Abandono escolar temprano

José S. Martínez

Para medir la evolución de la escolarización, la Unión Europea propuso hace ya varios años el siguiente indicador: la tasa de abandono escolar temprano en la población de 18 a 24 años. Este indicador es el porcentaje de jóvenes que no cursan estudios tras el nivel obligatorio. Por ejemplo, un joven que finalice con aprovechamiento la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y no siga estudiando es considerado en situación de abandono escolar temprano, al igual que un joven que deja el sistema educativo sin haber obtenido el título. Cuando llevamos hacia atrás en el tiempo este indicador,  considera que una persona sin más estudios que el Graduado Escolar que se obtenía al finalizar la EGB estaría en situación de abandono escolar temprano. Señalo este hecho debido a la confusión que ha habido en los medios de comunicación recientemente, cuando la Comisión Europea publicó el último informe sobre esta cuestión, a principios de febrero. Los medios y muchos comentaristas confundieron este indicador con otro de más raigambre en nuestro sistema: la tasa de fracaso escolar.

La tasa de fracaso escolar es el porcentaje de jóvenes de cierta edad que no han logrado el título de ESO, y sin este título no se puede seguir cursando formación reglada (a no ser que se aprueben unos exámenes especiales). ¿Por qué no se emplea este indicador a nivel internacional? Porque una peculiaridad de nuestro sistema es que prohíbe estudiar. En otros países se reconocen los conocimientos adquiridos en la educación obligatoria, y con ese certificado le dejaran matricularse para cursar otros estudios, que variarán según las materias aprobadas, pero que no es un título de todo o nada, como sucede con nuestro título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria (GESO).

En España, nuestro peculiar indicador patrio, el fracaso escolar, es alto. En una entrada previa señalé que, frente a lo que normalmente se cree, los datos apuntan a que se debe a lo mucho que se exige para obtener el título de GESO. Por ejemplo, el porcentaje de alumnos con bajo nivel educativo (porcentaje inferior al nivel 2 en las pruebas del estudio PISA de la OCDE, con un margen de error de ±1%) es similar en Italia (21%), Francia (19,8%) España (19,6%), Alemania (18,5%) y Reino Unido (18,4%); sin embargo, las tasas de abandono escolar temprano en nuestro país duplican a las de esos países.

Si a la dificultad para lograr el título de GESO le sumamos las posibilidades de encontrar fácilmente trabajo poco cualificado, en la construcción o en los servicios, ya tenemos una explicación de por qué somos uno de los países con mayores tasas de abandono escolar temprano.

En el Gráfico 1 apreciamos la evolución desde 1992 del abandono escolar temprano, comparado con algunos países. En España descendió en los 90, pero se estabilizó en los 2000, en torno al 30% (las variaciones observadas bien podrían ser errores de medición o aleatorios). ¿A qué se debe esta estabilización? Podría deberse a tres factores. Por un lado, la progresiva implantación de la LOGSE, que dificultó la obtención del título obligatorio (la escolarización mínima de hecho pasó de 8 a 10 cursos académicos), eliminando la FP-I, y dificultando el acceso a la FP media. Para entrar en el Grado Medio de FP hace falta el título de ESO, y para entrar en el Grado Superior, el de Bachillerato. Si algo es más difícil, menos gente accederá. Por otro lado, el boom de la construcción, que hizo que fuese más “caro” seguir estudiando, en términos de coste de oportunidad; es decir, si un joven sin título puede lograr un salario de 900€ en la obra o de camarero, cada mes que estudie está “perdiendo” 900€ euros. Por último, la proporción de extranjeros en España ha crecido considerablemente en este periodo. Por un lado, parte de esos jóvenes extranjeros no cursaron sus estudios en nuestro país, sino en su país de origen. Por otro lado, los extranjeros que llegan a España provienen en mayor medida de países de bajo nivel educativo.

También deben tenerse en cuenta tendencias supuestamente positivas durante este periodo, como el aumento de gasto en educación, que ha pasado del 4,8% del PIB al 5,1% (de un PIB mucho mayor, resultando un gran incremento del gasto por alumno), y especialmente el gasto en becas. Por otro lado, el nivel educativo de las familias actuales es más alto que el de principios de los 90. Pero parece que todo esto no ha sido suficiente para contrarrestar las fuerzas negativas.

¿Qué hacer? Por un lado, volver a la FP-I, que es lo que hace de tapadillo la Ley de Economía Sostenible (con los Programas de Cualificación Profesional Inicial). La educación obligatoria ha sido diseñada por académicos, que parecen preparar a todos los ciudadanos para que lleguen a catedráticos de universidad (profesión que tienen la mayoría de quienes diseñan el sistema educativo). Por tanto, la educación obligatoria debe ser más variada, con más presencia de optatividad que permita formarse en ocupaciones manuales o artísticas, no sólo universitarias. Por otro lado, con la crisis podemos decir que no hay mal que por bien no venga, y de 2007 a este curso ha aumentado en un 10% la matrícula de FP (unos 50.000 alumnos), pues el “coste de oportunidad” de estudiar ha disminuido. Por último, la mayor flexibilidad para cursar estudios de FP, reconociendo experiencia laboral, facilitará que los que abandonan el sistema educativo se reenganchen.

¿Disminuirá radicalmente el abandono educativo el año que viene? Lo dudo. Por un lado su variación tiende a ser suave, pues agrupa a jóvenes de 18 a 24 años, por los que este año estamos viendo los primeros jóvenes que terminan la ESO cuando empezó la crisis y que ahora tienen 18 años. Por muy bien que funcionen los cambios que se hacen en este momento, afectarán a los jóvenes que cumplen 16 años en 2012, y, por tanto, tendrán 24 en 2020. Ese es el tiempo que tendremos que esperar para ver el efecto completo de las medidas que se toman a día de hoy. El hecho de que los cambios educativos se reflejen en tiempo de generaciones, mientras que la actualidad política necesita tres titulares al día para llenar las web, es algo que suele olvidarse al analizar la política educativa.

Fuente: Eurostat 2010 (para UE-27 y Reino Unido faltan años)