Albert Presidente – el debate de Salvados

LBNL

Lo dice mi mujer, que tiene mucho olfato: Albert Rivera va a ser el próximo Presidente del Gobierno. Ayer, cuando hablamos de acordarnos de ver el debate Pablo – Albert por la noche en Salvados, lo volvió a repetir. Y yo le volví a responder que no lo será porque pese al subidón de las elecciones catalanas y la última encuesta de Metroscopia, Ciudadanos sigue siendo la tercera fuerza con no más de un 20% del electorado, con una acuciante falta de cuadros y estructura por todo el territorio nacional. Pero ella, erre que erre, que está claro, que es sin duda el mejor candidato de los cuatro principales y que se los va a merendar. Y cuando le respondí que Pedro Sánchez también es jóven y que Mariano Rajoy ofrece estabilidad y experiencia a los votantes de derecha, se rió y me dejó por imposible, igual o más convencida que al principio.

Por la tarde volví a atacar, argumentando que Ciudadanos es un partido de aluvión, con recién llegados de todos los sitios incluida una gran cantidad de arribistas, y que no tiene programa conocido. Pero no hice mella en su convicción. Al contrario, la ambigüedad que les hace parecer de centro izquierda a unos y de centro derecha a otros, es un activo, me replicó. Son legión los votantes del PP que se van a pasar en masa a un candidato que además de atractivo política y personalmente, perciben como sensato, regenerador frente a la corrupción y mediocridad del PP, pero continuista en cuanto a las reformas.

Lo mismo le parece válido para el PSOE. Sí, Sánchez es jóven, alto y guapo pero no es nada atractivo. No hay más que ver la contestación que suscita dentro del propio PSOE, con Susana Díaz y demás barones esperando para merendárselo en cuanto fracase. No consigue atraer tampoco a la gente que desea más izquierda, que se quedará en Izquierda Unida si es que Podemos acaba de desinflarse u optará por Pablo Iglesias. Y por más que fiche a ex UPyDs como Lozano – en ese momento hizo una mueca que me resultó difícil de interpretar pero que no era en absoluto positiva – no conseguirá resultar atractivo a los votantes de centro derecha, que siguen percibiendo al PSOE como el partido que nos llevó a la crisis.

Por no hablar de Podemos, prosiguió. Ya les ha birlado a todos los que les apoyaron en un primer momento como vehículo para protestar contra el lamentable estado de nuestras instituciones. Y me lo decía una que asistió a varias asambleas del 15-M…

Me quedé sin argumentos por lo que traté de cambiar el centro de la conversación. Vale, puede que vaya a ser el próximo Presidente, pero eso no sería bueno. Por ejemplo, Pedro Sánchez sería mucho mejor para lidiar con la crisis de Cataluña. Dado el origen de Ciudadanos, Rivera no tendrá ningún margen para pactar una salida que permita que la mayoría de Cataluña se sienta cómoda en España.

Volvió a reirse y me espetó que precisamente por su origen catalán, Albert Rivera tendrá más legitimidad que nadie para enfrentarse a los nacionalistas que han adoptado la pose independentista por mera conveniencia. ¿Cómo van Mas y los de Convergencia a recurrir a su muletilla de que todo es culpa de Madrid cuando tengan enfrente a un catalán tan catalán o más que ellos? A uno que sabe más de sus tejemanejes de corrupción que nadie del PP, incluidos los del PP catalán. Y encima tiene las cosas claras, no como el PSC que siempre está al borde de la ruptura interna salvo cuando está al borde de romper con el PSOE. El PP, rama catalana incluida, no tiene ni el apoyo popular ni la credibilidad como interlocutores en Cataluña, como no la tiene tampoco en el País Vasco, que parece que va a seguir sin tener, visto lo que ha pasado con Quiroga. Pero Rivera y Ciudadanos sí, porque además de no ser percibidos como herederos naturales del franquismo, son la primera fuerza política no nacionalista y al tiempo que muy firmes en sus convicciones, no padecen del anti catalanismo que supura el PP y a veces también el PSOE. Así que nanay, no sólo va a ser el próximo Presidente del Gobierno – afirmó – sino que es el mejor posicionado para arreglar lo de Cataluña, sacando los colores a los demagogos y pactando cosas sensatas.

Mientras reflexionaba sobre sus palabras, exageré la pose para que no se notara explícitamente mi falta de contra argumentos. Y ahí lo dejamos hasta que nos sentamos a ver el duelo a dos de Évole.

Los dos coincidimos en que Rivera empezó comiéndose a Iglesias desde el minuto uno, arrasando en comunicación y argumentos. El avasallamiento llegó a su punto cumbre cuando Pablo fue absolutamente incapaz de siquiera esbozar su propuesta para mejorar el mercado laboral y Albert le dijo eso de que estaba muy bien lo de hacer la paz en el mundo.

Mi mujer estaba muy satisfecha de que Albert refrendara sus argumentos con tanta claridad y yo estaba a punto de rendirme. Hasta que llegó lo de la sanidad para los sin papeles y Rivera empezó a mencionar lo de los turistas que vienen a curarse en España y a los que hay que cobrar. Me pareció falsario dado que los gastos que provocan los que son de la Unión Europea, la Seguridad Social los recupera de sus países de origen a través del formulario E-111. Y los que vienen de fuera de la Unión y no están empadronados, o pagan o no son atendidos. Pablo le recordó que se trataba de atender a los que, además de tener la desgracia de estar en una situación de irregularidad administrativa que lastra sus vidas, tienen necesidades médicas. Rivera pareció admitir que estaría bien poder hacerlo pero que el dinero no daba, e Iglesias le recordó que antes si lo hacía y él estaba orgulloso de que así fuera. Touché.

Luego se lió la cosa con lo de las empresas públicas. Pablo explicó cómo amenazaría con la nacionalización a las empresas de servicios esenciales que no cumplieran con lo establecido en la Constitución. Rivera podría haberle preguntado cuáles servicios esenciales son esos, cuándo y cómo decidiría sobre el incumplimiento de la Constitución o de dónde sacaría el dinero para pagar el justiprecio que Iglesias afirmó se pagaría para nacionalizar, por ejemplo, todas las eléctricas. En su lugar, optó por afirmar que Bruselas no lo permitiría y que lo de las empresas públicas es un modelo obsoleto. Así, sin más, dejando de lado la cantidad de empresas públicas que hay en Francia, por ejemplo. Y no supo bien qué decir cuándo Pablo afirmó que dado que hemos tenido que pagar todos por el desaguisado de Bankia, más valdría no privatizarla. Albert adujo entonces que Bankia era la consecuencia de la politización de la banca, lo que me pareció una verdad a medias ¿o es que todos los pisos del Banco malo (Sareb) vienen de las cajas?

En cambio Rivera estuvo bastante bien sobre el tema catalán, defendiendo que la ley es igual para todos y que Mas seguramente había incumplido la legalidad pero coincidiendo con Iglesias en que la imputación había llegado muy tarde y parecía diseñada para darle alas al independentismo. Y aceptó que el PP tenía parte de responsabilidad en el conflicto por su incapacidad de ofrecer a los catalanes un proyecto de España en el que pudieran sentirse cómodos. Lo único que no me gustó es que metiera al PSOE en el mismo saco, como si no hubiera habido un Estatut que habría logrado precisamente eso de no haber sido recurrido por el PP y tumbado por el Constitucional. Por contra, Iglesias, muy a la Tsipras, se quedó tan ancho aceptando un referendum por la independencia en el que él haría campaña para que Cataluña se quedara en España, lo que se conseguiría sin problemas si Podemos gobernara en Madrid.

Y llegaron las preguntas finales. Rivera se salió por la tangente con la de si indultaría a Otegui, equiparándolo a un político corrupto. Iglesias estuvo fino, escudándose detrás de Felipe González para defender que Otegui no debería estar en la cárcel y negar la conveniencia de indultarle por decreto al mismo tiempo. En la siguiente, sobre el posible acercamiento de los presos de ETA, Albert Rivera la cagó. O bien no conoce la legalidad al respecto (los presos deben cumplir condena en el centro penitenciario más cercano a su domicilio) o bien manipuló a sabiendas, y no sé qué es peor, porque eso de que cree en la justicia, que no en la venganza, y que por ello los presos deben seguir cumpliendo la pena donde están, es ignorancia o demagogia, o ambas cosas a la vez.

Acababa el programa y ataqué a fondo. Mi mujer, que ya estaba medio dormida, me respondió que estaba claro que Rivera se había abstenido de decir lo que verdaderamente piensa: que los asesinos alejados de sus familias están mucho más cerca de ellas que sus víctimas de las propias. Protesté vehementemente argumentando que no es eso lo que se espera de un regenerador pero de nuevo me quedé sin argumentos. Me dio un beso de buenas noches y mientras se iba para la habitación me preguntó: ¿Y a quién quieres votar entonces? ¿A Pablo Iglesias? ¿A Pedro Sánchez?

Por si no estaba claro, ayer se confirmó que Albert Rivera es un tipo de centro-derecha y que su partido es una incógnita, como demuestra que si Rivera no pudiera presentarse a las generales, Ciudadanos se desinflaría todavía más rápidamente que Podemos. Pero no tengo duda alguna de que si ayer noche hubieran estado Rajoy y Sánchez ocupando las dos sillas libres de la mesa, Albert Rivera se los habría merendado como hizo con Pablo Iglesias, a los puntos antes que por KO, pero merendado al fin y al cabo. No creo que se atrevan hasta que sea absolutamente inevitable, y aún así harán todo lo posible por evitarlo.