Aldaketa

Millán Gómez

En unas elecciones, como las celebradas el pasado 9 de marzo, existen comunidades autónomas especialmente importantes por la cantidad de escaños que están en disputa. Es el caso de Andalucía y Catalunya, históricamente favorables al PSOE. Esta última cita electoral no fue una excepción y dichos graneros de voto socialista influyeron decisivamente en la reelección de Zapatero como presidente del Gobierno. 

A pesar de su no tan decisiva influencia en el escrutinio final, una comunidad autónoma extrajo unos resultados especialmente significativos. Euskadi. En esta comunidad autónoma, que día a día hace correr ríos de tinta en los periódicos españoles por su desgraciada situación de falta de libertades, se produjeron unos resultados diferentes y, por ello, especialmente reseñables. Ganó el PSE. Perdió, por tanto, el hasta entonces invencible PNV.

El PSE se convirtió en la fuerza más votada por los vascos. Tras una legislatura nuevamente marcada por la lacra terrorista y vergonzosamente crispada por parte del PP, los votantes apoyaron mayoritariamente al PSE con su voto. Este hecho no sería de especial relevancia en Andalucía, Catalunya o Extremadura. Pero sí en Euskadi. Y mucho.  La lectura que se sonsaca de los resultados en Euskadi es que la sociedad vasca apoya la valiente labor del Gobierno por haber intentado acabar de una vez por todas con eta. En la legislatura donde la derecha ha utilizado todas las artimañas para crispar y desgastar al Gobierno, justo allí donde más se sufre el terrorismo, se ha apoyado al partido gubernamental. La valentía y la coherencia han tenido su recompensa. El PSE venció por más de cien mil votos al PNV, que a su vez perdió 117.734 votos y un escaño. Incluso ganó en las tres provincias vascas, incluida una plaza hartamente complicada como Bizkaia. El PSE por fin se cree la posibilidad de que no sólo el cambio político en Euskadi es posible, sino que están en la mejor de las disposiciones para capitalizarlo. Frente al soberanismo del PNV, el PSE se ha convertido, sin ningún género de dudas, en el partido que más y mejor representa la centralidad política en Euskadi. Y eso en una sociedad invertebrada como es la vasca es mucho decir. El PSE no se ha vendido al nacionalismo, tal y como dicen ciertas eminencias más conocidas por su transfuguismo y españolismo que por su extinto socialismo militante. Las ideas no se miden por un carné sino en los hechos. Hay quienes han cumplido y quienes no. El PSE ha cumplido. Con creces. Los socialistas vascos dan día tras día una lección de dignidad y de lucha por la libertad, al igual que el PP.A pesar de esta victoria y de la progresiva pérdida de electores por parte del PNV, no está todo el pescado vendido de cara a las autonómicas de este otoño. Las generales se han votado en clave estatal mientras que las vascas se votarán desde el punto de vista autonómico. Las generales se han visto claramente influenciadas por la bipolarización reinante en la campaña, que ha dejado a insignes participantes poco menos que en la cuneta. Es posible que votantes del PNV hayan optado por introducir en la urna papeletas socialistas para que los Zaplana, Acebes, Pujalte y compañía volviesen a guiar los designios de nuestro país. En definitiva, el voto útil.  Por todo ello, en las filas del PSE debe haber una lógica alegría, pero euforia no. Patxi López, Pachi Nadie según el golpista matutino, encara la última recta para las autonómicas en las mejores condiciones frente a una María San Gil cada vez más ensimismada y con 26.000 votos menos que en 2004 e Ibarretxe que vive en otro planeta y está fuera de cobertura. Ni está ni se le espera. EA perdió su escaño y EB no obtuvo representación, al igual que hace cuatro años. No se puede pactar con ANV y luego alardear de ser de izquierdas. No.

Un posible pacto del PSOE con el PNV en Madrid abriría las puertas a un entendimiento mutuo en forma de pacto de Gobierno en Gasteiz. El problema está en que el fundamentalista de Llodio está en sus trece y resulta cuanto menos complicado que PSE y PNV formen gobierno con el actual lehendakari de líder jetzale. El PNV es el máximo interesado en pactar con el PSOE en Madrid y el PSE en Gasteiz, no el PSOE. Debemos partir de esta premisa. Cuando los peneuvistas hablan de desbloqueo, deben recordar que la situación reinante es consecuencia directa de haber dirigido unilateralmente y sin sentido un proyecto de una supuesta nación en marcha por un callejón sin salida. Les toca a ellos deshacer lo andado. Como se dice en Galicia, han llegado al “fin do pao”.  PSE y PNV formaron durante años gobierno en Euskadi y fue esta época la de mayor estabilidad institucional en aquellas tierras. Mientras, a miles de kilómetros de distancia, Josu Jon espera, impaciente, su turno.