Negra abstención

Millán Gómez

En las pasadas elecciones generales, a diferencia de anteriores comicios, la ilegalizada y camaleónica Batasuna pidió a sus conmilitones que se abstuvieran. Con esta medida, su objetivo era intimidar a la sociedad vasca para que se quedara en casa. La socialización del miedo. El miedo como contrapoder de los valores democráticos. El terror frente a la libertad. La coacción frente a la paz. La extorsión frente al pluralismo.

En otras elecciones, el entorno político de eta pedía el voto nulo como forma de demandar que la izquierda abertzale debía participar en las elecciones pero, al no poder concurrir, este sufragio era un buen modo de visualizar su poder e influencia real. En la coyuntura actual, con el hastío de un sector importante de antiguos votantes abertzales, Batasuna pidió la abstención como forma de atribuirse todo el porcentaje del electorado que no acudiese a las urnas, el que ya existía antes (en 2004 fue de un 25,03 %) más el tanto porcentual de simpatizantes de Batasuna que obedecieron la misiva de sus líderes espirituales.

La abstención en 2008 fue de un 35, 10 %, diez puntos más que en 2004. No existen pruebas irrefutables que puedan corroborar fehacientemente que esos 10 puntos sean de abertzales, pero no es menos cierto que queda claro el descendente pero todavía fiel electorado proetarra. Eta optó por intentar dividir en estas elecciones entre aquellos que defienden sus postulados y aquellos que los rechazan. Por eso cada vasco que acudió a votar, independientemente del color de cada uno, era un voto que iba contra eta y su lacaya y cobarde faz política.

En 2004 Batasuna pedía el voto nulo y en Euskadi este porcentaje alcanzó el 7,69 %, cuatro años después sólo un 1%. La influencia abertzale es evidente, pero sigue siendo insultantemente mínima. Los medios de comunicación harían un gran favor a la derrota definitiva de eta cuando no ofrezcan de este microcosmos extraordinariamente sectario una mayor cobertura de la estrictamente necesaria. Entonces, daremos un paso de gigante.

 

Cuando más débiles son piden la abstención para continuar alimentando ese triunfalismo infundado que llevan anidado al cuerpo desde tiempos inmemoriales. Cuando la realidad les da la espalda, ellos emplean cualquier subterfugio para seguir vendiendo humo.

El 64, 90 % de los electores vascos que acudieron el pasado 9 de marzo a las urnas dijeron alto y claro no a eta, no al chantaje como método político. Todos los votos son iguales, mal que le parezca al PP, pero un ciudadano vasco que acudió a votar tiene un mayor mérito por no quedarse quieto ante la dictadura del miedo y de aquellos que quieren construir un país que sólo existe en los delirios totalitarios de unos terroristas que viven de espaldas a la realidad. Euskadi no es como ellos querrían que fuera.

Ibarretxe, al que he criticado por activa y por pasiva, dijo una vez una frase con la que estoy muy de acuerdo: “Se puede amar lo que se es sin odiar lo que no se es”. Cuando eta y el tejido social que la apoya digieran esto y lo cumplan esta batalla se habrá terminado. Habremos pasado a limpio la victoria de los demócratas frente a eta. A esto también favorecen las declaraciones del presidente del PNV, Íñigo Urkullu, ayer mismo cuando afirmó que los fines de los jetzales no son los mismos que los de eta, que les separa un abismo. Las palabras también causan violencia y hay que cuidarlas con sumo detalle. Para que nunca más ninguna calle de este país esté manchada de sangre por la muerte de ningún ser humano. Los nacionalistas vascos de tiro en la nuca y lamento pero no condeno no tienen sitio en la Euskadi del siglo XXI. La sociedad vasca así lo ha dictaminado.