La partida de cinquillo

Julio Embid

 Cuando la chica ecuatoriana que ayudaba en casa de Piluca trajo el café y las pastas, nosotras ya habíamos comenzado con nuestra partida de cinquillo. Aquella partida iba a ser difícil con aquel caballo de espadas suelto sin ninguna espada que le acompañase. Pero a nosotras nos servía para pasar la tarde y conversar.  Sigue leyendo