A un mes de las elecciones

Aitor Riveiro

El 27 de mayo se celebran en España unas elecciones municipales y autonómicas trascendentales. No sólo vamos a elegir a nuestros futuros alcaldes y presidentes regionales (donde toque), sino que los resultados que deparen los comicios serán interpretados en multitud de sentidos. Dentro de un mes, el futuro político de los pesos pesados de todos los partidos estará en juego y casi sin tiempo para reaccionar de cara a las generales de 2008. La lucha promete ser encarnizada.

Zapatero es, sin duda, quien más tiene que perder. Si el segundo semestre del año comienza con un resultado a la baja del PSOE, el presidente del Gobierno sufrirá un calvario en sus últimos meses de mandato. Por suerte o por desgracia, España siempre analiza las elecciones en clave nacional y todo lo que no sea mejorar los resultados de 2003 será entendido como un varapalo a la política del presidente. Incluso una leve mejoría en plazas pequeñas sería visto como un fracaso si no va acompañada de algunas de las alcaldías o regiones importantes.

Mariano Rajoy se juega, por su parte, el liderazgo dentro del PP. No son pocos en su partido los que, si no se cumplen las expectativas, comenzarán a pedir responsabilidades al presidente del principal partido de la oposición por tres años de crispación, por no haber sabido hacerse con el timón del barco, por haber permitido que los Zaplana, Acebes y Del Burgo marquen la agenda política, por no haber querido (¿podido?) dar entrada a una nueva generación que haga olvidar a los españoles la guerra de Irak, los desastres del Prestige o del Yak-42, el 11-M. No hace falta que se produzca una gran debacle para que el PP muerda el polvo; perder una de las grandes plazas sería una catástrofe para el gallego: Madrid, Valencia, Baleares y Navarra podrían ser la tumba de Rajoy.

Incluso una situación similar a la de 2003, y no es muy improbable que los resultados sean enormemente parecidos, pondría a PSOE y PP en un brete.

Tampoco tiene motivos Gaspar Llamazares para afrontar las elecciones con optimismo. En 2004 el líder de IU achacó los resultados de su partido a la “transfusión roja��? que permitió el holgado triunfo de Zapatero. No sé si tal trasvase de votos se produjo, pero lo cierto es que en unos comicios en los que la participación fue elevadísima y en los que un gran número de personas se acercaron a votar por primera vez, IU fue incapaz de recuperar parte del protagonismo que tuvo en la década de los 90 del siglo pasado. Es cierto que su política de pactos puntuales con el PSOE le ha permitido sumarse algunos tantos y desmarcarse de las decisiones más comprometidas, pero no lo es menos que la casuística de la coalición hace que el secretario general siempre esté a los pies de los caballos de sus propios compañeros. No obstante, IU puede tener surte y, si la igualdad que se presupone a las elecciones finalmente se diera, convertirse en llave de gobernabilidad en decenas de ayuntamientos y algunos gobiernos regionales importantes.

Con especial atención habrá que observar también lo que ocurra en la Comunidad Autónoma Vasca y, como ya decíamos, en Navarra. Zapatero y Rajoy han decidido, cada uno con sus motivos, hacer de la política antiterrorista el ‘leit motiv’ del último año. La Comunidad Foral para el PP y los municipios vascos para el PSOE son fundamentales. Los primeros han hecho de la ‘navarrilidad’ de Navarra (si Lázaro Carreter levantara la cabeza) una punta de lanza; si no retienen el gobierno regional el mensaje de la sociedad será claro: somos mayorcitos para decidir por nosotros mismos. El PSE, por su parte, necesita de un claro espaldarazo por parte de la sociedad vasca que apruebe sus coqueteos con la izquierda abertzale y su clara apuesta por el proceso de paz. En Euskadi, además, habrá que observar qué apoyos recibe Batasuna y los pactos poselectorales, que podrían deparar alguna desagradable sorpresa.

Estamos, en fin, ante una de las convocatorias electorales más interesantes de los últimos años a priori, algo que no ocurría desde 1996. Para los que somos unos yonkis de la política, dejando de lado nuestras propias preferencias, será un mayo de los más apasionados. ¡Disfrutadlo!