Algunas recomendaciones para leer las encuestas

Ignacio Urquizu

Durantes estas semanas hemos conocido multitud de encuestas y, en los próximos días, “lo que te rondaré morena”. Así que ante tal avalancha, debemos tener en cuenta algunas advertencias, no sea que esperemos de las encuestas más de lo que nos pueden dar. 

1. Políticos y analistas están intrigados por el futuro. Todos esperan que las encuestas les digan qué va a pasar. Pero lamentablemente, y al igual que sucede en economía, explicar el pasado es más “fácil” que anticipar el futuro. Las encuestas son instrumentos muy útiles para saber por qué sucedió algo. Pero no son bolas de cristal. Así que aquellos que esperen saber con precisión cuántos votos y escaños va a conseguir el vencedor, se van a sentir decepcionados. 

2. En cualquier previsión estadística existe un margen de error que varía según el tamaño de la muestra. O, dicho en román paladino, cuánta más gente entrevistes, más te aproximarás a la realidad. Como no podemos entrevistar a los 35.067.281 posibles votantes, nos “conformamos” con muestras representativas. Teniendo en cuenta esta advertencia, las predicciones serán más precisas si se realizan en horquillas que si usamos un número fijo. Sabemos que es algo decepcionante que te digan, por ejemplo, que el PSOE sacará entre un 37 y 41 por cien de los votos. Pero es lo más correcto estadísticamente. 

3. Cuando vean una predicción de escaños, vayan rápidamente a comprobar el tamaño de la muestra. En algunos casos no se han entrevistado a más de 600 personas. Si la muestra es representativa, dudo que hayan llamado a lugares como Ceuta, Melilla o Soria. Entonces, ¿cómo logran predecir la distribución de escaños? Es uno de los tantos resultados “mágicos” de la demoscopia. 

4. Cuando leamos las encuestas, también tenemos que distinguir entre voto directo y predicción. El Centro de Investigaciones Sociológicas es muy transparente con estos dos datos y algunos periódicos, como El País, han comenzado a publicarlos conjuntamente. La diferencia radica en el grado de “cocina” de los números. La intención directa de voto es la respuesta que dan los entrevistados, sin trampa ni cartón. En cambio, en la predicción se corrige la intención directa de voto usando numerosos factores, que van desde el recuerdo de voto hasta el “olfato” del sociólogo o politólogo de turno. ¿Qué cifra se aproxima más a la realidad? Es difícil dar una respuesta. Si vemos las predicciones del CIS en los últimos años y las comparamos con lo que luego sucedió, no hay razones para la esperanza. En cambio, la intención directa de voto nos ha dado a veces agradables sorpresas. El siguiente gráfico presenta la intención de voto declarada en todas las encuestas del CIS desde 1982. Si, por ejemplo, vamos al año 2000, la encuesta preelectoral del CIS anticipaba una diferencia de 10 puntos entre PP y PSOE. ¿Saben cuánto fue la distancia final? Sí, 10 puntos. Pero ojo, no se lancen ahora a tomar la intención directa de voto como un magnífico predictor, el voto oculto está al acecho….

  Si desea verlo con mejor calidad pulse AQUÍ Dicho todo esto, ¿qué hacemos la próxima vez que veamos una encuesta? Tenemos que ser conscientes de que éstas nos dan pistas y pueden servir para saber dónde están los “agujeros negros” de los partidos. Lo que no podemos esperar es que nos anticipen el futuro con exactitud. Las predicciones exigen saber de comportamiento electoral, tener una amplia experiencia y buen olfato. La conjugación de estos tres factores hará que la predicción mejore.