Algo va mal

Lobisón

 A comienzos de agosto murió Tony Judt, un historiador británico asentado en la New York University desde 1988. Llevaba dos años paralizado por una esclerosis lateral amiotrófica, y en los últimos meses había escrito lúcidas reflexiones sobre lo que suponía sobrevivir con esta enfermedad, unos textos bastante impactantes que en España publicó El País.

Judt adquirió notoriedad en España con la publicación de Posguerra (Taurus, 2006), una monumental historia de la Europa posterior a 1945 en la que superaba la habitual tendencia a pensar tan solo en términos de Europa occidental. A diferencia de buena parte de su generación Judt había establecido contactos con la oposición de Europa oriental, lo que entre otras cosas le permite poner en evidencia las limitaciones de la nueva izquierda (occidental) de los años sesenta, que no supo asumir como propia la lucha por la libertad en los países comunistas, pese al espectacular ejemplo de la Primavera de Praga de 1968.

En Pasado imperfecto (Taurus, 2007), un examen del papel de los intelectuales franceses en la vida pública de su país tras la guerra, pueden verse las claves de su planteamiento. Al tomar partido por Camus no sólo se distancia de Sartre y su ‘complicidad’ con el socialismo real, sino que sobre todo revela su propia toma de posición a favor de la libertad y los derechos humanos por encima de cualquier coartada ideológica para quebrantarlos. En la colección de ensayos Sobre el olvidado siglo XX (Taurus, 2008) se incluye un elogio de Camus a partir de la publicación de su gran novela póstuma. (También se incluye, por cierto, su ensayo sobre los ‘tontos útiles de Bush’, al que me he referido en alguna ocasión en este blog, aunque con un título más moderado.)

En octubre de 1999, paralizado ya por la enfermedad, pronunció una conferencia en la New York University (What Is Living and What Is Dead in Social Democracy?) que, a petición de amigos, colegas y simples oyentes y lectores, decidió ampliar en un ensayo que ahora se ha publicado en español: Algo va mal (Taurus, 2010). El título procede de una cita de Oliver Golsmith: ‘Mal va el país, presa de inminentes males, cuando la riqueza se acumula y los hombres decaen’.

El libro es emocionante en primer lugar por las circunstancias en que Judt lo escribió, ya que se trata de algo así como un testamento (dedicado a sus hijos). Pero en segundo lugar es emocionante por su idea: el mundo se ha extraviado en los últimos treinta años, y no sólo lo hemos pagado con una grave crisis económica mundial, sino que lo estamos pagando por el deterioro del tejido social: el abandono de lo público, la confianza tan cínica como infundada —para la mayoría— en el enriquecimiento individual, el predominio del lenguaje económico por encima del pensamiento social. No queremos hablar de qué sociedad deseamos, sino de lo que cuestan las políticas.

Inevitablemente el libro constituye una apología del modelo socialdemócrata de sociedad y una crítica de las limitaciones de sus herederos, a los que la necesidad de responder a los electorados nacionales a corto plazo lleva a perder de vista el proyecto global. Pero tampoco Judt espera que inventemos la pólvora, solo reclama que seamos capaces de defender la herencia histórica de la socialdemocracia: la sanidad y la educación públicas, las pensiones y los transportes públicos —el tren es para Judt la gran metáfora de la buena sociedad—, y sobre todo un lenguaje político centrado en los valores sociales y no en los precios de las cosas.

Todo esto podría parecer evidente para la generación de los años sesenta, pero que nos lo recuerde Judt como legado de su vida y de su obra le da, creo, un valor especial. De todas formas probablemente es el libro que deben leer nuestros hijos, como él se lo dedicó a los suyos.