De los cánticos en Cornellà a la islamofobia normalizada

David Rodríguez Albert

El pasado martes se disputó en Cornellà de Llobregat el tristemente célebre partido entre las selecciones de España y Egipto. Como ya es sabido, en varias ocasiones se lanzaron cánticos islamófobos desde algunos sectores de la gradería. Además, se silbó el himno nacional del país africano y se profirieron insultos hacia Puigdemont y Pedro Sánchez. Estos hechos son especialmente graves, van mucho más allá de una anécdota en un evento deportivo y representan una muestra de racismo y de islamofobia, en un entorno de consignas propias de la extrema derecha catalana y española.

Afortunadamente, la reacción de la opinión pública ha sido contundente a la hora de denunciar estos hechos. Especialmente significativas son las declaraciones de Lamine Yamal, la principal estrella de la selección española. El jugador musulmán ha acusado de racistas e ignorantes a quienes profirieron los insultos. A sus palabras se han unido declaraciones unánimes de condena por parte del gobierno español, del gobierno catalán, de la sociedad civil y de todos los partidos políticos democráticos.

Durante el partido, los cánticos islamófobos se prolongaron sin que el encuentro se detuviera, evidenciando un fallo institucional grave. El protocolo antirracista de la Federación Española de Fútbol establece que, ante conductas discriminatorias, el árbitro puede detener el partido, tras emitir advertencias al público. En este caso, se hizo un aviso por megafonía minutos después durante el descanso, pero el encuentro no se paralizó. El árbitro búlgaro, que no entendía el idioma, no podía aplicar el protocolo por sí mismo. La federación tenía la responsabilidad de informarle y coordinar la acción, pero no lo hizo, permitiendo que los insultos continuaran, enviando un mensaje de tolerancia hacia la islamofobia y subrayando que el problema no es solo de la grada, sino de una federación incapaz de hacer cumplir sus propias normas.

La islamofobia que se manifestó en el campo no surge de la nada, sino que se inscribe en un clima de discurso político hostil hacia la comunidad musulmana. Dirigentes de Vox han vinculado repetidamente la inmigración musulmana con supuestas amenazas a la identidad y la seguridad de España, usando expresiones como “islamización” o comparaciones con sociedades violentas, y señalando barrios y comunidades como espacios que se “degradan” por la presencia musulmana. Por su parte, Aliança Catalana contribuye a normalizar discursos de odio, generando un marco en el que los insultos o ataques a musulmanes dejan de percibirse como inaceptables y pueden traducirse en agresiones verbales reales, según denuncias de líderes de la comunidad islámica catalana. Todo esto demuestra cómo los mensajes de la extrema derecha alimentan la islamofobia, creando un clima que facilita episodios como los cánticos de Cornellà.

En paralelo a las condenas públicas, los hechos descritos han activado una investigación de los Mossos d’Esquadra, junto con la Fiscalía de Delitos de Odio y Discriminación, que han abierto diligencias para esclarecer si los cánticos islamófobos y xenófobos constituyen un delito de odio conforme al Código Penal. La investigación busca identificar a los responsables, incluyendo la posible organización o coordinación previa de los insultos por parte de sectores vinculados a la extrema derecha, y determinar si se puede avanzar en la vía penal. Además, se ha abierto una vía administrativa que contempla sanciones a los espectadores implicados y, entre otras medidas, prohibiciones de acceso a eventos deportivos.

Los hechos del martes no son casos aislados, sino el reflejo de un clima de odio que se está normalizando en España, alentado por discursos políticos de la extrema derecha que señalan a los musulmanes como amenaza. Detener los cánticos no es suficiente, ya que hace falta actuar sobre las causas profundas: educación, concienciación y cambios inmediatos en la aplicación de los protocolos deportivos. El fútbol puede ser un espacio de integración o un altavoz del odio. El racismo y la intolerancia no pueden ser nunca las opciones.

En tiempos de exceso de peso

Juanjo Cáceres

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición estimaba en 2020 que un 37,1% de la población adulta sufría sobrepeso y un 18,7% obesidad. En el caso de la población entre 2 y 17 años, señalaba que uno de cada tres menores presentaba sobrepeso y uno de cada diez, obesidad. Eran cifras rotundas, que nos hablaban claramente de riesgos de salud pública y que deberían generar la misma inquietud en las autoridades que en el resto de la población. Pero puede que eso no haya pasado o que no esté pasando con la intensidad suficiente en ninguno de los dos casos. Al fin y al cabo, ¿no es la gordura un elemento más del paisaje con el que siempre hemos convivido? Paisaje conocido, sí, pero no por ello menos inquietante, dadas las consecuencias que puede acarrear.

No diremos que no se invierten suficientes esfuerzos para reducir la prevalencia de ambos fenómenos, ni que las personas no dedican tiempo, esfuerzo y dinero a cuidar de su salud. Lo cierto es que, en general, lo hacen y que, cuando les afecta, les preocupa. De modo que no acaba de ser ese el problema. Tampoco basta con seguir apelando a la necesidad de una mayor sensibilización y acción. No porque no sea necesario – que lo es – sino porque no es en absoluto suficiente.

Afrontar esta situación o cualquier otra relacionada con la prevención de riesgos evitables de salud, pasa necesariamente por un doble procedimiento: entenderla en toda su complejidad e intercambiar conocimientos al respecto. Pero para entender, compartir y conseguir que ese intercambio sea fructífero, hacen falta voces – y no solamente las procedentes de inteligencias digitales. Hace falta hablar de ello y escribir sobre ello. De ahí que resulte muy positivo que eso suceda, por ejemplo, a través de un libro como el que ha publicado recientemente Julio Basulto: TODOS GORDOS (con perdón). Un trabajo que ha salido al mercado del papel y del libro electrónico con el propósito claro de hacer lo que debe hacerse: ni más ni menos que hablar de ello.

¿Es TODOS GORDOS (con perdón) el remedio que estábamos esperando para invertir el incesante avance de esta problemática? En modo alguno. Pero ya en la portada Julio pone el dedo en la llaga señalando el núcleo del problema con un mensaje directo: “tratar la obesidad en un mundo diseñado para engordar”. Porque, en efecto, ciertas prevalencias solo son posibles porque entre todos construimos algunos factores que predisponen a ellas. O porque entre todos configuramos unas relaciones económicas y sociales sobre las que emerge el gradiente social de la obesidad, según el cual poder adquisitivo y exceso de peso tienden a relacionarse de forma inversa – cuando aquel es más elevado, este tiende a ser más bajo.

Tal vez todo ello sea también debido a que a nuestro cuerpo no le resulta demasiado difícil engordar si tiene a su alcance alimentos en cantidades suficientes. O a que tampoco a nuestro cerebro le resulta sencillo regular nuestras conductas cuando los alimentos se diseñan y se ponen al alcance de maneras bien estudiadas.  Pero el caso es que eso ya lo sabemos. Y que, aun así, incluso después de innumerables intentos por atenuar estos efectos, parece que seguimos siendo mucho más eficaces engordando individualmente que trabajando colectivamente para prevenir la obesidad o deshaciendo todo aquello que convierte nuestras casas, supermercados, calles y municipios en entornos obeso génicos.

Justamente porque no hemos logrado todavía transformar el escenario en que vivimos, es necesario explicarlo bien. Es preciso evidenciar qué elementos lo sostienen y cómo podría cambiar. También lo es exponer de forma divulgativa cómo se intenta tratar la obesidad desde el ámbito de la nutrición y de la medicina, subrayando lo difícil que resulta realmente actuar sobre ella. Sin olvidarnos, además, de poner de manifiesto su relación con conductas tan poco saludables como fumar o consumir alcohol.

De ahí que el trabajo de Julio Basulto, TODOS GORDOS (con perdón), ponga sus esfuerzos en todo ello y que resulte tan oportuno. No es el primero ni será el último en abordar la problemática, pero es este el que nos habla ahora. El que nos recuerda que no todo está bien. Que algunas cosas tienen que cambiar. No debemos olvidar que seguir insistiendo en la necesidad de reducir la prevalencia del exceso de peso es imprescindible y seguirá siéndolo durante décadas. Por suerte, hay voces como la de Julio que lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo.

Alzar la voz

Meritxell Nebot

La semana pasada fue intensa para el profesorado en Cataluña. Organizados en asambleas, docentes y personal educativo decidieron seguir adelante con los cinco días de huelga pactados. La decisión no salió de la nada. El curso se inició con consultas sobre el malestar docente, días de movilización delante de los centros y manifestaciones. El Guvern decidió ignorar las protestas e incluso esquivó en más de una ocasión sentarse a negociar con los sindicatos. Así fue como en las asambleas se empezó a hablar de huelga indefinida y se comenzó a tomar el pulso a los claustros de los centros para valorar la capacidad de movilización del colectivo. Después de la gran manifestación del 11 de febrero en Barcelona, el Departament d’Educació se sentó a la mesa de negociación, hecho que fue ampliamente celebrado a pesar de saber que los giros de guion eran más que posibles. La sorpresa no se hizo esperar y llegó de la mano de CC.OO. y UGT que, con un acuerdo ya pactado de antemano, a espaldas de los sindicatos mayoritarios en educación (USTEC-STES, CGT, aspepc-sps y la Intersindical) y, por consiguiente, de la gran mayoría del personal educativo, aceptaba unos mínimos de miseria que no responden ni de lejos a las necesidades reales de la educación de Cataluña.

A partir de ese momento las asambleas se multiplicaron. El rechazo que generó la decisión de dos sindicatos que, en el sector educativo, no representan a la mayoría, sirvió de mecha para acabar de encender los ánimos. La decisión de empezar una semana de huelgas tomó forma y la organización de las bases se empezó a consolidar. De forma simultánea en las cuatro provincias catalanas, se coordinaron acciones para hacer oír el malestar del colectivo. La autoorganización ha sido y está siendo clave para dar visibilidad a las reivindicaciones. Ante un gobierno que se niega a escuchar, alzar la voz es la única vía posible.

El viernes 20 fue un día histórico para la educación en Cataluña. Barcelona quedó inundada por una marea amarilla menos festiva que en ocasiones anteriores. La indignación es creciente y el malestar, evidente. Las columnas que avanzaron hacia el Parlament llenando las calles eran multitudinarias y el goteo de autobuses llegados de muchos puntos del territorio catalán, esperanzador. Muchos docentes comentaban cómo se vería desde el cielo, cómo serían las imágenes publicadas por los medios de comunicación una vez terminada la jornada. Pero durante las horas que duró la marcha ni un helicóptero sobrevoló la zona. Curioso. O no. Parece más que evidente que, el aparato mediático funciona como altavoz solo para unos cuantos. Las imágenes aéreas que han circulado por redes fueron hechas por vecinos desde sus casas en pisos altos situados en los alrededores de la manifestación. Ni una imagen desde un triste dron.

A primera hora de la mañana grupos de docentes cortaron carreteras y accesos a la ciudad de Barcelona. La indignación de los conductores fue evidente y los momentos de tensión inevitables. Un escenario así no es el mejor lugar para dialogar. Es complicado explicar a un motorista que ha madrugado y llega tarde al trabajo que nos movilizamos por el bien de todos y todas. Que nos manifestamos porque las condiciones de trabajo en los centros educativos son cada vez más complejas; porque los recursos humanos y económicos destinados para atender la diversidad en las aulas son totalmente insuficientes; porque somos de los docentes peor pagados de todo el territorio español y ya hemos perdido el miedo a incluirlo abiertamente en nuestras reivindicaciones. A esas horas de la mañana y con solo un café en el cuerpo, un motorista no está para reflexiones. Pero por lo visto ni él ni algunos transeúntes que, durante su paseo matutino diario, increpaban a las manifestantes a gritos de vayan a trabajar, panda de gandules. Siempre es más fácil juzgar que escuchar. Es probable que tanto el motorista como el paseante critiquen alguna vez en sus charlas distendidas con amigos y vecinos lo mal que está el mundo, la falta de educación de los jóvenes o la necesidad de que esto y aquello se enseñe en la escuela. Educación emocional, en la escuela. Educación afectivo-sexual, en la escuela. Seguridad vial, en la escuela. Y si ya, de paso, se enseñan contenidos, fantástico.

Lo que no ve la opinión pública es todo lo que conlleva, en el día a día de los centros, la falta de recursos que denuncian los docentes: aulas masificadas, alumnos con necesidades educativas muy específicas sin personal cualificado para acompañarlos de forma sostenida; equipos de asesoramiento insuficientes y sobresaturados, recortes en personal de atención educativa, cambios constantes de currículum sin el consenso del colectivo docente. La educación debería ser considerada una cuestión de Estado, no un tema menor. Hacerlo posible es cosa de todos y todas. En un mundo ideal, los maestros alzarían la voz, la sociedad daría su apoyo y los medios informarían dando una cobertura justa y transparente. Desafortunadamente, las cosas no son exactamente así. Si no nos toca de cerca, no escuchamos. El colectivo docente está movilizado y coordinado, pero no dispone de acceso directo a los poderes mediáticos. Periódicos y televisiones se llenan de entrevistas a los políticos y de tertulias con opinadores profesionales y, en pocas horas o días, toda la fuerza del colectivo parece desvanecerse. Si alguna vez entrevistan a las docentes es para hablar de cuestiones como la vocación o las anécdotas en las aulas, dándoles poco tiempo en antena. Es cierto que algunas maestras han desestimado propuestas para participar en programas de radio, pero en la mayoría de los casos no es porque no tengan claras las reivindicaciones, sino porque en una mesa de debate tenemos las de perder. Ese no es nuestro hábitat, por suerte. No quedamos bien parados si se nos invita a hablar con personas que dedican buena parte de su tiempo a redactar contraargumentos y a discutir de cualquier tema que les echen. Nuestras virtudes y habilidades se demuestran en las aulas no en las tertulias. Así que si el Guvern se niega a escuchar y el periodismo cubre con sesgo la noticia, la opción es salir a las calles, organizadas y unidas para hacer oír nuestra voz y buscar la complicidad de la opinión pública, porque una sociedad educada es una sociedad fuerte, justa y libre y eso, no lo olvidemos, nos incumbe a todos.

Apariencias: Made in USA

Senyor_G

Esta semana me salió en el Instagram un viejo chiste de la guerra fría:

Un soviético y un estadounidense están sentados uno al lado del otro en un avión que viaja de Moscú a Washington D. C. El estadounidense dice: “Tengo que reconocerlo, vuestra propaganda es muy impresionante”. El soviético sonríe y le da las gracias, pero responde que no es nada comparada con la propaganda estadounidense. Confundido, el estadounidense le dice: “Pero nosotros no tenemos propaganda”. El soviético sonríe y dice: “exacto”.

Con esto ya estaría todo. Al final los debates y las apariencias del mundo no las controlamos nosotros, sino todo lo que nos explican y quién nos lo explica. En las cadenas de televisión en abierto de nuestro país, desde las públicas a las privadas, las series y películas Made in USA que hay son brutales, muchas con fuerzas del orden. Y lo que nos explican. Yo que miro algunas de policías, sin entrar en el fondo, pero el rollo ex-agente de la CIA o soldado en Vietnam, Irak, Afganistán y otras guerras es abrumador. El marco es ese. Hasta las películas en La Primera de RTVE en los mejores horarios son para ellos, para que nos coman el tarro.

Y los tópicos. 

No deja de ser curioso lo que nos recalcan de esos países donde un jefe de los servicios secretos acaba siendo presidente. Como Bush padre que antes de ser presidente de los EE.UU. fue director de la CIA. O dónde el poder pasa de padres a hijos o de forma familiar. Volvamos a los Bush, los Kennedys si nos vamos lejos, o matrimonios que casi consiguen pasarse el cetro, o por lo menos figurar.

Los paladines del mundo libre, de la democracia. Me sorprende que un español se pueda creer eso. ¿Qué hizo EE.UU. por la democracia en España.UU.? Bases y acuerdos con Franco. Si digo que hizo más la URSS por la democracia en España que los EE.UU. ¿soy un zorrocotroco o hago honor a la verdad? Y nosotros que además entendemos el castellano podemos repasar de la A la Z todos los países de Hispanoamérica y ver su aportación democrática.

Y lo del mundo libre contra la dictadura comunista, Corea del Norte, Taiwan, Indonesia… en los 50, 60 y 70. ¿Seguimos? Mundo libre para piratear o comerciar.

Trump es odioso, y un gran peligro, pero hay que agradecerle que va a careta quitada. En este mismo blog se hablaba de que no había seguido los pasos para hacer la guerra, pero hace un par de semanas en El Periódico se planteaba que la última vez que se hizo en el Congreso de los EE.UU. fue para la Segunda Guerra Mundial, y nadie se puede creer que desde entonces los EE.UU. no han estado metiendo el hocico militarmente por medio mundo. Lo ha planteado interesantemente el primer ministro de Canadá: es que ya nadie se cree el relato o hace ver que se lo cree.

El mundo libre, la libertad de empresa, no la democrática sino el libre mercado ultra. Veo en el supermercado frutos secos, boniatos para el microondas y legumbres de vez en cuando made in USA. No me creo que eso llegue a España sin subsidios o a reventar precios.

Y los más altos valores. Cuando se juzgue a Bush hijo (y a Blair y otros colaboracionista) como se hizo con Sadam Hussein igual empiezo a dudar. Y Guantánamo.

Y no esperen ninguna pregunta incisiva a los políticos atlantistas sobre todo esto cuando van a algún medio, este tipo de preguntas se nos hacen a otros.

En este contexto, yo sigo con OTAN No, Bases Fuera; hay que reconocer que la postura del Gobierno presidido por Pedro Sánchez respecto a EE.UU.-Israel contra Oriente Medio es acertada. Nada fácil de tomar y aguantar. Merece nuestro apoyo. Estamos acostumbrados a que siempre todo es por el bien del imperio, así que toca remar y aguantar porque si no se han cortado nunca, ahora con Trump y su gobierno de pirados cruzados menos todavía y van a empezar con el manual básico de sus tretas. Peones tienen, y dinero como siempre. A organizarse y coser alianzas toca. 

Mañueco ya puede volver a esconderse

Carlos Hidalgo

Con el recuento casi finalizado en Castilla y León, la jugada del PP de anticipar elecciones para librarse de Vox ha resultado ser tan efectiva como la táctica del PSOE de poner a exministros de candidatos pensando que el cargo te otorga carisma electoral.

Puede que Feijóo pensara que en el resto de comunidades autónomas se iba a repetir el patrón de Galicia o el de Madrid, en el que el PP gana con mayoría suficiente para no depender de Vox. Pero ya van tres veces en las que no es así: en Extremadura, en Aragón y ahora en Castilla y León.

Para Mañueco, aunque esto no va a ser un buen trago, tampoco va a suponer una gran novedad. Veremos una negociación llena de golpes de pecho, idas, venidas, dramas, para que al final Mañueco conforme un gobierno en el que le dé a Vox carteras simbólicas, en las que pueda colocar a muchas personas y permitan a sus consejeros hacer muchas declaraciones escandalosas; mientras que el PP se reservará la concesión de las carteras gordas, las que realmente les mantienen en el Gobierno. Seguramente administradas por el exjuez Suárez-Quiñones, que es quien se encarga de repartir el pastel de los presupuestos públicos desde que era consejero de Fomento. Con la fuerza que les da haber ganado más escaños que Vox. El PP ha subido en dos procuradores, como el PSOE, mientras que Vox solo ha subido en uno. Eso hará que el partido de Feijóo se sienta con más autoridad moral para intentar torcer el brazo de la ultraderecha. En cualquier caso, serán unas negociaciones largas y llenas de golpes de efecto, como está pasando con Extremadura y como pasa en Aragón.

Mañueco, como hizo antes con Ciudadanos y como hizo después con Vox, intentará esconderse y aparecer lo mínimo para que parezca que nada le salpica. La táctica del líder “popular” castellanoleonés suele ser la dejar que sean otros miembros de sus gobiernos quienes se “quemen” rindiendo cuentas de sus políticas, mientras él queda solo para inaugurar cosas, besar vírgenes y hacerse vídeos paseando por las calles de Valladolid con las manos en los bolsillos. Luego, cuando el guirigay es demasiado evidente, Mañueco aparece con gesto dolido, molesto, como si le acabaran de sacar de un funeral, y dice algo para mediar entre sus consejeros. Y como suele decir Miguel Ángel Aguilar: fuese y no hubo nada.

A Feijóo esto le viene relativamente bien, pues afianza a Mañueco, que es uno de los barones que le puede cubrir las espaldas frente a una Isabel Díaz Ayuso cada vez más fuera de control.

El PSOE, se dice, ha parado su mala racha en estas elecciones de Castila y León, pero es que Carlos Martínez, el alcalde de Soria, es un político veterano, acostumbrado a fajarse en un entorno muy difícil, a ganar elecciones y a mantener los apoyos una vez que estas se ganan.

Martínez ha podido tener voz propia desde siempre, con la autonomía que da ser alcalde y un conocimiento afianzado a lo largo de décadas. Parece que cuando Ferraz respeta la implantación territorial de su propio partido, los resultados son dignos. Que además Mañueco haya querido trazar el cordón sanitario alrededor del PSOE y no de Vox, le va a dar margen suficiente como para afianzar su papel de alternativa a un PP que lleva gobernando en su comunidad más tiempo que Franco.

Podemos e IU se han quedado embelesados en su propia pureza y esta les ha llevado a desaparecer de las Cortes de Castilla y León.

Como ha dicho el propio Martínez a la hora de hacer balance de estas elecciones: es bastante posible que la legislatura sea corta porque Mañueco no dice nada nuevo y Vox no ofrece soluciones.

La negociación, eso sí, será larga.

Las movilizaciones de la educación en Catalunya

David Rodriguez Albert

El pasado miércoles 11 de febrero, los principales sindicatos docentes convocaron la que ha sido la mayor movilización educativa en Catalunya durante los últimos años. El hartazgo ante la situación del sistema educativo ha estallado con un seguimiento masivo de la huelga, cortes de carreteras y una gran manifestación en Barcelona, y se prevén nuevas protestas para la semana del 16 al 20 de marzo.

Los recortes antisociales realizados desde 2009, especialmente centrados en la época de Artur Mas y los sucesivos gobiernos del nacionalismo de derechas, han provocado una pérdida de poder adquisitivo del profesorado que se sitúa entre un 20 y un 25%. Pero estas protestas van más allá del tema de los salarios y recogen la insuficiente financiación del sistema educativo catalán, las elevadas ratios, la falta de atención a la diversidad y el exceso de cargas administrativas asignadas al profesorado.

La inversión pública educativa en Catalunya alcanza a duras penas el 4% del PIB, muy lejos del 6% que representa la media de los países de Europa Occidental. De hecho, Comisiones Obreras ha presentado una Iniciativa Legislativa Popular para alcanzar progresivamente ese indicador del 6% y, de este modo, homologarnos a la situación de nuestro entorno socioeconómico más inmediato.

De este modo, no es extraño que la ratio de alumnos por aula se sitúe en la mayoría de aulas de la ESO alrededor de 29-30 alumnos, mientras que las estadísticas de la OCDE ofrecen unos datos para la Unión Europea que oscilan entre los 21 y 23 alumnos por aula. Esto sitúa a las aulas catalanas significativamente por encima de los estándares medios europeos, hecho que dificulta enormemente la atención pedagógica.

Pero uno de los aspectos que más ha impactado en el sistema educativo catalán durante los últimos años ha sido el sustancial aumento del alumnado con necesidades específicas de aprendizaje y apoyo, que se ha duplicado en sólo tres años, pasando del 18,6% en 2022 al 36,6% en 2025. El impacto de la pandemia y el incremento de las desigualdades económicas explican este fenómeno tan delicado, que nos lleva a afirmar que actualmente uno de cada tres alumnos requiere atención específica en Catalunya. 

Desde mi punto de vista, este es el elemento que más ha tensionado a la comunidad educativa en estos últimos tiempos, ya que las exigencias en las aulas han incrementado de manera ostensible sin recursos suficientes para atender esta diversidad. Esto no solo está teniendo efectos visibles en los resultados educativos, sino en la fragilidad psicológica que está afectando a toda la comunidad educativa, de manera que ahora mismo la situación es prácticamente insostenible en algunos centros.

Por si fuera poco, la desafortunada legislación que se ha impuesto, tanto desde España como desde Catalunya, ha disparado los requerimientos burocráticos exigidos al profesorado. El rechazo de la comunidad docente es frontal, no solo ante el aumento de tareas no remuneradas que deben realizarse, sino ante el distanciamiento absoluto de la tecnocracia frente a la situación real de nuestras escuelas. En momentos de enorme complejidad, desde los gobiernos de España y de Catalunya se ha mirado hacia otro lado y se ha desviado la atención de los verdaderos problemas, acordando una hiperplanificación de tareas que alcanza el ridículo e impide el correcto desarrollo de las funciones pedagógicas.

Estos han sido los motivos de la participación mayoritaria del profesorado en las movilizaciones, que ha desbordado la previsión de los propios sindicatos convocantes. La situación actual es inaceptable, y así lo han reconocido las autoridades educativas que, en un primer momento, han lanzado una propuesta de una tímida subida salarial, sin entender que las reivindicaciones van mucho más allá. En efecto, la complicada situación del sistema educativo catalán no se solventa con medidas cosméticas y sistemáticamente graduales, sino con cambios estructurales y, en algunos casos, con políticas de choque que respondan a situaciones que realmente lo requieren.

Sálvame a la izquierda

Sergio Patón

Me parece que a todos los participantes de este foro todo nos pilla a desmano o destiempo. ¿A quién con sentido común y un mínimo de bondad le van a pillar bien los bombardeos e intervenciones del presidente de Estados Unidos? Y más para pensar y opinar de política. Trump es algo entre la caricatura que haríamos las izquierdas de un presidente de su país y directamente lo que es un presidente del imperio sin caretas ni ornamentos. En crudo.

Pero llevo días que quiero decir algo sobre el debate sobre la unidad de la izquierda que ha venido sucediendo en las últimas semanas y cae lo que cae. Yo milito en la versión catalana de Izquierda Unida que ha ido tocando fondo desde el 99. Más de un cuarto de siglo ya. Y digo militando, lo cual incluye desde ir a mítines, reuniones de todo tipo, que te den la chapa, dar la chapa en versión evangelizadora, colgar carteles y servir mesas o lo que se tercie en fiestas de barrio. Ahora todo con más calma en mi caso, ya no intento evangelizar, me conformo con que no me den la chapa sin sentido y que simplemente me dejen pensar y hacer cómo pienso que es lo correcto. Así que en este cuarto de siglo, como militante me han dicho de todo, que sí, que unidad de la izquierda, cómo a poner a caer de un burro a Iniciativa en su momento con lo que era un mínimo ponerse de acuerdo. He puesto en todo esto tiempo y dinero. Sí, mi tiempo y mi dinero.

Que sí, que unidad. No lo duden, ¿pero con qué programa? ¿OTAN sí u OTAN no? ¿Sanidad plenamente pública o concertación? ¿Ir hacía el fin de los conciertos educativos o seguir con ellos si no hay ánimo de lucro? Debate estos sobre la concentración que como catalán son importantes aquí, y me sorprende siempre que se hable como si todo esto lo hubiese inventado Ayuso. No sólo estética hippy o punki o mueble madera nórdico.

Y todo el mundo tercia y me dice lo que tenemos que hacer. Oye, pues vente a una reunión y lo articulamos, con paciencia. Es que te salen tertulianos y opinadores, y mira que muevo la radio a lo que suene a tertulia. No les conozco su participación en “cosas con otras gentes”. Aquello que dicen que dijo Enrique Berlinguer de tener el culo de hierro u hojalata. No entiendo muchas cosas que dicen, esto de la izquierda no es ser tertuliano, es acompañar lo que dices y lo que haces. Por lo menos en la medida de lo posible. Lo mismo nos aconsejan a los militantes lo que tenemos que hacer, o bueno quizás directamente lo dicen a los jefes, como que vuelven a echar la culpa de la desproporcionalidad del sistema electoral a la PROPORCIONAL ley d’Hondt, como se la echan a los nacionalismos periféricos, como piden distritos uninominales y segunda vuelta para evitar pactos nosesabequé. Me dais lo mismo.

No deja de ser curioso que esto salga de un diputado de Barcelona y otro de Madrid, al final la política Española puede ser esto, uno de Madrid y uno de Barcelona diciendo al resto lo que hay que hacer. ¿Se me permiten bromas, no? Porque, a ver en que se concreta todo esto, y como damos pasos y tal. Me llegaron cosas que se dijeron allí y de cómo se dijeron, pero ¿se pusieron de acuerdo en el modelo fiscal?

Y a todo esto, si es por generosidad y por estar por la unidad, ¿no ha dado muestras sobradas Izquierda Unida de todo esto que nos piden? ¿No nos merecemos una oportunidad? Nos la merecemos, sí. Como el reconocimiento de ser una columna principal de lo que tenga que ser. Uno de mis miedos cuando nació la última hornada de nueva izquierda es que se arrasara con todo y después del fervor y el hervor nos hubiesen arrasado y partiésemos de nuevo desde la nada más absoluta. Y encima con tantos rencores y gente tan quemada como la que he visto.

Unidad de la izquierda, sí, pero sin engaños ni rollos de ser el más molón, con acuerdos y reconociendo los desacuerdos. Con reuniones, documentos y personas. Menos estética, que me está viniendo todo el rato a la cabeza la destitución de Del Bosque por Florentino Pérez, y lo acabo confundiendo con Cayo Lara.

La política es injusta, las hacemos las personas. Esas mismas personas que igual no hubiesen votado candidaturas conjuntas como si votaron candidaturas separadas en Aragón. Que ojo los votantes también sois muy iguales.

Y la política se hace con lo posible, con lo mimbres que se tienen. Y ahí apoyo al presidente Sánchez, le hemos negado las bases militares al Señor Trump y ya nos ha amenazado. No hacía falta, cualquier persona informada sabe cómo se las han gastado de siempre. Amenazas para empezar y luego las campañas y lo que venga.

Feijóo no ha tardado en poner su servicio, y no al de nuestra soberanía y las normas internacionales, las escritas.

El premio FIFA de la paz está un poco devaluado

Carlos Hidalgo

Yo quería hablar de la desclasificación de los papeles del 23F, que acabó coincidiendo con la muerte de teniente coronel que fue la cara del golpe. Una desclasificación que nos trajo pocas novedades, aparte de saber que la esposa de Tejero le llamó de todo por su participación en el golpe y la posterior gestión de su fracaso. Si no hubiera pasado nada más y me hubiera dedicado a escribir en esta entrada solo acerca de la desclasificación, la hubiera titulado “la desclasificación del gilipuertas”, por usar solo uno solo de los apelativos que dirigían a Antonio Tejero los miembros de su familia.

Pero no ha podido ser. Tras unas negociaciones entre EE.UU. e Irán que parecían ser prometedoras, pero que han resultado ser un paripé, los gobiernos de Trump y de Netanyahu han decidido realizar una campaña de bombardeos masivos en Irán, con el objetivo de desestabilizar a la república islámica y de matar o incapacitar a la mayor parte de sus líderes. Y así ha sido.

En la mañana de ayer teníamos la confirmación de que el ayatolá Ali Jamenei, sucesor del fundador del régimen teocrático iraní, Jomeini, había muerto como consecuencia de los bombardeos. Y junto a él, otro medio centenar de importantes cargos o miembros del sector más duro del régimen chií, como el ministro de defensa, el responsable de la Guardia Revolucionaria Islámica e incluso el expresidente Mahmoud Ahmanideyad.

Los israelís calculan que, si la campaña dura un poco más, el régimen perderá la capacidad de reprimir las protestas como venía haciendo los últimos 50 años. Pero tampoco está nada claro qué puede pasar después, porque no hay una oposición organizada en el interior del país, ni la de exilio tiene apoyo o capacidad para impulsar un cambio de régimen. De hecho, antes del ataque la CIA desaconsejaba matar a Jamenei porque todos sus datos indicaban que la muerte del ayatolá, aparte de convertirle en un mártir, solo lograría que el sector más intransigente del régimen le sustituyera por alguien más dispuesto a reprimir a la población y a redoblar las acciones hostiles a occidente que Irán desempeñaba en todo el mundo.

Está por ver hasta qué punto esto debilita o noquea al régimen iraní, lo cual tendrá repercusiones en todo Oriente Medio, una zona que ya sabemos que no es conocida especialmente por su estabilidad. Irán, como actor regional, era un contrapeso no solo para Israel, sino para todos los países árabes a su alrededor, especialmente Arabia Saudí. Los iraníes no son étnicamente árabes, sino persas y la rama del Islam por la que se rigen no es la mayoritaria sunní, sino la chií, que es considerada por las ramas más radicales de los sunníes como herética.

Además, Irán controla el estrecho de Ormuz, que es clave para el comercio de petróleo al transitar por él el 20% del suministro mundial. Y ese estrecho, desde que comenzaron los bombardeos, se encuentra actualmente cerrado. Así que esta semana que comienza va a ser tormentosa en lo que al mercado de la energía se refiere, salvo que Israel y EE.UU. consigan forzar la apertura de dicho estrecho.

A Rusia esto tampoco le ha hecho mucha gracia. El papel de Putin como garante de la seguridad del régimen iraní ha saltado por los aires y todo esto le ha dejado bastante en ridículo. Aparte de un tema no menor: a diferencia de la extinta URSS, la Rusia de Putin no inventa, ni innova; solo compra lo producido en el exterior y le cambia la marca por una rusa. Esto ha pasado con casi toda su industria pesada y pasa con su industria de drones. La mayor parte de los drones que Putin lanza contra Ucrania son iraníes que, o bien son comprados directamente, o se montan en Rusia con licencia de Irán.

Las represalias de lo que quede del régimen de los ayatolás (que por ahora es bastante) y de sus simpatizantes y grupos satélites, aún están por verse, pero el cierre de Ormuz ha dejado claro que piensan hacer todo el daño que puedan, ya sea como defensa, como venganza, o como ambas.

Trump, el presidente que quería coger un Nobel de la Paz por la fuerza, que se inventa haber acabado con guerras que no conoce y que prometió que huiría del intervencionismo de sus predecesores para reinventar la doctrina Monroe de “América para los americanos”, ha incurrido en una contradicción más. Y, aparte de tener que lidiar con el descontento de parte de sus seguidores, tendrá que lidiar igualmente con la legalidad de su ataque, pues es el Congreso de los Estados Unidos quien tiene que autorizar cualquier acto de guerra, por eso él mismo y los miembros de su gobierno evitan decir “guerra” y sería hasta gracioso que lo calificaran de “operación especial”, como hace Putin con su igualmente ilegal invasión de Ucrania.

En la muerte de Gregorio Morán

Juanjo Cáceres

Si cuando una persona poco conocida más allá de su entorno privado muere, debemos elegir bien quién le dedica unas líneas y qué decir al respecto. Cuando se trata de un personaje que ha basado su existencia pública en la escritura periodística, lo que se impone es hablar de lo que representó para nosotros, sus lectores, para quienes analizábamos sus artículos semanales en una época en que su agudeza se imponía a la versión dominante de la realidad y para quienes leíamos sus libros más relevantes. Porque Gregorio Morán no solo fue un redactor compulsivo con un gran talento literario, sino un narrador disruptivo: alguien con la extraña cualidad de desenmascarar relatos y desarrollar el suyo propio ante quien quisiera leerlo.

“Sabatinas intempestivas”, el nombre que recibió durante décadas su sección semanal de los sábados en La Vanguardia, son dos palabras que el viento se llevó hace algunos años, pero durante mucho tiempo fueron una de las grandes ventanas desde las que contemplar la realidad. Identificamos el periodo democrático como un momento de recuperación de las libertades, pero la libertad de expresión en los medios de comunicación y la necesaria ausencia de autocensura que debe acompañarla no es algo que podamos siempre dar por hecho. Su mayor enemigo no son los propietarios de los medios, las autoridades que deciden las líneas editoriales o los poderes fácticos, sino, sobre todo, los grandes relatos existentes, aquellos que se sirven a la opinión pública como verdades reveladas.

Gregorio Morán se enfrentó a cara descubierta a dos de los mayores relatos que han existido en España y en Cataluña en ese mismo periodo: el de la transición modélica y el del paraíso pujolista. Y no cuando ambos se encontraban ya en declive y se sustentaban tan solo de la respiración asistida que le prestaban aquellos más interesados en que siguieran presentes, sino cuando eran verdades incuestionables y sujetas a castigo de no respetarse, ya que sus guardianes ostentaban el poder y lo ejercían sin complejos. Había que tener una determinación poco común para sostener, en un medio liderado por un Conde, una narrativa que cuestionaba semanalmente los mitos inabordables, que no se molestaba en conciliar posturas con el gusto de gobiernos centrales o autonómicos y que resultaba tremendamente incómoda. Y sus lectores sabíamos que la suya era una voz diferente y que, como la de otros que ya no están, valía la pena seguirla semana tras semana.

En entornos polarizados como los de la política o los medios españoles, hacer la crítica hacia un lado te encasillaba directamente en el opuesto, pero Morán era inclasificable y muy ajeno al compadreo. Su carácter, sus preferencias y su lúcida visión de la clase política determinaron los términos en que se manifestó siempre. Lo hacía, además, de forma implacable, un adjetivo que frecuentemente utilizó para referirse a otros. Su escritura sin concesiones, a menudo vehemente, tenía como resultado generar diferentes formas de rechazo, tanto de los que criticaba directamente -que fueron muchos y de todo signo-, como de los que tampoco compartían su exigente patrón.

El oficio de periodista y la pasión por la escritura pueden llevar mucho más allá de artículos y columnas, y Morán fue un claro ejemplo de ello. En su diversidad de obras publicadas, destacan tres ejes temáticos: Adolfo Suárez y la Transición, el Partido Comunista de España y el conflicto vasco. Del primero nació la obra que lo encumbró, la biografía no autorizada dedicada a Adolfo Suárez, Adolfo Suárez: historia de una ambición de 1979, reformulada y republicada después, en 2009, bajo el título de Adolfo Suárez: Ambición y destino. Una obra magna que retrata al todavía presidente del Gobierno como nadie antes y pocos después, situando bajo los focos al principal gestor de la transición. En ella exhibe buena parte de las inconsistencias y zonas oscuras de esa etapa, que profundizará después en sus artículos y otras obras (por ejemplo, en El precio de la transición).

Sobre el Partido Comunista de España hay un único trabajo, pero vale por mil: Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985. Una narrativa inclemente sobre la evolución de la formación durante el franquismo, con el foco puesto, sobre todo, en otro de los grandes protagonistas de la transición, Santiago Carrillo, pero sin renunciar a recordar a personas que, sin este libro, habrían caído hace mucho en el olvido y a describir con detalle la vida en una clandestinidad en la que se jugaban literalmente la vida.

Y el tercer eje tiene como referencia otro trabajo a tener en cuenta: Los españoles que dejaron de serlo: Euskadi, 1937-1981, un libro que en su versión original o en su versión reformulada en 2003 (Los españoles que dejaron de serlo: cómo y por qué Euskadi se ha convertido en la gran herida histórica de España) debe leerse sin perder de vista el momento originario de su publicación.

Su obra va algo más allá, con otros libros relevantes como El cura y los mandarines, publicado finalmente en 2014 tras muchas vicisitudes y que dedicó a la vida cultural en el franquismo y a sus adalides. También merece mencionarse Felipe González. El jugador de billar (2023), su último trabajo, donde aun encontramos a un Morán que habla de su época de plenitud y su habilidosa narrativa, pero que se encuentra lejos en cuanto contenidos, densidad, poder desmitificador y contrapuntos de sus principales trabajos.

Tras pasar los últimos años establecido en un plano periodístico secundario (Vozpopuli), donde los análisis ya no eran tan agudos y en el que el paso del tiempo manifestaba su huella, tanto en su perspectiva política como en su nivel literario, Morán fallecía súbitamente por las complicaciones derivadas de un aneurisma. Nos dejaba así, casi en silencio, un autor que supo ser incómodo sin ser banal y crítico sin cálculo oportunista. Los elogios a su trabajo, la evocación de su carácter -calificado de indomable e inclasificable- y el recuerdo de sus polémicas no han estado ausentes tras su fallecimiento. Pero lo importante, lo imprescindible, es decir con claridad que su obra deja pocas dudas de que fue uno de los grandes cronistas de su tiempo y uno de los que mejores puentes trazó entre periodismo y literatura. Y lo logró a su manera. Siempre a su manera.

Esbozo de una dramedia grotesca para una serie de los Javis

Carlos Hidalgo

Una chica de clase media con aspiraciones, que no es muy brillante en los estudios pero que con la ayuda de sus padres va pasando por los concertados que mejores empujones dan a la nota. Esta chica ve que en la política se da la combinación ideal de acceso a un mercado de trabajo que está muy difícil y, a la vez, que permite socializar en un entorno que te apoya, siempre y cuando seas obediente y sigas las normas. Un poco como el Opus (que también hay) pero sin cilicio y sin esclavitud.

Todo va viendo en popa. Accede a la universidad, dan un crédito al negocio de papá, entra a trabajar y su expediente académico y las letras por pagar del crédito de papá desparecen misteriosamente. Se casa con un señor algo mayor que ella, pero joven, dinámico, juega al golf. Ella se codea con gente más y más top, con la que se siente a gusto, llegando incluso a trabajar para la referente del bando más derechista de su partido. Una funcionaria de turismo pero que también es aristócrata ultraconservadora, que se dice liberal para disimular lo del doble rasero. Es tan poderosa que, aunque todos a su alrededor caigan, ella salga impune de todo, hasta de atropellar policías.

Pero también hay drama. Papá muere, ella se divorcia y la aristócrata se ve forzada a retirarse por las hábiles jugadas de un registrador de la propiedad de provincias y una abogada del Estado. Pero no pasa nada. En breve llega otra referente, otra rubia moderna, ideal, con un pasado de pasarlo genial en colegios mayores de los que desaparecían cosas y dicen que un toque especial para la gente joven.

En un giro de los acontecimientos, la del colegio mayor ve como su terrible secreto sale a la luz: le encanta que las cosas caigan en su bolso cuando va a las tiendas y prueban que le han regalado el título. Una vergüenza, porque el título nos lo regalan a todos y no es plan de rasgarse así las vestiduras, piensa ella.

Entre tanto torbellino, conoce a un místico que es director de una academia de inglés, pero que odia que se enseñe porque el idioma de los anglos no es el idioma el Imperio donde no se ponía el sol. También es gay, pero terriblemente homófobo. Es autodidacta, pero sabe de todo. Y tiene un grupo de teatro con jóvenes sanos y que son de la ideología y el barrio correctos. Esto es, los de nuestra protagonista.

Mientras el místico la guía, la vida sigue. Ella se enamora de nuevo, esta vez de un peluquero lleno de grandes ideas. Y un amigo suyo, con el que compartió grandes momentos, fiestas y luchas de la juventud, termina siendo el líder del partido. Y en el momento de mayor necesidad para el partido en Madrid, su amigo decide que no hay nadie en quien confíe más para aguantar la embestida electoral.

¡Y gana! Bueno, es increíble. Resulta que, aunque su partido baja en votos, hay otro partido que sube y les da el gobierno. Al fin y al cabo, es un partido que también está lleno de abogados del Estado, como el suyo Y eso tiene que valer de algo.

Nuestra protagonista ya es presidenta. Por fin, tras años de callarse o de decir lo que se esperaba de ella, puede hacer y decir lo que ella siente realmente. Y su amigo el místico está ahí para guiarla. Pero, además, el partido ha puesto a su disposición nada más y nada menos que al que fue jefe de prensa de su antepenúltimo presidente: el más duro de los duros. Ya nada se interpone en su camino.

Bueno, pues se desata una pandemia. Y ella se retira al loft de lujo de otro amigo gay, en este caso hotelero, a reflexionar sobre la vida y la muerte. Un señor muy majo, que tiene una hija con una empresa de ambulancias o algo parecido, le dice que no se preocupe, que tiene un plan y lo llama “Operación Bicho”. Pero el plan no funciona y muere mucha gente, sobre todo viejos que se iban a morir igual. Y su relación se resiente, aunque aparece en el horizonte una nueva ilusión.

Todo termina bien, porque el duro de los duros se ha encargado de que nadie la toque, los abogados del Estado del otro partido pagan el pato y el líder de la izquierda más camorrista, un tipo con coleta, se ha puesto tan chungo que la gente, asustada, la va a votar a ella porque el otro se ha puesto a hablar de expropiaciones y venganzas y esas cosas de los becarios maoístas de Políticas.

Ahora todo pinta viento en popa. Los del otro partido han desaparecido, ella ha podido rehacer el partido y las listas a su gusto, ha colocado a todos los jóvenes sanotes de su barrio, los del grupo de teatro del místico, en su gobierno. Y a su nuevo novio, un sanitario guapo con pelazo y grandes ideas, le va cada vez mejor gracias a las políticas que ella misma dirige. ¿No es increíble? Es tan poderosa que cuando su amigo de juventud le pide explicaciones, es capaz de acabar con él en solo tres días. Preside una comunidad, pero manda sobre un país entero, tía.

Ah, pero siempre hay nuevas tramas en el horizonte. Resulta que Hacienda persigue a su novio por tener grandes ideas, que los familiares de los viejos muertos, los profesores y hasta la universidad que la hizo alumna ilustre protestan. Los muy desagradecidos. Incluso los médicos, ¡los médicos! Que si tanto se quejan se pueden ir a la privada.

Pero lo peor está por llegar. El místico y el más duro entre los duros no se soportan y sus luchas dan cada día un nuevo quebradero de cabeza. Y cuando tienes que elegir entre quien te ayudó a llegar y quien te mantiene ahí, no hay duda. Resistir es poder. Y el poder es que te den siempre la razón. Aunque digas lo primero que se pase por la cabeza. Y si a los chicos sanotes y al místico no les gusta, pues siempre pueden trabajar en la privada.

¿Y la gente? La gente la adora. Y quien no lo haga, pues ya sabe a lo que se enfrenta. En su reino solo hay cabida para la gente de bien con grandes ideas.

Continuará.