Castigo legítimo y necesario pese a Trump

LBNL

Como afirma la periodista Ana Navarro, seguramente Trump ordenó el bombardeo limitado de Siria para distraer la atención sobre sus crecientes problemas legales pero ello no invalida la legitimidad de la operación militar combinada con Reino Unido y Francia de la madrugada del sábado pasado para castigar al régimen de Asad por haber vuelto a utilizar armas químicas contra su población en Gouma el sábado 7 de abril. Occidente llevó el ataque al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pero una vez más Rusia, que a finales del año pasado ya impidió la renovación del mecanismo de investigación conjunta internacional establecido para verificar el desarme químico sirio, vetó cualquier condena o iniciativa internacional. Occidente tenía solo dos opciones: no hacer nada en respeto escrupuloso de la legalidad internacional o interpretar que el uso de armas de destrucción masiva contra civiles no puede quedar impune. Occidente ya bombardeó Serbia sin autorización internacional a cuenta de la represión de Milosevic contra los kosovares. E invadió Iraq a cuenta de las armas nucleares que Sadam estaba supuestamente desarrollando. La invasión de Iraq fue un gravísimo error pero no tanto por la falta de autorización del Consejo de Seguridad sino porque se sabía que el programa nuclear de Sadám había sido completamente desmantelado varios años antes. En aquel momento EE.UU. mintió, a sabiendas, con el único apoyo de Tony Blair (y de Aznar, Berlusconi y los países de Europa del Este). El veto ruso o francés no fueron necesarios: no había mayoría en el Consejo de Seguridad a favor de la invasión. Asad no solo ha mentido conservando parte de su arsenal químico pese a haberse comprometido a desmantelarlo sino que lo ha vuelto a usar. No le podía salir gratis. Tampoco ha pretendio Occidente invadir el país (en puridad ni siquiera se invadió su espacio aéreo) y deponer al régimen. Rusia por supuesto ha denunciado el ataque como una grave violación de la legalidad internacional y ha advertido sobre las consecuencias desastrosas que tendrían más ataques. No hay de qué preocuparse. No activó sus defensas anti-aéreas, como tampoco lo hace cuando Israel bombardea objetivos iraníes o de Hezbolá en Siria, y es probable que por lo bajo esté muy satisfecha de que Asad, al que no consiguen controlar, reciba una advertencia seria: le hace mucho más dependiente de Rusia.

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