Ajedrez en Grecia

Drodrialbert

Durante estas semanas estamos viviendo una auténtica partida de ajedrez entre Grecia y la Troika. Pero sería erróneo pensar que en esta partida se juega solamente el futuro griego.  Hay muchas más cuestiones en litigio, y de gran trascendencia. Y no sólo el destino del euro, sino la misma arquitectura económica de la Unión Europea y la existencia de un paradigma político alternativo a la hegemonía neoliberal de los últimos decenios. Casi nada.

A un lado del tablero se halla la Troika en perfecta formación. Su objetivo es muy claro, y consiste en seguir manteniendo la lógica de la austeridad en beneficio de los intereses de la banca privada alemana y europea. Pero, por primera vez en mucho tiempo, les ha salido un duro contrincante, Grecia, empeñada en realizar políticas de tinte más social y, por tanto, radicalmente diferentes a las realizadas hasta ahora. Se trata de un tema de soberanía, pero no únicamente de la soberanía nacional griega frente al establishment europeo. Lo que Siryza pretende va mucho más allá, porque cuestiona la actual tendencia de redistribución de la riqueza a favor de unos pocos y propone un reparto más justo del excedente. Y eso va más allá de la pura soberanía nacional y entra en el terreno de la lucha de clases, que no sólo se realiza a nivel de un país sino en el conjunto de Europa.

La Troika es conocedora de esta tesitura y juega todas sus cartas para evitar que se consolide una alternativa real en el viejo continente. Sin embargo, también existen incentivos para llegar a un acuerdo. Aunque digan que la salida de Grecia del euro no tendría efecto sobre otros países, saben que esto es difícilmente cierto. Y, sobre todo, aunque afirmen que Grecia nunca caerá en la órbita económica de otros estados, sus contactos con Rusia no son bien acogidos. Todo esto hace que la UE esté dispuesta a negociar, ya que saben que unas condiciones draconianas no serían nunca aceptadas por un gobierno de izquierdas que prioriza los temas sociales.

Lo que ahora mismo preocupa más a la UE no son tanto los detalles económicos concretos sobre el acuerdo con Grecia, sino el efecto dominó que podría tener esto sobre otros países de la Unión. De este modo, y con independencia del texto que se pueda acabar firmando, los mass-media que representan al poder económico ya tienen claros los titulares del día siguiente: Grecia ha sido derrotada y las políticas alternativas al neoliberalismo son quimeras sin ninguna base real. Porque lo que se está jugando, insisto en ello, va más allá de Atenas.

Al otro lado del tablero está la pequeña y díscola Grecia. El gobierno de este país ya puede enorgullecerse de estar plantando cara a la lógica del austericidio, como nunca se había hecho en este continente en las décadas más recientes. Pero no pueden conformarse con ello, pues la emergencia social que se está viviendo es de extrema gravedad. Ya han dejado muy claro que no van a aceptar los términos que han acatado otros gobiernos anteriores, pero saben que tampoco se mueven en el mejor de los mundos posibles.

Grecia también tiene incentivos para llegar a acuerdos, porque se sienten parte de Europa y porque la situación del país en cuanto a liquidez y solvencia no permite grandes alardes. Pero, como ya he mencionado, el resultado de las negociaciones no va ser en ningún caso una claudicación, y por eso mismo Siryza ha movilizado al pueblo griego durante las últimas horas. En todo caso, haga lo que haga el gobierno de Tsipras, se producirán de manera inevitable dos tipos de críticas. Por un lado, habrá quiénes les acusarán de irresponsables y de haber puesto en riesgo la estabilidad y eso que llaman la seguridad jurídica. Por otro lado, clamarán al cielo aquellos que afirmarán que se han vendido al enemigo y se han convertido súbitamente en reformistas al estilo PASOK. Y los medios de comunicación europeos combinarán ambas diatribas, concluyendo que el radical Varoufakis ha visto la luz de que no hay alternativa posible.

La partida se sigue jugando mientras escribo estas líneas, y tampoco se acabará este mes de junio. Es evidente la máxima de que en cualquier negociación todos han de ceder un poco, pero en este caso me parece digno de alabar que el modesto ajedrecista griego llegue a alcanzar las tablas contra la hasta ahora invicta Troika. Es muy importante que la izquierda europea siga brindando su apoyo al gobierno de Tsipras, y que las movilizaciones de este último fin de semana se extiendan a países como España, dónde andamos algo despistados con otros asuntos. Porque lo que nos jugamos no es solamente la credibilidad de Siryza, sino la del conjunto de un proyecto europeo alternativo.