¿A quién votar?

LBNL

No es fácil y no lo será cuando termine la campaña electoral aun no empezada formalmente pero en realidad abierta desde el pasado noviembre. La insatisfacción con los principales partidos y candidatos anima a votar a opciones minoritarias – leáse el PACMA – o a votar en blanco o abstnerse. Pero sabemos que tales opciones, en la práctica, benefician al PP, que por razones ignotas suscita la máxima fidelidad entre sus votantes que aún le quedan. Sostenía Belén Barreiro el otro día en El Intermedio que el PP conservará la mayoría de los votantes que aún le quedan, tras haber sido el partido que más perdió en noviembre respecto a las elecciones de 2011. Cierto pero el PSOE también perdió muchos y va a seguir perdiéndolos. Se ha ganado la desafección a pulso pero no más que el PP. La mediocridad del PSOE y su falta de atractivo palidecen frente a la chapucería, el engaño y la corrupción institucionalizada del PP. Pero sus fieles no van a desertar y sus votos ganarán en peso porcentual si nos quedamos en casa o no votamos a una de las otras tres opciones mayoritarias.

Estamos todos un poco hartos, al menos yo, del debate partidista continuado y permanente pero lo cierto es que la cosa no está para bromas. Aparte de la tragedia de los refugiados y la marea de inmigrantes que mueren sin cesar en el Mediterráneo y el desafío que supone el referendum británico para la posible salida de la Unión Europea, la situación económica española es un desastre. El PP pregona que ha sacado a España de la crisis como antes, en tiempos de Aznar, predicaba que Rato era un auténtico mago de la economía. No hay porqué esperar años para confirmar la realidad; este artículo del viernes pasado lo deja meridianamente claro. No se ha creado empleo sino que se ha reducido la población activa; es decir, hay menos personas trabajando que cuando Rajoy llegó al poder. Con el agravante de que el empleo se ha precarizado enórmemente y los sueldos se han reducido considerablemente. Lo único que aumenta son los beneficios empresariales. Es lógico: el PP es un partido de derechas que gobierna principalmente para los suyos. Y los suyos lo saben y por eso no dejan de votarle por más que quede mal que alguno robe más de la cuenta y, sobre todo, que lo haga tan torpemente como para que le pillen.

Lo alucinante es que siga siendo el primer partido en las encuestas. Ya lo fue en la encuesta real de noviembre cuando los datos eran parecidos y las evidencias de corrupción rampante eran ya conocidas. Y lo sigue siendo ahora a decir de las encuestas publicadas este fin de semana en El País y en El Mundo. Si acaso, pese a Granados, la Púnica, Valencia, etc, sube en porcentaje por la mayor abstención prevista.

He escrito varias veces en el pasado que la mayor responsabilidad sobre este desatino recae sobre el PSOE. La socialdemocracia no lo tiene fácil en la época de la globalización pero el PP se lo ha puesto a huevo. Pero no, Rubalcaba se negó a facilitar una transición ordenada aferrándose a la poltrona hasta que lo indecible y el aparato después fue incapaz de articular una oferta atractiva y sensata, enzarzándose inmediatamente en querellas intestinas, sin hacer apenas propuestas que sirvan de banderín de enganche para los millones de desenganchados del sistema. El artículo citado es buena muestra de ello: impecable el análisis y el diagnóstico, pobre en cuanto a recetas.

Normal que muchos miren más a la izquierda y se aferren a la retórica de Podemos dejando de lado sus connivencias chavistas e incluso iraníes: en la guerra vale todo y van a por nosotros así que defendámonos con uñas y dientes y apoyemos a los que día sí día también se desgañitan gritando las verdades del barquero. El problema es que sus propuestas – con alguna excepción como la de la creación de los autonómos de responsabilidad limitada – dejan mucho que desear y su desempeño desde que han olido poder ha sido lamentable.

La otra opción se encuentra a la derecha del PSOE. Son jóvenes, modernos, pragmáticos, exigen honradez y presentan algunas propuestas muy sensatas como la del contrato único indefinido con indemnización por despido creciente en función de la antiguedad. El problema es que su muy capacitado líder es un poco soberbio, tiene un pasado un poco dudoso y se conduce de forma un tanto imprudente cuando no directamente demagógica. Que Venezuela está muy mal lo sabemos todos. Tanto que algunos somos conscientes del peligro real de guerra civil, con miles o decenas de miles de muertos, que convendría evitar. El viaje de Felipe ya era un poco demagógico pero al menos acudía como abogado. Desplazarse ahora como candidato para apoyar a uno de los bandos inmersos en una delicadísima negociación no parece muy recomendable.

Mi problema fundamental con Ciudadanos es, sin embargo, su pragamatismo. Teniendo en cuenta que el PP será a todas luces de nuevo la lista que obtenga más escaños, Ciudadanos se verá abocado a apoyar su investidura. Si todo sale mal y los números suman, esperemos que al menos su apoyo implique la renuncia de Rajoy y un programa de gobierno condicionado, como en la Comunidad de Madrid donde el PP de Cifuentes es sin duda mucho más limpio, más democrático y menos de derechas que el de Aguirre o su sucesor el del ático, que sigue desaparecido en combate tratando de no llamar la atención para tratar de evitar la entrada en prisión, que todo llegará.

Precisamente por su efecto positivo en Madrid y en Andalucía, así como por la valía de Rivera, mi suegra iba a votar a Ciudadanos, después de haber votado a Podemos en noviembre. Pero creo que la he disuadido. Ayer le dije que se dejara de historias. Sólo hay dos opciones. Un gobierno del PP con apoyo de Ciudadanos o un gobierno de izquierdas con PSOE y Podemos. Como preferimos la segunda opción y no nos gustan las formas y recetas del pasado de Podemos, resulta esencial coadyuvar a que el PSOE saque más escaños que JuntosPodemos. Y si JuntosPodemos consuma el sorpasso en escaños como anticipan las encuestas, resultará todavía más indispensable que el PSOE tenga la mayor fuerza posible para contener el populismo ademocrático que amaga, por ejemplo, con limitar la independencia de la judicatura y los medios de comunicación.

No, Chavez y Griñán son culpables de mala práxis pero no robaron como los del PP, y Zapatero trató por todos los medios de limitar el peso de la crisis sobre los más desfavorecidos. Sánchez es un picha floja y la de Andalucía no nos inspira ninguna confianza pero no estamos como para permitirnos el lujo de votar a quien nos guste sino para apoyar a la opción menos mala.

Veré el debate a cuatro como anoche ví la reedición del debate a dos de Salvados pero mi voto, y el de mi suegra, ya están decididos. Sin ningún entusiasmo, desafiando al desencanto y desde luego arrinconando la tentación de desengancharse del sistema, la única opción sensata es votar al PSOE.