Algunas reflexiones sobre Podemos

Drodrialbert 

Mucho se está escribiendo sobre la emergencia política de Podemos, sus causas y su hipotético futuro. Me gustaría contribuir a este debate con algunas reflexiones acerca de los motivos que pueden explicar su ascenso (oportunidades aprovechadas) y sobre los retos que han de encarar en el futuro más inmediato. Hay que tener en cuenta que los fenómenos de carácter social no obedecen a una única variable, por lo que intentaré apuntar las que a mi juicio son más relevantes, con el riesgo de dejarme algunas por el camino.

En cuanto a las razones que explican la irrupción de Podemos, hay que mencionar en primer lugar la que a mi a juicio es la principal (aunque no la única). Se trata de las políticas que se han realizado en los últimos años bajo la excusa de la crisis económica. Los partidos gobernantes no han tenido reparo en aplicar la ortodoxia neoliberal en su sentido más crudo, mediante recortes, privatizaciones y una distribución de la renta cada vez más favorable a las rentas más altas. Esto ha ido unido al fenómeno de la corrupción, la desafección y el hartazgo hacia el sistema alentado por el bipartidismo. El descaro con el que se está intentando refundar el capitalismo ha provocado una creciente indignación que ha sido mal calculada por los poderes fácticos. No en vano, hace tan solo unos meses una fuerza como Izquierda Unida, que apuesta abiertamente por la ruptura, alcanzaba en algunos sondeos un máximo histórico del 15% de los votos,  hecho que pone de relieve la aceptación cada vez mayor de una propuesta alternativa.

En segundo lugar, y enlazando con lo anterior, hay que mencionar la trayectoria de la fuerza política que acabo de mencionar, Izquierda Unida, en relación al llamado proceso de refundación de las izquierdas. En este sentido, la creación del grupo parlamentario de la Izquierda Plural fue un primer paso adelante en la configuración de espacios políticos más plurales. Pero en los últimos meses IU no ha sabido, o no ha podido, concretar una confluencia más amplia. En mi opinión, el aparato de IU ha caído en el error de un excesivo apego a las siglas, hecho que ha dificultado la generación de un frente de confluencia más extenso. Todo esto, por supuesto, tiene múltiples matices a considerar, pero en esencia ha contribuido a la emergencia de una fuerza como Podemos que ha aglutinado a muchas personas que no se sentían identificadas con las siglas de IU como paraguas aglutinador del conjunto de la izquierda.

En tercer lugar, la brillante estrategia comunicativa de Pablo Iglesias y su equipo, que han sabido conectar muy bien con las inquietudes de buena parte de la ciudadanía. En este sentido, y aunque el programa que de momento se está explicando es inequívocamente de izquierdas (y de hecho muy similar al de IU), el discurso no habla tanto en términos ideológicos, sino de sentido común, aprovechando el enorme malestar   existente hacia el bipartidadismo y las fuerzas del régimen, bautizadas ahora como la ‘casta’. Podemos está recogiendo apoyos entre sectores abiertamente descontentos con el actual estado de la política que estamos padeciendo, aprovechando también la fuerza de una ‘marca’ nueva, teóricamente alejada del marco que nos ha llevado a la situación actual.

Finalmente, hay que mencionar la enorme cobertura mediática que encuentra Podemos entre diversos grupos de comunicación. Se ha discutido mucho sobre el objetivo concreto que algunos mass-media supuestamente esconden tras estos privilegios comunicativos, pero lo cierto es que este factor ha contribuido a la difusión de su discurso. Ahora mismo se están presentado como novedosas muchas propuestas de Podemos, cuando en realidad fuerzas políticas como IU las vienen planteando desde hace mucho tiempo. Sin embargo, mal haríamos en sobredimensionar este elemento y considerarlo como el único que explica el ascenso de Podemos, pues no se trata solamente de ‘poder’ comunicar, sino de ‘saber’ hacerlo (aunque si se sabe y no se puede las cosas son evidentemente mucho más complicadas).

Ahora mismo, algunas encuestas sitúan a Podemos como la primera fuerza política española, pero mal harían en confiarse y pensar que esta trayectoria ascendente va a continuar de manera imparable. Primero, porque ser primera fuerza no garantiza gobernar. Segundo, porque la dinámica de los acontecimientos está cambiando de manera nunca vista desde la Transición, y existen riesgos importantes a encarar en los próximos meses. Citaré algunos de los más relevantes.

Primero, la ‘casta’ está lejos de ser derrotada y el bipartidismo, pese a perder fuelle, sigue siendo mayoritario. La reacción del régimen va a ser sin lugar a dudas contundente, y ya estos días estamos escuchando diatribas varias contra algunas propuestas de Podemos. Concretamente, se les acusa de que van a traer la ruina al país y de que su programa es irrealizable. Estas apelaciones al miedo y a que ‘no hay alternativa’ no son nuevas, de hecho IU las viene padeciendo desde hace tiempo. Pero ahora el bipartidismo ha perdido un arma poderosa, que es la apelación al voto ‘útil’. Podemos ha conseguido que algunas propuestas pasen del ninguneo al debate público, y eso es un avance significativo, aunque la hegemonía no está ni mucho menos garantizada.

Como segunda amenaza, Podemos no tiene consolidada su estructura organizativa. Algunos de sus principales dirigentes han acumulado experiencia en IU, pero no es un fenómeno generalizable a toda su militancia. Esto se percibe cuando han de explicar algunas propuestas, que ni son definitivas ni se exponen con la claridad con la que suele hacerse desde IU, que tiene una mayor trayectoria de elaboración programática. Además, una parte importante de la gente que está entrando en Podemos lo hace por oportunismo político, hecho que explica su renuncia a presentarse a las municipales y que supone un reto a la hora de definir una estructura orgánica que mantenga una coherencia con el programa acordado.

Finalmente, Podemos ha de encarar el reto de la confluencia con otras fuerzas políticas. El abanico de opciones es muy amplio, desde presentarse con su propia marca hasta la creación de un espacio más amplio al estilo de los Ganemos que están surgiendo de cara a las municipales, pasando por una coalición con la Izquierda Plural. Este proceso abierto merece una reflexión muy profunda que va más allá de la extensión de este artículo, pero ha de partir de una base fundamental. Si lo vital es el programa, hay que esperar que Podemos lo acabe de concretar, y cuando lo haga deberían trazarse alianzas con quiénes lo compartan (más aún con quiénes lo hayan defendido anteriormente), ya que la presentación de opciones políticas diferentes con las misma propuesta política no va en la línea de mejorar las condiciones de vida de la gente y de derrotar a la ‘casta’, y más aún con la ley electoral vigente.

El camino recorrido es importante, pero la consecución del objetivo de gobernar y de  superar el régimen actual es un reto de gigantescas dimensiones. No me cabe la menor duda de que éste es el principal debate que han de plantearse las fuerzas políticas que defienden un programa de izquierdas durante los próximos meses. Da igual si se llaman Podemos, Izquierda Unida, Izquierda Plural o muchos colectivos o personas que de momento no se sienten adscritos a ninguna de estas ‘marcas’, pero sí comparten con ellas  propuestas idénticas o muy similares.