¡Alabado seas Obama!

 

Padre de Familia

 

Título mesiánico, en efecto, pero es que nos hace mucha falta un mesías redentor y más nos vale que el bueno de Barack Obama lo sea, o más bien que actúe como tal.

 

La situación es verdaderamente desesperada. La crisis financiera global ya se ha traducido en una severa recesión económica internacional de evolución incierta. El problema se originó en EEUU y es allí donde más grave es y desde donde necesariamente tienen que impulsarse las políticas que nos permitan a todos salir del hoyo. Obama ha apoyado las medidas adoptadas hasta la fecha pese a que en gran medida el apoyo a las grandes entidades financieras implica recompensar a los estafadores. Sin embargo, está preparando un programa paralelo para ocuparse también de los estafados, de los consumidores de la clase media, de los amenazados por el desahucio de sus casas y de los más desfavorecidos.

 

Su combinación de ideales de justicia y equidad no es contradictoria con la eficacia y el pragmatismo, como no tiene por qué serlo en ninguna parte. La mejor forma de reactivar el consumo es arbitrar medidas que permitan que los consumidores recobren la confianza. La mejor forma de estabilizar los precios de la vivienda, clave para que la crisis toque fondo, es ayudar a los hipotecados a que no pierdan sus casas, que es lo mismo que ayudar a los bancos a no tener que quedarse con un montón de viviendas sobre valoradas que debilitarán todavía más sus balances.

 

 Sin duda la crisis y el brutal déficit en el que los EEUU están incurriendo, dificultará o retrasará los planes de Obama para conseguir que por fin la primera economía del mundo ofrezca una cobertura médica generalizada. Pero estoy convencido de que, a diferencia de lo que pasó cuando Clinton llegó a la Presidencia con la misma promesa, Obama no la aparcará al primer revés. De nuevo se juntan justicia y pragmatismo: después de haber creado expectativas tan altas, Obama sabe que necesita cumplir al menos sus promesas más importantes si quiere ganar la reelección que hoy día parecería absolutamente garantizada pero que, dentro de cuatro años, veremos a ver.

 

Tampoco tengo duda sobre el impulso que Obama va a darle a incrementar la eficacia de los órganos de supervisión financiera, a los que no se les pueden colar tantos Madofs, y también a la mejor regulación financiera, sin caer en los pecados del intervencionismo público exagerado pero tampoco en los contrarios, como hasta ahora, adoptando medidas sensatas y sencillas para limitar el apalancamiento financiero y las remuneraciones sin control de los ejecutivos. Tiene todas las herramientas ahora que los últimos estertores de la Administración Bush le han dejado con poderosas palancas sobre las principales entidades financieras americanas, prácticamente semi nacionalizadas.

 

La única duda que me cabe es si todo ello será suficiente para detener la debacle y conseguir que la economía norteamericana resurja de sus cenizas, más contenida pero también más sólida. Me temo que nos quedan muchos sinsabores y muchos incrementos del desempleo por ver y no sé si dentro de cuatro años sus planes de infraestructuras y energías renovables habrán conseguido darle la vuelta a la tortilla. Por eso, más vale que sea un mesías, o al menos que siga teniendo la misma capacidad de obrar milagros, como el de llegar a la Presidencia con una experiencia política tan corta, algo casi tan impresionante y sorprendente como su color de piel.

 

Qué decir de la política internacional… Ahí nos hace todavía más falta dada la preeminencia global de EEUU y el absoluto desastre que supusieron los primeros cuatro años de Bush – en realidad se ha pasado casi todo el segundo mandato tratando de desfacer sus propios entuertos, sin conseguirlo.

 

Obama lo tiene claro en Irak: fecha de salida y salida ordenada. Y también en Afganistán: más tropas para contener el deterioro de la situación provocada por los integristas que sí atacaron a EEUU, a diferencia de Irak. Está por ver que sea capaz de imponerse a sus generales y obligarles a, con más tropas, cambiar sustancialmente su estrategia sobre el terreno para tratar de ganar de una vez las “mentes y los corazones” de los afganos, pero esta vez haciendo las cosas bien como por ejemplo, evitando los bombardeos de aldeas, las alianzas con los narcos, etc.

 

La gran incógnita es Irán: nadie sabe que pasará en las prometidas negociaciones directas sin condiciones. ¿Quid si Irán se enroca y pide la luna en el Golfo? ¿Quid si insisten en conseguir la bomba atómica? Aquí mi optimismo radica no tanto en Obama como en los iraníes, que además de chiítas pasionales dispuestos al martirio por un quítame allá esas pajas cualquiera, son también persas, los reyes del regateo. De ahí que no hayan movido un dedo para que Hezbolá ayudara a Hamás a aguantar la invasión de Gaza: hay elecciones en Líbano próximamente y además convenía preservar ese cartucho para la negociación con Obama.

 

Si Obama está dispuesto a aceptar que Irán es una potencia regional con derecho a influir en lo que pasa en el Golfo Pérsico, no habrá problema. A decir de la futura Secretaria de Estado en su “hearing” en el Senado, no es imposible: argumentó que la política exterior debe basarse «en un matrimonio de principios y pragmatismo, no rígida ideología, con hechos y evidencias, no emociones y prejuicios», defendiendo el ideal multilateralista de construir un mundo «con más socios y menos adversarios». Lo que me tranquiliza es que dice lo que dice porque Obama, de quien me fío mucho más, así lo indica.

 

Claro está, no habrá estabilidad en Oriente Medio sin resolver de una vez el eterno conflicto israelo-árabe. Sí, Obama declaró ante el lobby judío americano (AIPAC) que siempre defenderá a Israel con Jerusalén como su capital unificada, bla, bla, bla. ¡Como para haberse desviado un ápice del mantra oficial siendo negro y llamándote Hussein de “middle name”! Veremos a ver a quién nombra como Enviado Especial para Oriente Medio. Es posible incluso que nombre a un árabo-americano aunque yo me conformaría con un judío sensato y experimentado como Dan Kurtzer, e incluso con Richard Holbrooke (si pudo con Tudjman y Milosevic…). Eso sí, por favor, ninguno de los amigos de Bill y Hillary, incluidos los super expertos y super fracasados Martin Indyk y Dennis Ross – parece que este último se ocupará de Irán, lo cual no es muy buen augurio…

 

En todo caso, estoy seguro de que Obama es consciente de que tiene que resolver el conflicto y de que valora en su justa medida la Iniciativa de la Liga Árabe por la que todos los países árabes reconocerían a Israel a cambio de que se retirara a las fronteras de 1967, con ajustes en Palestina pero devolviendo el Golán en su integridad a Siria. La sangre está aún fresca en Gaza y Hamás sigue donde estaba pero… si está dispuesto a hablar directamente con Irán, ¿por qué no con Hamás? Igual ni siquiera resulta necesario si puede entenderse con Teherán. Además, cuando ganó las elecciones Hamás no se opuso a la continuación de las negociaciones de paz con Israel, simplemente exigió que a su conclusión fueran aprobadas en referendum, lo cual parece bastante sensato. En fin, que no descarto en absoluto que, por impensable que parezca hoy, dentro de un par de meses estemos todos alborozados con una Cumbre en alguna base militar norteamericana en la que finalmente se firme la paz cuyos contornos todos conocemos, especialmente los actores del conflicto. Eso sí, si Obama no es capaz, apaga y vámonos…

 

Cerrar Guantánamo, reinstaurar la prohibición estricta de la tortura, reforzar las libertades civiles en EEUU después de su limitación con el Patriot Act… todo ello parece casi hecho antes de empezar. Pero sin duda contribuirá a que EEUU empiece a recuperar parte de su buen nombre internacional, algo que a todos los amantes y defensores de la libertad y la democracia nos conviene enormemente.

 

Aunque a algunos les duela admitirlo, nos conviene porque incluso aclarando el panorama de Oriente Medio, persistirán otros problemas regionales como el de Corea del Norte, la creciente tensión indo-pakistaní y la siempre lejana pero siempre amenaza de un conflicto entre China y Taiwan, con Japón de por medio. Por no hablar del hambre, la pobreza extrema en África, el calentamiento global, la ronda comercial de Doha, etc.

 

El mundo no va a tranquilizarse de un día para otro y va a seguir habiendo gobernantes tiránicos y despóticos dispuestos al enfrentamiento para mantenerse en la poltrona y lucrarse. Afortunadamente Obama no es el mesías, mejor dicho, sólo es mesiánico en cuanto a los gestos, a la pose, a diferencia de Bush y sus adláteres, Tony Blair incluido. Obama no tiene un pelo de tonto y dispondrá de la mejor información posible para saber si le están tratando de tomar el pelo. La cuestión es que no asuma de partida que el adversario es enemigo acérrimo por naturaleza, algo tan sencillo como eso pero que, lamentablemente, ha sido tan infrecuente durante los últimos ocho años.

 

Obama lo tiene difícil, muy difícil, en casa y fuera. Pero más difícil lo tenía cuando empezó la carrera electoral y ahí está, disfrutando de un apoyo popular sin precedentes y generando una esperanza indispensable para superar los tremendos obstáculos que nos confrontan. Para alguien como yo, de izquierdas de toda la vida pero realista al mismo tiempo, Obama es una verdadera bendición, una oportunidad que dudo mucho pueda volver a contemplar en vida. Es la combinación, hasta ahora perfecta, entre la libertad, la justicia y el bienestar, de una parte, y de otra, el estilo, la comunicación, la acción y los resultados: ideología y pragmatismo a partes iguales.

 

Me permito aconsejarles que escuchen atentamente el discurso de inauguración esta tarde, seguro que merece la pena.