“Ahorrando para poder operarme”. (Acerca de la sanidad americana y el futuro de la española)

Oscar de la Torre

En la última década las discusiones acerca del futuro de la sanidad pública aparecen a menudo en los diarios españoles. El copago está cerca, argumentan famosos economistas como Sala i Martín, o el propio Ministro de Economía, Luís de Guindos. El estado, se nos dice, no puede afrontar el mantenimiento de un sistema sanitario cuyos costes ascienden cada año, y cuya financiación se lleva a cabo a través de una recaudación fiscal que crece demasiado lentamente. Al igual que las pensiones, la salud pública gratuita y universal (aunque en el estado español ya no es universal) tiene las horas contadas, de acuerdo a los economistas de los medios mainstream. La sanidad pública se mantendrá, pero el modelo americano basado en la gestión y los servicios privados se irá imponiendo gradualmente – si no lo está haciendo ya.

Sin embargo, no existe entre el gran público una comprensión precisa de cómo es en realidad este modelo, ni de las implicaciones que tiene para la mayoría de la población. Hay una opinión muy difundida, por ejemplo, de acuerdo a la cual la sanidad americana se basa en disponer de seguro médico, el cual proporciona una cobertura sanitaria suficiente para la mayoría de los ciudadanos americanos. Esto es un error. En algunos estados del Nordeste y del Oeste (básicamente, Nueva Inglaterra y California), los seguros médicos sí cubren buena parte de las necesidades del usuario. Sin embargo, en la mayoría de estados americanos esto no es así. Un usuario contrata un seguro médico estándar cada mes (unos doscientos dólares por persona para alguien sano en el tradicional seguro conocido como 70-30), y aun así ese usuario paga altas cantidades por las consultas médicas, tanto generalistas como especialistas, los medicamentos, las radiografías, los análisis de sangre, y la atención para accidentes leves o urgent care – un tipo de atención a medio camino entre la consulta generalista y las urgencias. Estos servicios, por ejemplo, oscilan entre los 40 y los 90 dólares cada vez que se usan.

Pero no incluyen el tipo de atención sanitaria más cara: las ambulancias, las salas de urgencias hospitalarias (emergency room o ER), y las intervenciones quirúrgicas. Estos otros se calculan ya directamente en cientos y en miles de dólares. Una urgencia con ambulancia irá más allá de los dos mil dólares normalmente, y es muy común que alcancen los cinco o seis mil dólares – igual que una intervención quirúrgica. Normalmente, al llegar a los ocho o diez mil dólares los seguros médicos cubren lo que supere esa cantidad. Es lo que se conoce como el “maximum out of pocket”, aunque no todos los seguros lo tienen. Todas estas cifras son rigurosamente ciertas. Las extraigo del estado de Carolina del Norte, pero en todo el Sur, el Centro, y buena parte del Oeste del país, los americanos pagan cuantías similares por estos servicios.

Es probable que los lectores de este blog se pregunten qué pasa si un paciente no puede costear estas cantidades. Hay varias opciones. El programa Medicare ofrece un seguro médico sufragado públicamente para jubilados y personas con discapacidad, y Medicaid ofrece servicios similares para aquellos que viven en la pobreza. Sin embargo, ambos programas varían enormemente entre estados, y a menudo no cubren las necesidades de toda la población pobre, ni siquiera de la mayoría de ella. Además, tienen el mismo problema que los seguros médicos privados convencionales: aún teniendo uno, los costes de la atención médica rutinaria son enormes. Así pues, un paciente puede escoger, lisa y llanamente, no ir al médico, y “sufrir en silencio” no sólo las hemorroides, si no cualquier otra patología. En otras palabras, si no puedes pagar por los servicios médicos, siempre puedes morirte. También puedes usar los servicios médicos de un hospital, y no pagar tu deuda con ellos, aunque esto, naturalmente, afecta al puntaje de crédito, el indicador que usan las instituciones bancarias para conceder préstamos e hipotecas. Dicho de otra manera, puedes elegir preservar tu vida real a cambio de la atención médica, pero entonces pagas con tu vida financiera.

Todos estos costes convierten la atención sanitaria en un servicio que la mayoría de americanos simplemente no puede afrontar – aunque la mayoría tenga seguro médico. De ahí la figura de la persona que ahorra para poderse operar, algo desconocido para la mayoría de los europeos. En la mañana de este lunes 27 de Noviembre, sin ir más lejos, uno de mis alumnos universitarios me confesaba que, al no poder costearse una intervención quirúrgica para solucionar sus problemas intestinales, lleva seis años obligado a adoptar una serie de hábitos personales e higiénicos degradantes para una persona de su edad. Y no es un alumno que provenga de una familia sin recursos.

En resumen, así es el mundo de la sanidad americana desde el punto de vista de la mayoría de la población. Naturalmente la implantación de la sanidad privada en España no equiparará nuestro sistema sanitario al estadounidense, pero sin duda a largo plazo generará figuras similares. Una vez que se implanta el copago y que los servicios sanitarios empiezan a ser proporcionados por entidades privadas, su gestión escapa gradualmente al control público para devenir un servicio privado más. Los grandes medios de información seguirán en campaña para hacer creer a la ciudadanía que las pensiones y la sanidad pública no son sostenibles dado el perfil demográfico de nuestra población, aunque en realidad la supervivencia de estos servicios públicos se basa en la fiscalidad de un país, no en la edad de sus habitantes – aunque esta última importe, naturalmente. Para contrarrestar tales campañas es necesario mostrar a la ciudadanía la realidad de la sanidad privada en los países en los que esta impera. Países en los que millones de personas se ven obligadas a ahorrar dinero no ya para costearse una casa o un vehículo propio, sino para una simple intervención quirúrgica. Países cuyos ciudadanos acaban “ahorrando para poder operarse”.

Un pensamiento en ““Ahorrando para poder operarme”. (Acerca de la sanidad americana y el futuro de la española)

  1. Una de las mejores cosas que tiene EE.UU es su puritanismo fundador que permite meter cámaras y focos -en su ansia de verdad , toda la verdad y nada más que la verdad – por infinitos canales hasta llegar a esas comparecencias grandilocuentes en el Congreso. Mientras los españolitos comemos palomitas durante la pelìcula, comprobamos que Oscar de la Torre tiene toda la razón y por eso no nos gustaría pasar esos agobios cuando nuestra salud se encuentra comprometida.
    Empezando por la nutrición ( memorable Woody Allen al definir sus carencias en USA como un problema de seguridad nacional ) y siguiendo con la enseñanza y su sistema de becas.
    Naturalmente partimos de la base de que no somos ricos.
    Tambien el puritanismo es de lo peor que tienen porque les ciega con su radicalidad redentora.
    Solo ver el pavo del día de acción de gracias produce gastrorgias de tipo cíclico y ya , si uno lo compara con nuestras tapas y délicatessen ¿ qué decir de las mazorcas de maíz untadas en mantequilla de cacahuete ?
    Espero que el articulista siga siendo una especie de Edgar Allan Poe de la contrapropaganda privatizadora porque tiene talento para convencer con unas cuantas líneas.

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