¿A dónde vamos?

Lobisón

Asfixiados como estamos por noticias sobre corrupción, o sobre el apasionante duelo entre Mas, Rajoy y su derecha, dedicamos poca atención a cuestiones un tanto especulativas, como preguntarnos a qué tipo de sociedad nos están llevando la crisis y las peregrinas soluciones a ella que hasta ahora ha impuesto la Unión Europea. Pero si lo hacemos hay algo que llama la atención: aunque en Estados Unidos se han recuperado el empleo y la actividad económica, también allí existe un fuerte malestar, que han sufrido en carne propia los demócratas en las recientes elecciones a mitad de período.

¿Por qué existe este malestar? Probablemente por el estancamiento de los salarios en contraste con el crecimiento de las grandes fortunas. Evidentemente en España —y en buena parte de Europa— existe este mismo malestar, pero agravado y en cierta medida encubierto por el problema mucho más agudo del paro. La pregunta clave es si nuestro malestar es simple consecuencia de la ausencia de políticas expansivas en la UE, o si, aunque éstas llegaran a ponerse en práctica, seguiríamos teniendo, con tasas de paro más manejables, ese problema de polarización social, de dualización.

¿Por qué se está produciendo esta dualización? La primera respuesta es fácil: porque se está reformando el mercado de trabajo para hacer crecer el precariado —en nombre de la flexibilidad—, y el desempleo y la precariedad están hundiendo los salarios. Ahora bien: quienes defienden estas políticas, en Frankfurt y en Bruselas, sostienen que es la única forma de competir con las nuevas potencias industriales emergentes, como China, cuya ventaja en materia salarial es evidente.

¿No existen alternativas? Volver al pasado no es una buena idea: los factores que hicieron competitiva a la economía auropea entre 1945 y 1973 podrían ser ahora disfuncionales —eso piensa Barry Eichengreen—, pero se diría que algunas combinaciones de derechos sociales y flexibilidad laboral funcionan mejor que otras y esa puede ser la discusión para buscar competitividad sin dualización social. ¿Alguien podría informarnos sobre los modelos escandinavos de forma que se pudieran utilizar para discutir y proponer políticas?

Mientras tanto resulta muy cansino seguir hablando de Podemos, de IU, etc., como si tuviéramos que inventar la pólvora a la hora de hacer propuestas.

8 pensamientos en “¿A dónde vamos?

  1. Pues mire sí hay alguien que reflexiona sobre eso. Y publica libros. Y dar la brasa sobre no basarlo todo en el tocho y el turismo y tal. Pero no les gustará
    http://www.grup62.cat/llibre-com-austria-o-dinamarca-114985.html

    A partir de ahí un briconsejo. No podría despertarse un día el líder del PSOE, olvidarse de Podemos, los viajes del Senado (yo lo pondría en Canarias 🙂 ) etc. y proponer una cosa: la Rpblc Fdrl
    Para ilusionar a la gente, plantearse estos temas y empezar de nuevo: sin CASTA TC
    No se, cosas que se me ocurren y tal

  2. Efectivamente, no es bueno seguir intentando inventar la pólvora, ni dar saltos en el vacío. Esas cosas le hacen a uno poco creíble. Fijénse en lo poco que han tardado en recordar al inconsistente Pedro Sánchez que él fue uno de los que apoyó, como es lógico, el cambio constitucional que garantiza la estabilidad presupuestaria, que ahora parece que quiere revocar, sin que sepamos muy bien por qué. Con lo útil que hubiera sido recordar que, se comparta o no, ese era un principio básico del porgrama con el que los socialistas ganaron las elecciones en 2008, no un conejo que Zapatero se sacó sin más de la manga.

    “Para el Partido Socialista una política fiscal prudente y solidaria es el mejor fundamento de las economías modernas y socialmente avanzadas. La política fiscal debe ser consistente con el objetivo de estabilidad presupuestaria a lo largo del ciclo que los socialistas defendemos”.

  3. Puede estar tranquilo Lobison respecto a lo cansino de hablar de Podemos o de IU (de estos, me temo que en un plazo corto dejará ya de hablarse). Los únicos que hablan del coletas y su gente son los “malos”. Los “buenos” siguen con un mutismo extraordinario. Con todo lo que se dijo -y dijimos- de aquella rueda de prensa de Rajoy a través de pantallas de plasma y pasa sin pena ni gloria el último y vergonzoso episodio protagonizado por el trío calavera (Iglesias, Monedero, Errejón) a cuenta de la frustrada entrevista en Tele5. No es moco de pavo pretender pactar la úncia pregunta a la que el superlíder pensaba someterse y contestarla a través de una pantalla sin interlocución directa con nadie. En fin, como ha escrito Santiago González, era lógico que al rechazar Tele5 tal pretensión sustituyera esa entrevista con iglesias por lo más parecido que tenía a mano: el pequeño.

  4. Una cosa es llevar la estabilidad presupuestaria en el programa de 2008 y otra muy diferente hacer una reforma constitucional en agosto de 2011. Dejando a un lado la puesta en escena de esa reforma, todo un tratado del despropósito que dejó tocado al PSOE hasta la fecha, y si fue impuesta o no, lo menos malo que se puede decir de ella es que no ha servido absolutamente para nada. Las políticas económicas, dictadas desde Europa, hubieran sido las mismas ( igual de equivocadas, por cierto ) con reforma o sin reforma. Como los datos demuestran. Por no hablar del aumento de la deuda o el incumplimiento del déficit. Pero la puntilla fue la ley que la desarrolló y que el PSOE, conocedor ya en agosto de 2011 de su previsible derrota, dejaba en manos de la derecha. Una ley que daba cobertura al discurso ideológico del PP y colgado de la brocha al PSOE distante una temporada. Ahora Sanchez quiere modificar aquella reforma. No sabemos en qué términos pues, según leo, lo deja en manos de constitucionalistas. Como estamos en la ‘podemización’ de la política me temo que sea un gesto más artificial que efectivo. Creo que urgen otras cuestiones, pero… En cualquier caso para hacer políticas de estabilidad presupuestaria no hacen falta reformas constitucionales. Como tampoco la reforma garantiza la estabilidad, como los hechos han demostrado. Lo que sí queda claro es que este PSOE no sabe qué hacer con su pasado reciente, a ratos lo reclama y a ratos lo rechaza.

  5. Estoy bastante de acuerdo con el comentario de Polonio. Pero…

    Creo que una cosa es discrepar de la reforma constitucional, por la forma en que se hizo, por el fondo o por ambas cosas y otra aceptar, como parece que ha hecho el PSOE –al desistir de explicar y/o defender su gestión de gobierno-, el discurso según el cual aquello fue una “traición” a no sé qué principios o algo “insólito” o una “renuncia a los compromisos” programáticos de Zapatero. Eso es lo que quería poner de manifiesto al recordar algo que, significativamente, nadie suele recordar cuando sale este asunto; a saber, que la estabilidad presupuestaria no sería una apuesta de IU pero sí lo era del PSOE. Sólo eso.

    Leo este resumen de la intervención de Pedro Sánchez sobre su intención de dar marcha atrás:

    “De la aprobación de esa reforma debemos extraer varios errores; y uno de ellos es que no puede haber reforma de la Constitución sin el voto de los españoles”, dijo este lunes Pedro Sánchez. Desde su perspectiva, la reforma que impulsó Zapatero al final de su legislatura ha servido para que “el PP tenga cobertura legal para recortes en sanidad, educación y pensiones”, a pesar de que la estabilidad presupuestaria total no debe producirse hasta 2020.

    Inconsistencias:
    – los recortes que haya hecho el PP no son producto de esa reforma constitucional. No necesitan esa “limitación” que, en sí misma, no es irrazonable.
    – la reforma impulsada por ZP en condiciones extremadamente difíciles no “sirvió para que el PP tenga cobertura legal,…bla bla”. Se hizo – y sirvió- para tranquilizar a un entorno de nuestra economía amenazada de rescate. Ese es el marco fundamental –aunque quepan otras consideraciones adicionales- en el que, creo yo, hay que analizar y evaluar aquella medida.
    – que haya servido o no para la recuperación es un juicio a posteriori, respetable, pero que no invalida la decisión que se toma cuando se toma y en aquellas condiciones, no en las actuales.
    – la bondad o inconveniencia de aquella medida no cambiaría en nada por el hecho de que se hubiera sometido al voto popular, requerimiento que suena demagógico por lo dicho antes sobre las condiciones y plazos en los que había que dar respuesta a las presiones. En todo caso, el PP estaría aún más legitimado para sus recortes -si hubieran sido refrendados por los ciudadanos-, si es que suponemos que necesita de esa muleta (como parece que supone Pedro Sánchez).

  6. Discrepo con el articulista sobre que la flexibilidad laboral no sólo no sea el problema, sino que la solución en la recuperación y futura vida saludable de nuestra economía de mercado, como ocurre en la totalidad de las economías de países europeos incluidos los socialmente avanzados del norte, siempre vendrá de su mano. Otra cosa es que sólo se consideren y valoren los efectos que sobre los trabajadores no adaptados a los, en su caso, nuevos requerimientos de los puestos de trabajo, puedan sobrevenirles, ya que se sigue con la equivocada idea de que deba ser la empresa la que tenga que afrontar, de forma directa e inmediata , cualquier cambio requerido por adaptación de sus recursos laborales a la situación económica que se anticipe.
    No sólo no se están hundiendo los salarios, sino que se están incrementándose los relativos a los trabajadores, en su gran mayoría con contratos indefinidos, que desarrollan su actividad en empresas ya existentes, se hayan visto obligadas, o no, reducir sus plantillas y adaptarlas a las necesidades reales de su mercado. Otra cosa son las contrataciones de personal en empresas de nueva creación, o las relativas a nuevas incorporaciones en las ya existentes, ya que esas nuevas altas afrontan de una manera mucho más equilibrada que en el pasado la necesidad de responder a los requerimientos presentes y futuros del puesto a cubrir, so pena de ser sustituidos con mayor facilidad que antes. El coste empresarial de actualizar y modernizar sus recursos debería ser en la mayoría de los casos un coste sustitutivo, y así habría que afrontar el futuro. La inflexibilidad laboral que se ha venido manteniendo a lo largo de los años obligaba, en muchas situaciones, afrontar costes de forma acumulativa, lo que repercutía de manera muy negativa en la vida de la empresa, tanto por erosionar la capacidad financiera a la hora de invertir en nuevos equipos industriales, como por no incentivar a los trabajadores a la hora de adaptarse y formarse para los nuevos requerimientos. La mayor parte del empleo en nuestro país, hoy por hoy, sigue siendo absorbida por pymes y microempresas y en las que el funcionamiento en el día a día no suele contemplar, y por tanto prepararse para ello, el riesgo que representa el afrontar cíclicamente fuertes vaivenes económicos.
    Es, por tanto, necesario el que exista la mayor flexibilidad laboral posible, lo que no está reñido con el hecho de que las empresas generen los recursos requeridos para afrontar las necesidades de los trabajadores en paro. Las pequeñas y medianas empresas no sólo estarían de acuerdo, sino que agradecerían, que se sustituyese el sistema actual de indemnización por despido por otro, que, generando los mismos, o más, recursos financieros y que afrontarían, lo fuese periodificando el gasto a través de un incremento sobre el salario de la totalidad de la plantilla, y que el estado capitalice en previsión del desempleo que en su momento se vea obligada a generar como respuesta a las crisis económicas. Las pequeñas y medianas empresas suelen tener más dificultad para disciplinarse a la hora de generar un colchón financiero que les permita afrontar el costo de los posibles despidos, lo que suele llevarse a efecto, si pueden afrontarlo, a costa de alterar prioridades más necesarias para el mantenimiento de la productividad y la competitividad.

  7. Completamente de acuerdo con Barañaín. La prima de riesgo estaba elevadísima, se veía a España e Italia como los dos paises que había que rescatar. Era obvio que había que actuar con rapidez, convocar un referendum hubiera sido una imbecilidad, no solo por la premura de evitar un rescate sino porque no se trataba de un principio fundamental en la organización del estado sino de los valores humanos que desean los españoles. Decir que un país se compromete a devolver sus préstamos es lo normal, pero en aquella situación en que los paises mediterraneos estaban bajo sospecha de una quita como la que hubo que hacer con Grecia, era importante declarar que las deudas se honran. que le vamos a hacer si P. Sanchez está asustado con Podemos y a falta de también declarar que no se devuelve la deuda exterior, se le ocurrió quitar “el error”.

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