40 años del “Régimen”

Guridi

Esta semana se han conmemorado los 40 años de las primeras elecciones democráticas tras el franquismo. Y nadie recuerda nada ya.

Es un poco difícil hacer ver a quienes no vivieron aquellos años lo que era aquello. España era un gran cuartel, con una clase dirigente que se regía únicamente mediante la cercanía al tirano y una sociedad rendida, temerosa, que no había olvidado los horrores de la guerra porque los ganadores aún mantenían el dedo en el gatillo. Una sociedad en la que las mujeres necesitaban el permiso de un hombre para trabajar, en las que las personas LGTB iban la cárcel, en la que la palabra de un cura o un portero “caballero mutilado” te podían hundir la vida.

Y es más difícil de explicar aún el milagro de que los prebostes de ese régimen aceptasen hacerse el “harakiri” votando contra sí mismos en las Cortes franquistas. Como varios destacados franquistas, puestos de acuerdo con la oposición en el interior y en el exilio, obraron el milagro de que un día se sentasen en el hemiciclo Arias Navarro y Blas Piñar y poco después, se sentasen Carrillo y “La Pasionaria” sin haber entrado por la fuerza. Y todo esto en un contexto en el que ETA mataba casi todos los días.

Pensar que la Transición fue perfecta es un error pero pensar que se podría haber hecho mucho mejor, o que se podía haber iniciado un proceso revolucionario de alguna clase, es un error peor. Y uno grave, además. En 40 años hemos ido teniendo tiempo de ir puliendo detalles de aquella transición. Y hemos mejorado en algunas cosas y en otras no hemos quedado a medias.

Por ejemplo, los usos cleptocráticos del régimen han ido tardando mucho en desaparecer y fueron adoptados por los demócratas recién llegados. Eso aún tiene que ir desapareciendo. Sin embargo, los procedimientos democráticos, las elecciones, los principales derechos civiles, no han dejado de mejorar desde entonces. Pensemos en esta semana, que es también la semana del orgullo, como hombres que han estado presos por “invertidos” se han podido casar con sus parejas gracias a las leyes de un PSOE al que han podido votar.

O cómo España pasó de ser un país del segundo mundo -como Rumanía o Polonia- a ser parte del primer mundo en un periodo de tiempo milagroso. La democracia llegó con una gran crisis económica, la crisis del petróleo de los años 70, pero también ha traído menos desigualdades, más desarrollo económico y esa misma sociedad, que apenas movió un dedo para derrocar al dictador, es una sociedad más demócrata, más solidaria y menos intolerante que antes. Una sociedad que, además, destaca por ello en una Europa cada vez más tomada por las derechas nacionalistas y xenófobas.

La “generación mejor preparada” que ha llegado al Congreso, especialmente los macarras de Podemos, no parece tan preparada cuando dan lecciones de historia recordando a Indalecio Prieto, pero son incapaces de recordar a Tomás Centeno o Felipe González. Así que les tenemos montando homenajes a víctimas del franquismo, mientras parecen ciegos al hecho de que fueron el resto de partidos quienes aportaron esas víctimas. Y es que los “preparados” de Podemos comparten con el antiguo régimen el matonismo, el gusto por el pluriempleo de los políticos y las demandas de leyes a medida.

No me atrevo a decir cuál puede ser el mejor homenaje a los 40 años de democracia, salvo ser demócrata y pedir a los demás que lo sean. Por la democracia es algo más que votar en unas urnas, es respetar los resultados, respetar las normas comunes a todos y las opiniones ajenas. En eso tambièn nos queda mucho camino por recorrer.