pero me equivoqué en un detalle: yo pensaba que lo propondría este domingo, fueran cuales fuesen los resultados electorales (que se prevén pésimos para el PSOE). Y lo ha filtrado ayer.

El amagar y no dar de los barones le ha dado tiempo de sobra para lanzar la jugada, que se completará con unas primarias exprés para elegir secretario general (algo que parece dar alergia a Susana Díaz) y un Congreso ordinario en diciembre. Pedro Sánchez puede tener muchas carencias, pero valor no le falta.

El panorama se completa con una ofensiva de los fieles a Pedro Sánchez, repitiendo que quien se le opone lo que quiere es regalar el gobierno a la derecha.

¿Qué parece fallar? Pues en primer lugar, que Podemos no va a querer pactar un acuerdo con el PSOE. En la lucha entre Errejón e Iglesias, este último va ganando y prefiere seguir apostando por “dar miedo” y el “sorpasso” antes que por desalojar del gobierno al PP. Podemos, que ha adquirido poder en la sucesión de elecciones que llevamos, prefiere usarlo como moneda de cambio interna, antes que para eso que dice querer hacer: ponerlo al servicio de la gente.

Ciudadanos se huele el panorama y tampoco va a hacer justo lo que sus electores menos desean: facilitar a Podemos el camino al gobierno de España.

Los nacionalistas son otro cantar. Mientras que PNV y la antigua Convergencia pueden tener un ataque de pragmatismo y votar que sí a un gobierno de Sánchez, ERC no va a salirse de los pasos de su “procés” y no votará que sí, ni se abstendrá a menos que se les permita hacer el referéndum en este año. ERC votará que no. Y sin ellos, las cuentas no salen.

Pero analizar las implicaciones políticas de los movimientos de Sánchez tiene poco sentido. Como os he repetido a menudo, Sánchez se comporta más como un concursante de “reality” que como un político. Y su objetivo es su supervivencia personal frente al resto de “aspirantes”. La política queda en segundo plano. Para cuando gane el concurso.

Con todo esto, esperar al comité federal del día uno de octubre tampoco tiene sentido. Sánchez ha sido más rápido y la única manera de romper su enrocamiento es tratarle como él trató a Tomas Gómez. De hecho, Sánchez y Gómez se parecen cada día más. Por no hablar de sus ruidosos y sectarios seguidores acérrimos.  

Pero, como también dije, el precio de matar a Sánchez es mantener el “no” al Partido Popular. Y encontrar a algún o a alguna valiente que quiera ser el candidato a las terceras elecciones. Y aquí, el único que anda sobrado de valor es Sánchez. Para desgracia de todos.