Razones para ir a votar

Marta

Ha comenzado la campaña electoral (me encanta dar primicias). Nos esperan dos semanas estupendas, con encuestas a diario, mítines cada 12 horas, Zapatero besando niños, Rajoy en el mercado, Llamazares de vuelta a la vida real, y los nacionalistas sin descubrir que vivimos en el siglo XXI.

Muchos podrán pensar que esta es una campaña electoral igual que tantas otras, pero están equivocados: habemus debate. Y eso en España es novedoso de lo más, pues de los que se celebraron en 1993, con Felipe casi sin canas y Aznar sin greñas, aunque igual de inquietante que ahora, casi no nos acordábamos. Ha habido que quitar el polvo de siglos de las grabaciones de antaño y hemos descubierto, con cierto asombro, que Manuel Campo Vidal existe.

En estos días está muy extendida la convicción de que las elecciones serán muy reñidas, y parece que se quiere transmitir la sensación de que el PP se acerca a pasos agigantados al PSOE, y que los socialistas casi, casi, sienten el aliento de los populares en el cogote. Se considera que la clave, una vez más, está en los votantes de izquierdas, esa panda de vagos a los que hay que animar mucho, mucho, para que se tomen la molestia de pasarse por el colegio electoral e introducir la papeleta en la urna.

 

Optimista sin remedio, no creo mucho en las encuestas, y pienso que al final no habrá remontada del PP, y que el PSOE ganará de forma holgada. De acuerdo, no tengo una base muy sólida para demostrar la fuerza real de mis convicciones, y tal vez me pasa que confundo deseos con realidad.

 

Optimista o pesimista, sí que estoy segura de que es mucho lo que se juega en estas elecciones, y que por eso es importante, más allá de las decepciones puntuales, tantas veces comentadas en este blog, contar con una visión global de dónde estamos y hacia dónde vamos. Allá van unas pinceladas, en mí línea habitual de pintora frustrada por la falta de talento (les puedo dibujar un caballo con forma de perro para que entiendan a que me refiero).

 

En primer lugar, nos jugamos dar la puntilla definitiva a esa banda terrorista que tanto dolor ha ocasionado desde los tiempos de la dictadura. Muchas voces autorizadas apuntan a que la banda, mal que les pese a algunos, está más débil que nunca, casi no cuenta con efectivos ni con medios para llevar a cabo sus siniestros propósitos. Soy consciente de que es muy arriesgado escribir este tipo de afirmaciones, pues no está garantizado al cien por cien que la banda no vuelva a atentar de nuevo.

 

Por eso es importante, a medio plazo, eliminar toda posibilidad de que ETA vuelva a amenazar, y sobre todo, que lleve a cabo esas amenaza. No sé cuál será la mejor vía, si la policial o la de la negociación (qué peligro de palabra); tal vez haya que emplear, en último término, una mezcla de ambas vías. Hay que tener la capacidad de llevar el asunto con suma delicadeza y cuidado, y sobre todo, conseguir unir más que dividir.

 

Hablar de terrorismo lleva a muchos a pensar en nacionalismos, puede que un tanto injustamente, puesto que no todos los nacionalismos apoyan el uso de medios violentos para el logro de sus objetivos. En cualquier caso, vivimos en un país sumamente complicado, en parte por la existencia de movimientos nacionalistas de diversa naturaleza a los que se ha querido integrar con el Estado de las autonomías, con un proceso de descentralización asociado, además, de manera inexorable, con la democracia en el caso de nuestro país.

 

Este Estado de las Autonomías ha pasado por un proceso de reformas un tanto convulso, sobre todo en lo que a Cataluña se refiere. Se han perdido los nervios en muchas ocasiones y sobre todo, se han dicho una cantidad casi infinita de tonterías. Desde algunos sectores se ha intentado demonizar a una cierta parte de España, adoptando, por ello, una actitud sumamente peligrosa.

 

En cualquier caso, en la legislatura que viene se ha de afrontar el desarrollo de los Estatutos de Autonomías con la suficiente serenidad y con una visión de conjunto. Tal vez, en todo este proceso, se eche en falta la existencia de herramientas de coordinación entre las Comunidades Autónomas y el Estado, y, sobre todo, entre las propias CCAA. A veces, existe una sensación de desbarajuste, de que cada uno actúa por su cuenta y riesgo.

 

Y eso que todas las Comunidades, junto al Estado, han de enfrentar retos formidables de manera coordinada. Un ejemplo claro es el de la inmigración. Por desgracia, parece que de momento se impone el discurso del miedo, de la sospecha, el recelo. Se utiliza a los inmigrantes como chivo expiatorio de problemas que ya existían en España, como el de la economía sumergida. Y se olvida alegremente lo mucho que trabaja la inmensa mayoría de extranjeros, y lo mucho que han contribuido al desarrollo económico español.

 

La economía, por supuesto, es otro de los argumentos que hay que tener presente en toda campaña electoral que se precie. El momento parece delicado, pero no alarmante. En cualquier caso, no se debería olvidar que, en el caso de la política económica, estamos muy limitados por la normativa europea. No es sólo que la política monetaria no esté ya en manos de España: la política presupuestaria debe seguir los estrictos criterios de estabilidad acordados en 1997.

 

Además, desde Europa se insiste en potenciar la llamada sociedad del conocimiento, lo que implica diversificar la economía y potenciar el desarrollo de nuevos sectores, para así no depender de algo tan poco fiable a medio plazo como el sector de la construcción. Ya se ha avanzado en esta dirección en estos últimos años, así como en el incremento de la inversión en I+D (Investigación + Desarrollo). Ahora hace falta que estas políticas se consoliden.

 

Antes de concluir este artículo, quisiera ofrecer un argumento más para ir a votar. En esta legislatura ha sobrado mucha mala uva y han faltado, en cambio, ganas de colaborar en grandes asuntos de Estado. ¿De verdad que para parecer más eficaces, más implicados en los grandes temas de España hace falta estar todo el día con cara de cabreo? ¿O se puede ofrecer una visión más constructiva de la política? Creo que las actitudes son fundamentales en política y que deberían pesar en el ánimo de los electores.

 

¿A alguno se le ocurren otras razones para ir a votar el próximo 10 de marzo?