Algunas enseñanzas del triunfo de Ada Colau

 drodrialbert 

En las elecciones municipales del pasado 24 de mayo hemos vivido un hecho histórico. Por primera vez desde muerte del funesto Generalísimo, la izquierda rupturista (antes llamada alternativa) se ha impuesto en las dos principales ciudades del Estado. Barcelona y Madrid van a tener dos alcaldesas de izquierdas, que apuestan por el cambio político, y esto puede ser la punta de lanza de otros acontecimientos venideros. Por supuesto, no podemos olvidarnos de otras ciudades como Zaragoza o La Coruña, que ponen de manifiesto la fuerza de otras candidaturas unitarias. 

Me gustaría profundizar un poco más en el caso de Barcelona. Si analizamos los resultados por distritos, podemos comprobar que Barcelona En Comú se impone claramente en los lugares de menor renta per cápita, los que toda la vida se han conocido como barrios obreros. Por el contrario, CiU gana en las zonas de mayores ingresos, hecho que divide la ciudad en dos zonas bien definidas en función de la clase social. La participación se ha incrementado en mayor proporción en los barrios más desfavorecidos, hecho que ha sido decisivo para provocar la victoria de Ada Colau. 

El discurso de Barcelona en Comú ha conectado perfectamente con los sectores más perjudicados por la gran estafa llamada crisis. Las propuestas realizadas en clave social han demostrado tener un magnífico recorrido para fomentar una mayor participación de muchas personas que hasta el momento no se veían representadas. Es magnífico constatar que pueden ganarse unas elecciones con un programa nítidamente de izquierdas, en estos tiempos en los que el establishment catalán no propicia para nada el debate en profundidad de los temas sociales. 

Obviamente, el eje nacional también es importante, y Barcelona en Comú apuesta de manera clara por el derecho a decidir. Pero el tema nacional no lo es todo, como tratan de imponer de manera interesada algunos partidos y grupos mediáticos. El problema no es debatir el hecho nacional, el problema es el sobredimensionamiento de este debate y, sobre todo, el hecho de utilizarlo como cortina de humo para tapar las miserias sociales que afectan a muchas personas. Por eso no es extraño que se incremente la participación  cuando se sitúan en condiciones de igualdad todas las propuestas políticas. 

Barcelona en Comú ha canalizado perfectamente el hartazgo hacia CiU, la fuerza política que hasta ahora ha gobernado la ciudad. La derecha nacionalista catalana ha utilizado la bandera en su propio beneficio, cuando en realidad ha perjudicado de manera clara con sus políticas a la mayoría de catalanes. La corrupción y las políticas ultraliberales de CiU han tratado de disimularse bajo una utilización lamentable del discurso nacional. Y por fin la izquierda ha sabido huir de lo políticamente correcto y llamar a las cosas por su nombre, denunciando el cinismo de los conservadores y dando voz a quiénes sufren las consecuencias sociales de sus políticas. 

Se debate ahora si la experiencia puede exportarse a Catalunya. Obviamente, la diversidad del territorio es mucho mayor en el conjunto de esta nación que en la ciudad de Barcelona. Pero sí que algunos elementos pueden servir de referencia. Por un lado, están los efectos positivos y multiplicadores de la confluencia (o unidad popular, aunque para mí no es lo mismo), que merecerían un análisis más detallado que va más allá de lo que trato en este artículo. 

Por otro lado, y esto tiene más que ver con lo dicho hasta ahora, la capacidad de la izquierda para lograr un encaje razonable entre el eje nacional y el eje social. El derecho a decidir incluye el derecho a decidirlo todo, y los temas sociales han de ocupar un lugar central en estos momentos de tan enorme sufrimiento social. La hegemonía en el discurso nacional, hasta ahora patrimonio de CiU, puede sufrir un importante cambio durante los próximos meses, sobre todo si se relaciona de manera correcta y no manipuladora con el tema social. Porque querer a Catalunya, como decimos por estas tierras, implica de manera necesaria y evidente querer a sus personas, y no vender el patrimonio nacional a unos pocos. Entender esto es clave para despojar al nacionalismo conservador de su actual predominio electoral.