A la tercera… la volvemos a cagar (con suerte)

LBNL

Tediosamente, no cabe sino escribir sobre Europa, sobre la cumbre europea. A la hora de escribir estas líneas, los titulares son espantosos. No hay garantía de que se llegue a un acuerdo, la reunión de ministros previa a las Cumbres (la del grupo del euro y la de todos los jefes de gobierno) se ha cancelado por desacuerdo sobre un párrafo de las conclusiones, Berlusconi llega con un remedo de acuerdo sobre las reformas a acometer que no es ni lo que se esperaba ni creíble, los que están fuera del euro reniegan del mismo pero quieren meter cuchara en las decisiones del eurogrupo y los que están dentro se afanan por convencer a Alemania de aceptar supuestas soluciones que en realidad no lo son.

Porque ese es el tema. El miércoles, seguramente –ojalá- nos acostaremos con la noticia de que otra vez “in extremis” nuestros líderes consiguieron evitar el abismo y consensuaron un nuevo paquete de emergencia. Como en ocasiones anteriores, los mercados reaccionarán positivamente, no tanto ante la calidad del acuerdo como ante el hecho de que se haya llegado a alguno.  Y dentro de una semana, diez días, dos semanas todo lo más, las primas de riesgo de Italia y España volverán a dispararse y cada vez estaremos más cerca de la revisión de la calificación crediticia de Francia, en diciembre, y su cada vez más probable pérdida de su triple A.

Una, que ha vivido y trabajado varios años en el entramado de la Unión Europea, entiende cómo es el iter que lleva a los alambicados comunicados de las Cumbres, que probos funcionarios se dedican a redactar de manera que reflejen las sensibilidades de los 27 líderes y sus respectivas opiniones públicas.

En un momento determinado, el esloveno pide la palabra y reclama que se introduzca una enmienda sobre no sé sabe muy bien qué cosa. El funcionario europeo de turno toma nota y luego pregunta a su colega esloveno de qué va el tema, y ambos encuentran “el lenguaje” que permite al primer ministro esloveno volver a casa, comparecer en rueda de prensa en la misma Bruselas, subrayando su defensa del interés particular esloveno. En paralelo, el chipriota reclama que las facilidades financieras a acordar no puedan beneficiar a Turquía, que no siendo miembro de la UE, sin embargo sí tendría derecho a co-financiación por ser Estado Asociado y cooperar en la financiación del rescate.

Y así muchos, no todos pequeños, y no todas las enmiendas insustanciales. Porque cabe perfectamente que el finlandés exija que no más del 40% de los créditos puedan ser por más de 15 años, según lo que acordó antes de salir de Helsinki con el socio de coalición gubernativa. Pero también que el italiano, que necesita el acuerdo desesperadamente pero que sabe que sin su aquiescencia todo el chiringuito se viene abajo, demande una concesión sobre política de visados, indispensable para que la Liga Norte no tumbe el acuerdo al día siguiente dejando caer a Berlusconi.

El funcionario de turno pierde el norte fácilmente y se va a casa legítimamente satisfecho: ha conseguido redactar un texto que permitía el acuerdo, que los líderes han finalmente confirmado. Ahora bien, no sirve más que para unos días.

Recapitulemos. Cuando se supo que Grecia había mentido durante años sobre su déficit y que no podía afrontar sus deudas, la Unión Europea le echó un cable, pero al cuello. Los del norte, los protestantes, los cuadriculados, se dijeron que esos mediterráneos tramposos y corruptos tenían que pagar sus culpas. Te ayudamos con créditos para que puedas solucionar tu problema de liquidez, pero te exigimos que acometas reformas brutales y que nos pagues un alto interés por la ayuda. Bien, salvamos el abismo. Ahora bien, lo hicimos con bastantes meses de retraso porque Merkel tenía un par de elecciones regionales y no quería afrontar el enfado de la opinión pública por tener que prestar a los tramposos griegos. Perdió las elecciones y, sobre todo, perdimos un tiempo precioso que agravó los problemas griegos y todavía más, debilitó la credibilidad de la Unión.

Pocos meses después se hizo patente que el problema de Grecia no sólo no se había solucionado sino que se había agravado. Lógico. Para que pueda devolver sus deudas le prestamos dinero a un interés más alto que el que tenían los préstamos que tenía que devolver: peor a largo plazo. Pero es que, además, las reformas que le exigimos tienen el efecto de reducir sensiblemente el crecimiento, de manera que no podía recaudar lo que se suponía, indispensable para pagar los nuevos créditos. Pasamos de un problema de liquidez a uno de insolvencia. No es ya que no tenga liquidez para pagar, es que no la voy a tener en el futuro porque mis deudas son más altas de lo que voy a poder devolver en las próximas décadas. En lenguaje más sofisticado, mi porcentaje de deuda sobre el PIB es superior al 120% y mi tasa de crecimiento es, en el mejor de los casos, muy débil, cuando no negativa. Simplificando mucho, si me prestan al  7% tengo que crecer a más del 7% para poder ir reduciendo la deuda año a año, y resulta que por las medidas de austeridad brutales que me han obligado a adoptar, no sólo no crezco al 3% anual, que ya es, sino que mi PIB está reduciéndose, o como dicen los economistas,tengo una tasa de crecimiento negativa (esta manera de describir la pérdida de riqueza se le debió ocurrir a un funcionario europeo muy brillante; lo digo con admiración).

Bueno, ahora que ya les hemos hecho pagar por sus pecados, se dijeron algunos, y visto que la cosa empieza a ponerse fea también para nosotros, especialmente dado que la cosa se contagia a Irlanda y Portugal, vamos a relajar un poco la presión, entre otras cosas porque resulta que son nuestros propios bancos del norte los que más dinero han prestado a los mediterráneos tramposos y corruptos. Inciso: no crean que el énfasis en lo mediterráneo es baladí; en Europa del Norte está acuñado el término “Mediterranean practices”, cómo si el escándalo “Malaya” fuera un mal endémico del Sur.

Manos a la obra, se dijeron los funcionarios de la Comisión y los líderes europeos. Antes del verano consensuaron un nuevo paquete de emergencia. Gracias, dijimos muchos, por evitar el abismo por segunda vez. Pena que no lo hicierais a la primera, pero más vale tarde que nunca. A partir de ahora, dijeron nuestros líderes, vamos a prestar mucho más dinero del acordado previamente a los países en dificultades y lo vamos a hacer a tipos de interés más reducidos, entre el 3 y el 5%, de manera que puedan refinanciar sus deudas a un tipo menor del que han venido sufriendo en los últimos meses y sean capaces así de evitar la suspensión de pagos y/o la quiebra. Y además, hemos conseguido que los bancos que prestaron tanto dinero a Grecia sabiendo que estaba en la ruina acepten “voluntariamente” no cobrar el 20% de lo que se les debe.

El problema es que, como todo lo que se acuerda en Bruselas, había que ratificar el acuerdo en 27 parlamentos nacionales. Y eso lleva tiempo, no mucho en este caso, sólo un par de meses, o tres que dirían el hortera. Pero claro, un par de meses (o tres) cuando se está al borde del abismo, es un poquito demasiado. Y en agosto, mientras nuestros heroicos líderes y nuestros orgullosos funcionarios estaban de vacaciones, las primas de riesgo volvieron a dispararse. Al punto que Berlusconi, que la víspera había puesto de vuelta y media a su ministro de Hacienda por falta de sensibilidad política al querer adoptar medidas dolorosas, le cogió del brazo y sacó adelante un nuevo paquete de austeridad. Y Zapatero se sacó de la manga una reforma constitucional porque si hay que ir se va, pero ir pa na pues no.

Las críticas sobre la reforma constitucional urgente y sin debate parlamentario comme il faut, fueron tremendas y acertadas si bien, mirando a lo que tuvo que hacer Berlusconi, la reforma era, como dijo ZP, la menos mala de las opciones. Lo menos dañino para que el Banco Central Europeo aceptara hacer de puente y entrar a saco en el mercado de deuda secundaria para evitar la suspensión de pagos de Italia y España.

Un momento de aclaración para los no iniciados. El BCE se creó a imagen y semejanza del Bundesbank y por tanto su mandato es combatir la inflación en la zona euro, tratando de mantenerla por debajo del 2%. Esto quiere decir que al BCE, al estilo de la orquesta del Titanic, afanada por acabar la pieza que estaba tocando antes de que el buque se hundiera, no le compete evitar un colapso económico financiero europeo y global, eso es cosa de los líderes. Es más, el BCE tiene prohibido acudir en ayuda de los Estados miembros de la UE comprando sus emisiones de deuda, lo cual abarataría el tipo de interés al que se ven obligados a pedir prestado en el convulso contexto en el que estamos. Pero el vilipendiado Trichet, a punto de cumplir su mandato al frente del BCE, hizo algo de trampa y aprovechando que no está expresamente prohibido, decidió en agosto entrar a comprar deuda italiana y española en el mercado secundario, es decir, a quienes la habían comprado originalmente. En resumidas cuentas el efecto es parecido: si en el secundario se compra a x, en el primario no compras a mucho más de x porque no vas a poder vender los bonos por mucho más.

Haciendo fast forward, los 27 ratificaron el acuerdo, incluida crisis de gobierno eslovaca que era el último país en ratificar y que se permitió el lujo de armar una escenita local. Si hubieran Vdes. pasado unos añitos trabajando en Bruselas, sabrían que la aprobación del segundo paquete ha sido ultra rápida. Bien! Pero no, un récord de la Unión Europea no es mucho decir cuando estamos acostumbrados a un año o dos, especialmente no les dijo mucho a los mercados.

Sobrevivimos, todos, no sólo los del Sur, gracias a la intervención del BCE, que no fue nada fácil llegando a provocar dimisiones al más alto nivel como la del *i&o ”uta Stark, cuya fanática ortodoxia sólo es válida para allende las fronteras germanas.

Pero no por mucho tiempo. La falta de liquidez griega ya se había tornado insolvencia y con el paso del tiempo y los efectos de la austeridad impuesta, quiebra. No conozco en detalle la situación irlandesa y portuguesa pero sí la española e italiana. España e Italia, aquejados de problemas distintos (impacto escondido de la burbuja inmobiliaria en España y deuda pública disparada en el caso de Italia), sí son solventes, siempre que puedan seguir tomando prestado a tipos de interés razonables. Para que los mercados sigan comprando su deuda a dichos tipos razonables es indispensable que alguien, la Unión, el fondo de rescate, el BCE o el FMI, garantice su devolución en caso de que el país en cuestión no la devuelva. Es una cuestión de confianza: si verdaderamente son solventes por qué no se atreven a garantizar la devolución de su deuda? Y si van a hacerlo, tienen que hacerlo decididamente para que me lo crea…

Pues bien, en el mejor de los casos, hoy miércoles no se arbitrará una solución lo suficientemente decidida para insuflar la confianza necesaria. Estamos en manos de los mercados, las agencias de calificación y los especuladores, pero lo estamos por la incapacidad de nuestros líderes, del norte y del sur, de izquierdas y de derechas, guapos y feos, para acordar lo único que podría sacarnos de este marasmo infernal e interminable.

Lo peor es que hasta un juntaletras profano como el que escribe o a su joven primo meritorio en una entidad financiera, se nos ocurren varias medidas que sí servirían para poner coto al desmán y, además, a un coste sustancialmente inferior a lo se les viene ocurriendo a nuestros líderes. Así que no debe ser tan difícil. Es más, mi primo y yo somos meros copiotas de artículos que se publican diariamente en la prensa internacional. Bastaría con facultar al Banco Europeo de Inversiones, que no tiene tantas limitaciones como el BCE, para anunciar que comprará toda la deuda de los países miembros de la UE que estime necesaria. El BEI se financia pidiendo prestado en los mercados internacionales pero puede hacerlo a un tipo de interés muy bajo porque está respaldado por todos los países miembros de la UE. Alternativamente, habría que dar carta blanca al BCE para seguir comprando toda la deuda soberana, aunque sea en el mercado secundario, que fuera necesaria. Una frase al respecto en el borrador de comunicado es la que amenaza con hacer descarrilar el acuerdo en la Cumbre…

Y también cabe autorizar al fondo de rescate europeo a hacer lo mismo pero claro, tiene un monto máximo limitado (unos 700 mil millones de euros) por lo que habría que ampliarlo para que el anuncio surtiera los efectos deseados. Y ello implica repartir entre los 27 cuánto de la ampliación garantiza cada uno, con el agravante de que garantizar una parte debilita la solvencia crediticia de cada Estado, incluida Francia, con lo que se incrementarían las posibilidades de que en un par de meses pase de médico a enfermo.

A algún genio, o probablemente a varios mancomunadamente, que posiblemente se vayan a casa hoy muy contentos, se le ha ocurrido una fórmula alternativa. Imponemos una quita “voluntaria” de la deuda griega de entre el 60 y e 40% y aumentamos el monto máximo del fondo de rescate para que pueda asistir a todos los que entren en dificultades. Pero lo hacemos de manera que los estados miembros de la UE no asuman demasiados compromisos financieros adicionales.

Cómo así? Recurriendo a la financiación de los “países emergentes”, los llamados BRIC: Brasil, Rusia, India y China, y algunos otros (y no países como el FMI) que tienen liquidez e interés en que Europa entera no se venga abajo por la cuenta que les trae: el fondo de rescate se amplía a un billón (español) de euros pero los países de la UE sólo garantizan el primer tramo de 30% de pérdidas. Y todo ello por medio de sofisticados instrumentos financieros del estilo de los CDOs (productos financieros derivados que están en gran medida en el origen de la crisis) que permiten el “apalancamiento” del Fondo de rescate. Es decir, ponemos un poco más de pasta, obligamos a nuestros amigos a poner algo de su parte y nos jugamos el triple o el cuádruple de lo que hemos juntado todo a rojo, o a negro, que tanto da.

No veo a los rusos en el ajo y si los chinos, brasileños, turcos, australianos e indios entran, imagino que pedirán contrapartidas importantes del tipo de, bien, de acuerdo, pero me vende usted Iberdrola a un precio razonable.

En todo caso, no es creíble. Si acordar algo a 27 es difícil y lleva tiempo, imaginen ampliando el círculo. Y, sobre todo, es mucho peor, por complicado y frágil, que la opción de facultar al BEI o al BCE a garantizar toda la deuda de los países de la UE. Y mucho más caro porque las medias tintas sólo nos permiten ganar algo de tiempo pero a la larga (unas pocas semanas en realidad) se revelan ineficaces y vuelta a empezar. En cambio, si se anunciase que no muere nadie o morimos todo, los ínclitos mercados no tendrían capacidad de seguir apostando a la contra, entre otras cosas porque, de llegar el caos, también les impactaría de lleno a ellos: si morimos todos mueren también ellos.

Pero no, seguiremos jugando a la ruleta rusa en parte por las demandas provincianas de quiénes se reúnen para resolver nuestro futuro en Bruselas y en parte por el insano objetivo de tensar un poco más la cuerda para que los “mediterráneos” entren en vereda, en esa vereda que Stark y los suyos no siguen cuando se trata de sus propios asuntos.

Y todavía hay quién se indigna de que haya “indignados”….