Agárrense que vienen curvas

Padre de familia

Algunos tenemos la tendencia a pensar un poco a contracorriente. No creo que sea mejor o peor que lo contrario, simplemente es mi forma de ser, por genética, educación o para llamar la atención, quién sabe; en todo caso no importa demasiado. Lo cierto es que me gusta poner en duda lo que escucho, incluso cuando siento intuitivamente que es valioso. Digamos que me gusta hacerle homenajes cotidianos a Descartes, “cogito ergo sum”, un gran tipo por muchas razones, una de ellas – reconozco que de interés exclusivamente privado – porque a su costa saqué un 10 en Selectividad, el único de mi larga trayectoria académica (seguramente porque era uno de los primeros autores del temario).

En fin, todo ello a colación de los “brotes verdes” que, a decir de los próceres de la economía mundial, empiezan a arraigar, al punto de que empiezan a proliferar las voces que afirman que “lo peor ha pasado ya”. Oigan, ojalá me equivoque pero me temo que nones, nanay de la China, que decían en mi pueblo. Lo peor es que me cuento entre aquellos que pronosticaban la debacle económica mundial al menos un par de años antes de que empezara… 

Todo se vino abajo con las ahora famosas hipotecas “subprime” (categoría que yo desconocía), que se revelaron como la cúspide del castillo de naipes financiero en cuanto las autoridades monetarias mundiales permitieron que los tipos de interés, mantenidos artificialmente bajos desde el 11-S y la crisis dot com, volvieran a niveles históricamente normales.

La reacción a la debacle ha sido, de nuevo, intervenir masivamente en los mercados para que los tipos de interés volvieran a bajar hasta casi cero, gracias a lo cual hemos sido capaces de evitar el colapso de la economía mundial. Digamos que ante una infección brutal, las autoridades económicas optaron por un coma inducido con una dosis brutal de subsidio en vena. El problema es que se ha contenido la fiebre, pero la enfermedad de fondo no se ha curado. Y ahora que los déficit fiscales de las principales economías mundiales comienzan a rebasar el 10%, será cada vez más problemático mantener el gota a gota, con lo que la fiebre podría fácilmente volver a subir.

A los datos me remito, datos micro y macro. En el capítulo de las anécdotas, el otro día preguntando por una tienda me indicaron dónde estaba, pero con la coletilla de que no sabían si seguiría abierta: “hace dos semanas lo estaba, pero como está cerrando todo…”. No tengo cifras sobre comercios cerrados en los últimos meses pero les supongo igualmente preocupados por la cantidad de negocios que están optando por bajar la persiana, incluso sin el consabido periodo de anuncio de liquidación por cierre.

Volviendo al sector inmobiliario, en EEUU el número de deudores hipotecarios que ha dejado de pagar al menos una cuota superó el 13% en el segundo trimestre de 2009, nivel nunca antes alcanzado, que se estima seguirá aumentando al menos hasta la mitad del próximo año. En España la situación es igualmente grave, con la diferencia de que los bancos y Cajas prefieren en muchos casos no declarar el impago para no tener que provisionar el total del importe de la hipoteca.

No soy un experto,  pero un amigo que lo es me contaba cómo resulta menos oneroso para los bancos y Cajas no desahuciar al deudor que no paga que desahuciarle y quedarse con el piso vacío cuando nadie puja el mínimo en la consiguiente subasta. De hecho, nuestras entidades financieras optan, en muchos casos,  por cancelar la deuda hipotecaria a cambio de que el deudor salga voluntariamente del piso: de esta forma se quedan con el inmueble a su valor teórico de mercado y sólo tienen que provisionar la diferencia con lo que habrían ingresado de haberse completado la hipoteca, y no el total de la misma.

Quizás sea más fácil de explicar con un ejemplo. El banco que le dio a un ecuatoriano un crédito de 100.000 euros para comparar un piso en Leganés esperaba ingresar 150.000 euros durante los 30 años de la hipoteca. El ecuatoriano se queda en paro y deja de pagar. Si el banco ejecuta el desahucio el piso sale necesariamente a subasta como garantía de la deuda del ecuatoriano, que es el propietario formal del piso. Hoy día nadie va a pujar 100.000 euros por ese piso,  por lo que el banco tendrá que provisionar la diferencia entre la cantidad pujada y los 150.000 que esperaba ingresar. En cambio, si acuerda con el ecuatoriano que desaloje el piso a cambio de liberarle de la deuda, el banco se queda con el piso y sólo tiene que provisionar los 50.000 euros de “lucro cesante” porque en teoría el piso sigue valiendo 100.000 euros.

Lo mismo ocurre si se cambia al ecuatoriano que se ha quedado en paro por el “Pocero”, que ha cedido la propiedad de Seseña a sus acreedores bancarios liberándose de su deuda y dejando un pufo a sus antiguos acreedores, que se han quedado con un montón de pisos que no valen lo que figura en sus balances y que no volverán a valerlo hasta quién sabe cuantos lustros inflacionistas. Ergo, los balances de nuestros bancos y Cajas son ficticios incluso si la morosidad se contiene, como afortunadamente empieza a ser el caso.

Debería ser innecesario aclarar que todo esto no tiene nada que ver con Zapatero, como demuestra que sea un fenómeno extendido por todas las economías desarrolladas.

Pero vayamos un poco más allá. Como escribía un tal Ben Funnell en el FT el pasado 1 de julio (Debt is capitalism´s dirty little secret), el 20% mas rico de EEUU ha incrementado su renta en un 60% desde 1970,  mientras que el resto de la población norteamericana ha perdido más de un 10%. El desequilibrio se ha venido conteniendo gracias al recurso a la deuda, masivo por los bajos tipos de interés. La clase media y la clase trabajadora han perdido poder adquisitivo en términos reales, pero han mejorado tremendamente sus condiciones de vida a base de endeudarse, para comprar casas, coches y bienes de consumo de todo tipo. El resultado es que el pasado marzo, el total de deuda acumulada en EEUU era de 53.000 billones (americanos) de dólares, lo que equivale a 3,7 veces el PIB de EEUU.

Esta deuda tan elevada no implica que EEUU esté en quiebra; en realidad el total de la riqueza, una vez descontada la deuda, alcanza 50.000 billones (americanos) de dólares, unos 165.000 dólares por cada uno de los alrededor de 306 millones de ciudadanos. El problema es que el coste de mantener dicha deuda está en su nivel más alto de los últimos 30 años – pese a los tipos de interés en mínimos – dado el aumento de la misma y la disminución de la renta en términos reales. No queda otra que ahorrar más y crecer más despacio durante muchos años, salvo si entramos en una espiral inflacionista que ayude a reducir la deuda pero, claro está, provocando otros problemas igualmente graves y reduciendo la riqueza de la ciudadanía por el camino.

El anuncio del final de la recesión me parece absolutamente prematuro; mucho me temo que estamos abocados a una recaída fuerte a escala mundial bastante pronto, especialmente porque el nivel de intervencionismo monetario no es sostenible. Pero aún asumiendo que estos augurios son exagerados y que la medicina aplicada no sólo ha mitigado la fiebre sino que ha empezado a sanar la infección, pasará mucho tiempo hasta que ello se concrete en mejoras tangibles para la ciudadanía. La economía puede empezar a crecer de nuevo, pero tardaremos bastantes años en alcanzar el nivel de prosperidad del que disfrutábamos en 2006-7, porque era falso; llevábamos un par de lustros viviendo por encima de nuestras posibilidades y vamos a tener que acostumbrarnos a una realidad menos próspera.