Alarmismo

 Millán Gómez

 Durante los últimos días se ha convertido en una costumbre afirmar sin rubor alguno que Zapatero está pasando por su peor momento desde que es Presidente del Gobierno. Es cierto que una crisis como la actual desgasta a este ejecutivo y a cualquier otro pero parece exagerado decir que justo ahora estamos peor puesto que, según los expertos, lo más grave de la situación económica ya ha quedado atrás y o bien estamos ya buscando la salida al túnel o, como mínimo, estamos más cerca de encarar la recta final. El argumento maniqueo de considerar que Zapatero está en las últimas porque algunos dirigentes socialistas hayan ido abandonando sus responsabilidades es un verdadero sinsentido. El abandono de algunos miembros del PSOE se debe a decisiones personales, a etapas profesionales ya cubiertas y puede ser que también a discrepancias con el Presidente. En caso de diferencias realmente irreconciliables (que no parece ser así) no parece que este argumento tenga el peso suficiente como para alarmar a la sociedad y decir que nos hallamos en el peor de los momentos y comenzar a dramatizar cuando menos motivos aparentes hay. Nadie es tan importante como para echar abajo todo un programa político compartido por sus militantes y todos aquellos votantes que le han prestado su confianza para cuatro años. Y tampoco ha dimitido un Vicepresidente del Gobierno, con todos mis respetos hacia los que se han echado a un lado. 

Cada cual tiene sus políticos favoritos y admite sus favoritismos pero eso no es óbice para cargar contra un proyecto político que siempre se debe caracterizar por su carácter colectivo y no personal. Para partidos personalistas ya tenemos a UPyD. Una determinada ideología debe tener la fuerza necesaria para no perder prestigio porque uno o varios dirigentes se vayan. De no ser así, sí que nos encontraríamos ante un problema importante. Pero no parece el caso, ni mucho menos. Por todo esto llama poderosamente la atención el tremendismo de algunos. Posiciones radicales lo único que hacen es limar la credibilidad de quien las manifiesta y más en un contexto socioeconómico donde es más necesario que nunca la unidad política y social.

Zapatero nos ha acostumbrado a su capacidad para sorprender. Ha salido airoso de situaciones más comprometidas. La imagen que transmite es la antítesis de la cerrazón política. Desde que llegó a La Moncloa no se ha negado a reunirse con nadie e incluso ha recibido a dirigentes con una paciencia que firmaría el mismísimo Santo Job. Asimismo, la escasa capacidad de la oposición para formular un proyecto alternativo claro y verídico beneficia al partido del Gobierno. Ya se sabe que entre malo conocido y bueno por conocer nos quedamos con lo que ya conocemos. Cuando se acerquen las elecciones generales de 2012 la crisis económica ya no ocupará las portadas de los medios de comunicación y el debate se centrará en otras cuestiones. Por lo tanto, el desgaste de la crisis económica seguirán influyendo en los electores pero ya no será la razón principal por la cual decidirse por una determinada opción política. El tiempo juega, en este caso, a favor de los socialistas, sabedores también de que las municipales y autonómicas de 2011 son también una buena piedra de toque donde también tienen mucho que ganar, especialmente en zonas donde están gobernando por primera vez en mucho tiempo.

El tremendismo nunca ha sido la solución a nada. Claro que la situación política no es la ideal para un gobierno pero de ahí a dramatizar hay un mundo. En política todo está sujeto a cambiar en un breve intervalo de tiempo. Realizar análisis a medio plazo es un error porque los factores que ahora mismo te llevan a un determinado punto de vista puede que mañana o pasado ya no sean válidos. Podemos criticar a Zapatero por mil razones, y lo hemos hecho (léase artículos anteriores del arriba firmante), pero llevar al extremo unos simples abandonos de la vida política por parte de dirigentes otrora cercanos a Zapatero parecen más consecuencia de obsesiones personales que de razones de peso y contrastadas.