La jugada de poker de Alexis Tsipras

Magallanes 

Este joven ingeniero de familia acomodada, antiguo miembro del Partido Comunista griego y posterior jefe de la izquierda griega radical, SYRIZA, consiguió que su mensaje electoral le granjeara un 17% del electorado griego en las recientes elecciones de mayo. Las caídas de votos del partido socialista, PASOK, y del partido conservador, Nueva Democracia, hicieron imposible un gobierno de coalición de estos dos últimos. Las  disminuciones de sus votantes se debieron a que aceptaban los recortes quela ComisiónEuropea, el FMI y el BCE – la troika –  imponían a Grecia para que pudiera obtener un segundo paquete sustancioso de ayuda financiera. Sin este, Grecia se encontraría desnuda frente a los inversores internacionales y ello precipitaría su quiebra y salida de la zona euro. Al no poderse formar gobierno, se han convocado nuevas elecciones para el 17 de junio.

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El informático

Tomando posiciones

Barañain

Con el portazo del PP de Basagoiti al gobierno de Patxi López, la actividad política vasca tiene ya un inconfundible aroma preelectoral por más que sea incierta la fecha en que se vaya a convocar a las urnas a los ciudadanos y no se descarte que sea larga la espera.

¿Por qué rompió el PP su acuerdo con los socialistas vascos? Desde luego no ha habido nada en la ejecutoria del gobierno de Patxi López –al margen de que guste más o menos-,  que contraviniera el pacto alcanzado en su día con los populares. El acuerdo o la discrepancia que el gobierno vasco pudiera mantener con el gobierno central –ya estuviera en manos de Zapatero o de Rajoy-, no formaban  parte de aquel pacto para la legislatura vasca. Quizá por ello Basagoiti  no tuviera más remedio, una vez decidido el desmarque, que mostrarse maleducado y anunciar la despedida ante la prensa sin informar previamente al lehendakari ni reunirse con sus hasta entonces socios en la comisión  de seguimiento del acuerdo: eso le habría obligado a concretar denuncias de incumplimientos imposibles de improvisar.

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Cuestión(es) de confianza

José D. Roselló 

La palabra “confianza” aplicada a la economía española no deja de aparecer en boca de responsables económicos, analistas, tertulianos, periodistas e incluso en otros gremios conspicuamente opinadores como taxistas y camareros.

Una de las cuestiones principales , pensamos, que nos tienen sometidos a tensión diaria es que no hay confianza en la economía española, y por eso la prima de riesgo es muy alta; o que no hay confianza en la economía española, y por eso las previsiones de los organismos internacionales son malas (y la prima de riesgo encuentra de nuevo motivos para ser alta); o que no hay confianza en la economía española y por eso no se hacen negocios, no se consume y estamos encerrados en casa atemorizados (con lo que las perspectivas de crecimiento se deterioran y, sí, lo han adivinado, la prima de riesgo tiene otra razón para incrementarse).

Aunque el argumento de “la confianza” o “recuperar la confianza” parece que a veces se use un poco abusivamente, cuando no se poseen argumentos objetivos mejores, es cierto que la confianza de los agentes es una variable económica relevante. Si es elevada, o se incrementa, consumidores y empresarios están más dispuestos a gastar y a invertir que si esta es baja o se está deteriorando.

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La brecha

Alberto Penadés

La última estimación del CIS, el barómetro de abril publicado en mayo, sitúa la intención de voto en  estas cifras: 40,6 / 29,6 a favor del PP, en porcentajes de voto válido. La estimación de hace tres meses era  42,7 / 28,0. Una pequeña contracción de la distancia (desde casi 15 hasta 11 puntos). En noviembre la distancia entre los dos partidos fue de  tres millones y cerca de novecientos mil votos.  En números redondos, 16 puntos de diferencia en porcentaje de votos válidos, algo más de 10 puntos de diferencia, en porcentaje sobre el censo. Nunca se había abierto una brecha tan grande a favor del PP, y como se ha repetido con mucha razón, no por especial mérito suyo, ya que el PP, en términos absolutos a población constante -como porcentaje del censo electoral- se quedó justo por debajo del año 2000; mientras que la caída del PSOE fue de miedo.

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#12M15M: Un año del Movimiento ‘indignado’

Aitor Riveiro

El pasado Puente de San Isidro Madrid celebró, a parte de la festividad de su patrón, el aniversario del Movimiento 15-M. Entre el 12 y el 15 de mayo la Puerta del Sol volvió a resonar con los cánticos de decenas de miles de ‘indignados’. Además de Madrid, que fue cuna de las movilizaciones hace ahora un año, muchas ciudades de España secundaron las movilizaciones hasta el punto de que, por primera vez desde que estallara el movimiento, no fue en la capital donde se produjeron las manifestaciones más multitudinarias, sino en Barcelona, según los datos oficiales aportados por los cuerpos de seguridad.

Esta es la primera gran diferencia entre el 15-M de hoy y el de los días previos a las elecciones municipales y autonómicas de 2011. Pese a ser de carácter estatal (e incluso internacional si lo asociamos a otros como ‘Occupy Wall Street’ o ‘We are the 99%’), hasta ahora el peso del movimiento radicaba en Madrid, generando incluso recelos en algunos sectores tradicionalmente combativos arraigados en otras regiones. Es cierto que algunos de los episodios más mediáticos del proceso han tenido como escenario las calles de, por ejemplo, Barcelona; sin ir más lejos, el brutal desalojo de la Plaza de Cataluña y el consiguiente bloqueo del acceso al Parlament, agresiones a diputados mediante. Sin embargo, Madrid es, o ha sido hasta ahora, el nodo central de un movimiento que es, por su propia naturaleza, descentralizado.

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Intervención sí o sí

LBNL

Entiéndaseme bien. En modo alguno estoy a favor de la intervención de España por parte de la UE y el FMI. De hecho creo que sería desastrosa, para nosotros y para toda Europa. Lo único que digo, y lo siento porque no me gusta nada ser agorero, es que España va a ser intervenida, quizás tan pronto como dentro de un par de semanas aunque más probablemente dentro de unos cuantos meses, pero lo será, como intuye el 62% de los españoles. Lo peor es que la intervención es perfectamente evitable. Y nos dará todavía más rabia cuando veamos a los líderes europeos hacer mal y tarde lo que habría hecho falta para evitarla. Lo cual podría llevar a sospechar si no responderá todo a una voluntad política pre-determinada.

Si quisieran evitar la intervención de España, podrían empezar esta misma noche, en la cena informal del Consejo Europeo que tendrá lugar en Bruselas. Después de que Obama les haya leído la cartilla en la Cumbre del G8 del pasado fin de semana en Camp David, la Canciller Merkel podría dar su brazo a torcer y sumarse a un llamamiento claro y nítido de los representantes democráticos de la ciudadanía europea al Banco Central Europeo para que garantice la estabilidad financiera en los próximos meses y años, cueste lo que cueste.

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El sindicalismo necesario

Juan A. Maroto y Saturnino Martínez (@mandarrian)

Este artículo se publica conjuntamente en Debate Callejero y en Líneas Rojas

Los sindicatos conforman el mayor poder de movilización social organizado de la izquierda. Tanto por su número de militantes como por los recursos que son capaces de emplear, no hay otra institución de defensa organizada tan fuerte para aquellos que no tienen ni el poder económico (empresarios) ni el poder simbólico (intelectuales, expertos) de una sociedad. Debilitar a los sindicatos supone por tanto debilitar esa inmensa fuerza de movilización. No resulta nada extraño que la derecha los considere como gran contrincante a batir. Parte de su estrategia consiste en resaltar de manera sensacional sus errores o defectos , como su corporativismo y su exceso de vida burocrática. Son fallos que sin duda deben ser corregidos. Pero otra parte se basa simplemente en manipulaciones, como cuestionar su representatividad por su número de afiliados. A nadie se le ocurre medir la representatividad de un partido por el número de sus afiliados, sino por sus votos. ¿Por qué se emplea este rasero para la representatividad sindical (Gráfico 1)? Probablemente el origen de esta manipulación se deba a que hay países con alta tasa de afiliación, al menos en algunos sectores profesionales. Pero lo que jamás se dice es que en estos países los convenios colectivos solo afectan a quienes forman parte del sindicato, y que en ocasiones la afiliación es obligatoria para poder trabajar en un determinado oficio, como sucede en EE UU.

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Desconfianza y soberbia

Lobisón

A François Hollande se le ocurrió decir que se podía utilizar el fondo europeo de rescate para capitalizar a los bancos españoles en dificultades, y Mariano Rajoy le ha respondido con prudencia que Hollande no podía conocer la situación de la banca española. Pero además dijo que lo primero que había que hacer era llegar a conocerla, que es una forma de admitir que el gobierno español tampoco sabe cómo están las cosas. Así, contra lo que probablemente era su intención, ha contribuido a crear desconfianza en los mercados y en Bruselas sobre la situación de la economía española.

Los dirigentes del PP insisten en culpar al Banco de España (al gobernador Miguel Ángel Fernández Ordóñez) de las incertidumbres. Ya se ha subrayado mucho que el gobernador debería haber dedicado al examen de los balances de las Cajas de Ahorros, y en especial de Bancaja, el tiempo que dedicaba a exigir una reforma laboral radical. Pero eso no quita para que las responsabilidades del desmadre recaigan en primer lugar en los dirigentes de las Cajas, Olivas en el caso de Bancaja y Rato, en Bankia, que fue el que le compró la moto.

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Cualquiera tiempo pasado

Frans van den Broek

Es difícil disentir del juicio de alguien que se queja de haber tenido que contemplar caca de elefante, con moscas y todo, en un cuadro (o que decía serlo). O de quien lamenta la puerilidad en que han caído muchas de las artes y humanidades de nuestro tiempo, o de quien advierte del peligro que para la democracia representa el que la política se haya convertido en mera manipulación mediática y superficialidad ideológica. Ese es el principal problema que el lector tendrá, quiero suponer, con el último libro de Vargas Llosa, el que le será arduo estar en desacuerdo con lo que dice, aun cuando el cuerpo le pida lo contrario, y esto por varias razones que requerirían un análisis más acucioso que el que es posible hacer aquí, pero de las que podemos mencionar algunas que saltan a la vista a la primera lectura.

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