Acercamientos entre izquierdas

Lluis Camprubí

Seguramente no son los mejores días para seguir pensando sobre aproximaciones y colaboraciones entre las distintas izquierdas. En España, los movimientos para la investidura del nuevo gobierno, y los juegos tácticos para posicionarse y buscar la ventaja relativa en lo que puede ser un ciclo largo conservador, dibujan momentos de trinchera partidaria de cada uno de los dos espacios en la izquierda. Sin embargo, si levantamos la mirada, la urgencia e importancia empujan a seguir profundizando en ello. Y aún más si nos ubicamos en otros países de Europa, dónde distintas fuerzas extremadamente reaccionarias están ya en posiciones (cuasi) mayoritarias (también los valores y propuestas que las sustentan).

Aparte de observar el posible ciclo largo conservador y de retrocesos que viene, vemos que en España han agotado su recorrido o momento todas aquellas teorizaciones de las fuerzas emergentes/transformadoras sobre “ventanas de oportunidad” e “interregnos breves hacia un cambio transformador progresivo”. Lo que vuelve a situar la necesidad de la acción política en un terreno post-épico, priorizando el abordaje de las urgencias sociales y la minimización de daños a los más excluidos, una acción social e institucional centrada en una re/distribución más equitativa tanto de ajustes como de beneficios, mantener la batalla ideológica para evitar repliegues reaccionarios, y el poner las bases para cambios en la arquitectura institucional que permitan superar parcialmente el actual disloque e impotencia democrática (aunque sea la “reforma constitucional” menos discutida por aquí, la más urgente es la reforma de la gobernanza de la eurozona).

Es en este contexto también dónde se insiere la crisis y dificultad de la tradición política de la socialdemocracia. Dificultades que en cada país tienen su especificidad, pero que comparten algunos elementos comunes: Haber lidiado con una época (varias décadas) de hegemonía neoliberal; intentar desarrollar su proyecto y operar políticamente en un contexto de constricción de alternativas y disloque de áreas de soberanía (la insuficiencia de la acción “escala estado-nación”); la acomodación mayoritaria (querida, auto-inducida, o resignada) a una política de alianzas basada en un enfoque gran-coalición (a pesar de los logros y modulaciones conseguidos); y la dificultad de adaptación a la aparición de otros espacios políticos en la izquierda de peso similar (o su cristalización en su interior).

Un amigo me trasladaba hace unos días la siguiente reflexión-propuesta: Si las razones que alrededor de dos periodos concretos (primera guerra mundial – revolución rusa; y post segunda guerra mundial y guerra fría) imposibilitaban la colaboración y situaban a ambas izquierdas en confrontación ya no son vigentes… ¿Por qué no iniciar la exploración de escenarios de colaboración organizativa para intentar revertir la derrota en progresión acumulativa de la izquierda?

Yo añadiría que también se está “superando” un tercer momento de divergencia de las izquierdas: la distinta adaptación al “nuevo tiempo mundial”, donde las consecuencias geopolíticas y culturales de las posguerra fría se encadenaron con la aceleración de los procesos de globalización [neoliberal] económica, social y cultural. “Superación” –después de atravesar casi una década de “gran recesión”- que se entiende por la vía de la constatación de los distintos fracasos e insuficiencias de cada uno de los caminos emprendidos, unos desde el intento de modulación, y los otros desde la resistencia y atrincheramiento.

Así pues, los enormes retos colectivos, el miedo y la ansiedad frente a la incertidumbre como pulsiones dominantes, las insuficiencias del ir por separado y en confrontación, y las amenazas que se intuyen en el futuro, apuntarían a una necesidad de mayor colaboración de las distintas izquierdas. Necesidad acentuada en algunos países para poder disponer de herramientas de contención preventiva efectivas frente a la emergencia (en proporciones mayoritarias) de fenómenos reaccionarios, fascistas o nacionalpopulistas.

Sin embargo, para esta re-aproximación sabemos que ahora no se dan las circunstancias para que sea inmediata. Más allá de la inercia de confrontación y las distintas intensidades programáticas (diferencias en muchas cuestiones únicamente de grado), hay distanciadores muy importantes a superar. Por parte de las izquierdas emergentes/transformadoras, podrían mencionarse: la falta de asunción de las limitaciones y constricciones del actual contexto para promover alternativas; el ignorar las lecciones de los aciertos y fracasos de las izquierdas mayoritarias pre-existentes; y el recurso abusivo de la ilusión como instrumento de movilización política (lo que acaba siendo una irresponsabilidad en diferido). Por parte de la familia socialdemócrata ya se ha citado la necesidad de corregir su estrategia de alianzas basadas en gran-coalición como opción por defecto (a escalas europeas y estatales) y la necesidad de interiorizar que el espacio de las izquierdas muy probablemente será a compartir entre organizaciones de tamaño más a la par. Habría que añadir la necesidad de salir del confort y superar el vértigo político-cultural a realizar oposición en todos los frentes a las derechas en posiciones de gobierno.

Todas estas barreras no son menores. Y no sabemos si al final acabarán imponiéndose dinámicas de sustitución, fusión, absorción, complementariedad, o colaboración “frentepopulista” entre las distintas izquierdas. Sin embargo, para avanzar hacia espacios comunes y compartidos en el largo plazo, lo primero debe ser disponer de espacios compartidos de reflexión. Compartir análisis, diagnóstico y lecciones puede ser un buen punto de partida.