23A

Senyor_J 

Hay veces que la falta de inspiración propia y ajena reduce a una única cosa lo que puedes obtener. Eso mismo me sucedió el pasado sábado, un día en que una mañana soleada dejó paso a una tarde lluviosa, haciendo honor a una de las características más reconocidas de ese periodo del año que denominamos primavera. Esa lluvia en esa tarde dejó tras de sí un paisaje de rosas y hojas mojadas, que desmotivaron a más de uno para seguir paseando y le ofrecieron la oportunidad de pasar al recogimiento que ofrece un lugar tranquilo donde sirvan cafés o el reconocible calor del propio hogar.

Siendo la media tarde y lloviendo a cántaros, no quedaba otro remedio que escapar con el único botín del día y centrarse en su lectura. Se trata del Imperio del algodón, de Sven Beckert (Critica, 2016), una obra que ha sido bastante difundida por los medios que dedican su atención a los libros y que ha merecido numerosos elogios en tanto que aportación histórica a la comprensión de la época contemporánea. Ello necesariamente debe regocijarnos ya que son pocos las monografías históricas de alto valor académico que se publican en España y encima pasan desapercibidas en medio de un conjunto de trabajos que se reeditan una y otra vez, como si fueran clásicos, cuando a menudo no son más que aportaciones desfasadas, o bien entre centenares de libros sin interés que surgen de la autoproducción de los departamentos universitarios de nuestro país.

En efecto, casi se pueden contar con los dedos de la mano los libros publicados en los últimos años que compartan las características del que nos ocupa. Porque El Imperio del algodón se  presenta ante nosotros como una análisis crítico del papel de la producción de algodón durante la industrialización y traza con ello un retrato de ese periodo comprendido entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX en que esta materia prima cobraría un papel fundamental para el capitalismo y su hegemonía global.

Frente al mundo de las minas de carbón, de los ferrocarriles y las plantas siderúrgicas, Beckert recuerda que es el algodón el producto clave de esa transformación histórica irreversible que vinculada a la industrialización. Porque se trata de un producto que requiere un uso intensivo de la mano de obra, tanto en el campo como en la fábrica. Porque a diferencia del azúcar o el tabaco, dio lugar a una gran masa de proletarios industriales y a la aparición de grandes empresa manufactureras, a la vez que abrió nuevos mercados a los fabricantes europeos como ningún otro producto. Se extendería por el mundo como ninguna otra industria y también sería responsable de un crecimiento enorme de la esclavitud y el trabajo asalariado. Las aportaciones del autor recorren con gran detalle un periodo de casi cien años, en que la industria algodonera crece, se consolida, domina y entra en decadencia, para retornar progresivamente desde los Estados europeos a sus zonas tradicionales de producción, donde se desarrolla actualmente.

De entre los numerosos elementos rescatables de este trabajo, me gustaría destacar dos.

Primero, que el autor utiliza el concepto de capitalismo de guerra para referirse al proceso de despliegue del capitalismo sobre un ámbito global. Argumenta para ello que las nuevas formas de organizar la producción, el comercio y el consumo que se despliegan durante el periodo estudiado reposan sobre una serie de elementos centrales como son la esclavitud, la expropiación de los pueblos indígenas, la expansión imperial, el comercio protegido y la soberanía que los empresarios ejercen sobre gentes y territorios. Sugiere que el capitalismo de guerra es algo que se extiende ya desde el siglo XVI, en un proceso creciente de explotación intensiva de la tierra y la mano de obra en el campo, que va acompañado de la expropiación violenta de territorios y fuerza de trabajo en América y África. Esas características hacen rechazar al autor el uso más tradicional del concepto de capitalismo mercantil, ya que capitalismo de guerra subrayaría mejor su cruda realidad y sus vínculos con la expansión imperial europea.

Segundo, que el autor desmiente que aquello que denominamos globalización sea un proceso novedoso y surgido en las últimas décadas, señalando que el capitalismo es un sistema de intercambio de dimensiones globales desde su origen y negando la existencia de un conflicto entre lo que supone el proceso globalizador y las necesidades de los Estados-nación, en favor de la conclusión de que ambos se han reforzado a menudo mutuamente. Así las cosas, el rasgo más destacado de la globalización hoy no sería un nivel inédito de interconexión a lo largo del globo, puesto que este ya estaría vigente desde hace 300 años, sino la capacidad que otorga a los capitalistas de emanciparse de esos estados-nación que en el paso pusieron las bases para su florecimiento.

Así las cosas, El imperio del algodón ofrece una ventana abierta a una realidad reciente en términos históricos, que se examina con nuevos criterios historiográficos e intenta aportar un análisis de fondo al origen del mundo que conocemos hoy. Se trata de una obra que hace valer aquella frase, casi siempre falsa, de que ese imposible comprender el presente sin conocer el pasado. Y es falsa porque las lecturas del pasado suelen estar viciadas por  la influencia de lo que hoy nos rodea, por la pereza de los historiadores, por sus desatinos o por su irrefrenable tendencia a escribir muchas más páginas de las necesarias. No es el caso de este libro y por eso debemos estar contentos.

10 pensamientos en “23A

  1. Interesante artículo el de hoy sobre un libro que aparenta ser muy ilustrativo. Algún día alguien escribirá otro sobre el imperio de la celulosa, al igual que el que hoy nos aporta Senyor_J, y en el que el autor también nos ilustre sobre la influencia de la fibra de celulosa, y su transformación en papel como vehículo de la información, y en el que aparezcan Johannes Gutenberg y Aloys Senefelder,quienes con la aportación del sistema de caracteres de imprenta el primero, y los primeros trabajos de litografía el segundo, dieron inicio a una era de información impresa, e industria vinculada, muy similar a la del algodón, y su uso, con idénticas y paralelas vidas a la del algodón en cuanto a esclavitud, deforestación,expolio, monopolio de las grandes industrias madereras y papeleras etc. etc, que se desarrolló en el pasado, y cómo la era digital rompe y transforma ese imperio trayéndonos a la situación actual en el que las artes gráficas pesan cada vez menos en el mundo de la comunicación, en favor de la información instantanea por la vía de los grandes archivos de información digitalizada, los motores de búsqueda, y el acceso a la misma, de forma inmediata, a traves de nuestras pantallas.
    Yo, que en mis inicios profesionales vi como se gravaban a mano las piedras litográficas, se montaban galeradas de textos con caracteres individualizados et. etc. he sido testigo del paso de las ARTES gráficas a la TECNICA gráfica actual, en la que el botón y la pantalla ha destruido millones de puestos de trabajo y transformado el mundo en el campo de la información. Los papeles de Panamá no serían posible sin el pendrive.

  2. Tiene usted valor al leerse aún “tochos”. Yo estoy a vueltas con el de Piketty desde hace meses (lo confieso) y no encuentro nunca la velocidad de crucero.

    Tras el proemio, la sustancia.
    Creo que la globalización es uno de los terminos más manoseados y manejados de manera interesada, como cebos, como señuelos como cobertor etc. Es seguro un proceso que tiene cosas favorables y desfavirables según la optica desde la que se mire. Algo de lo que estoy seguro, a su vez, es que no es condicion necesaria apra la globalización el entramado de reglas , practicas y procesos que permiten , de manera escandalosa, el forre de los previamente forrados.

    Vamos, que una cosa es la globalización y otra teenr una jeta como un piano. Situación a la cual contribuyen muy animosamente economistas, politologos, sociologos, historiadores etc y mas que apsan por ahi, proveyendo de sustrato normativo a una situación puramente electiva.

    Y yasta.

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    Por otro lado quiero saludar especialmente a Amistad Civica, que ayer calló en mis manos un relato llamado “Bartleby el escribiente” y me acordé de él.

  3. Muy interesante el post e incluso el post q apunta Fernando.
    Laertes no corrija, lo bonito q es q alguien calle en nuestras manos aunque sea un relato!

  4. Mulligan lo mio de ayer con Autosuficiencia era una broma con la cancion. Soy votante de lo q me dice IU, como voy a pensar q los votantes aciertan?! 🙂

  5. Excelente artículo de Calleja que copia PMQNQ. Y valiente. Muy valiente cuando señala ( además) la miseria moral de ese ególatra patológico que dirige Podemos cuando habla del etarra. Otegi no es un arrepentido sino un derrotado ( por el estado de derecho) que intenta seguir con su negocio por otros medios. No faltarán tontos útiles en nuestra izquierda que nos vendan ahora que es el nuevo Mandela. Su proceso de blanqueo ya empezó en La Sexta, siempre tan dispuesta. Al final va a resultar que le tenemos que dar la gracias por haber dejado de matar.
    ::
    Estimado don Fernando, alguna vez nos enteraremos de verdad quienes han filtrado los papeles de Panamá. No pierda de vista mientras tanto la guerra que hay entre los paraísos fiscales: EEUU a la cabeza. Billones de dólares están en juego.

  6. Sobre la visita de Otegi al Europarlamento, de la mano de Podemos e IU:

    “(…) Otegi llegó a calificar a ETA con un eufemismo difícilmente superable: «La persuasión armada». El invitado es un hombre de paz para sus anfitriones: IU y Podemos. Él se dio de baja en la banda terrorista que lo dejaba en 1982, ETA (p-m), para sumarse a la rama militar que siguió matando, o por decirlo con palabras de su jefe, Mujika Garmendia, ‘Pakito’, «una organización que lucha para conseguir la paz».

    Mientras explicaba en Bruselas el problema vasco y exigía la excarcelación de los presos y la vuelta de los fugitivos, las eurodiputadas Maite Pagaza y Teresa Jiménez-Becerril, enviaron al presidente Schulz un escrito de protesta, que también suscribieron el PP, Ciudadanos, UPyD e independientes del Grupo Alde. No lo firmaron los convidantes, el PNV ni el PSOE, olvidados ya Buesa, Jáuregui, Lluch, Elespe, Priede, Pagaza y Carrasco. ETA dividiendo en dos a los europarlamentarios españoles, gracias al PSOE. Zapatero lo hizo mejor en octubre de 2006: consiguió dividir en dos al propio Parlamento europeo.

    «No lograrán borrarnos la sonrisa», dijo Otegi, lo que admiró no poco al organizador del encuentro, Irving Rappaport, por ser la primera vez que «un invitado de una zona en conflicto defendía la sonrisa para lograr la paz». Eso es porque no invitaron a Iñaki de Juana Chaos, que fue sucesivamente lo que Otegi considera «un preso político», para ser en la actualidad «un refugiado» de Maduro. Lo explicó así cuando era un terrorista preso: «Me encanta ver las caras desencajadas de los familiares en los funerales. Aquí, en la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas y acabaremos a carcajada limpia».
    (S. González)

  7. Me parece muy bien lo que escribe Calleja y estoy de acuerdo con casi todo lo que dice Javier respecto a Otegui pero francamente yo creo que el mejor desprecio es no hacerle aprecio, como está haciendo la inmensa mayoría de la sociedad vasca.

  8. De acuerdo LBNL. Esa sería la actitud más coherentemente democrática. No estoy seguro de que sea la que comparte la mayoría de la sociedad vasca (que está siendo acunada lentamente con la letanía tramposa del “pasar página”) pero sí que parece claro que por lo menos no la comparten ni los líderes de Podemos ni los de IU. Y vista la pasiva/huidiza actitud de los europarlamentarios socialistas (y populares) me temo lo peor.

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