Negociaciones y basura

NEAP

Admito de inicio mi error táctico: cuando el PP y su coro de la TDT trata de reavivar la presión contra Zapatero, Rubalcaba y el PSOE en general a cuenta de las negociaciones con ETA, la mejor defensa sería un buen ataque, y no consentir que “el enemigo” (en este caso parece un término más apropiado que el de adversario, lamentablemente) consiga centrar el debate sobre lo que supuestamente más le interesa.

Así que una vez levantado el secreto judicial sobre las “actas de Thiery” entregadas por la Jueza antiterrorista francesa Levert al Juez Ruz de la Audiencia Nacional que lleva el sumario “Faisán”, lo que deberían hacer los tácticos del PSOE es tomar la iniciativa y atacar al PP por un flanco débil o subrayar los éxitos del Gobierno y/o el PSOE en otro terreno. Por ejemplo, podrían tratar de centrar la discusión sobre la generosa contribución española al esfuerzo internacional para impedir que el sátrapa libio masacre a su población, exaltar los beneficios que traerá el nuevo paquete de reformas anunciado por el Presidente en el último Consejo Europeo o machacar con el record negativo histórico de criminalidad anunciado esta misma semana.

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La “División Azul” y “la Nueve”, españoles en tiempo de leyendas

José D. Roselló

Como a muchos, cuando era crío me encantaban las películas de guerra, y aún lo siguen haciendo, por cierto. Clásicos del cine bélico como “El día más largo,”Los violentos de Kelly”, “La Gran Evasión”, “La Batalla de Inglaterra”, “Arde Paris”, “Patton”, “Rommel”… eran películas antes de que el trauma de Vietnam hubiese pegado fuerte en Hollywood y de que a Spielberg se le ocurriese todavía retratar como fue de verdad desembarcar en una playa fortificada. En resumen, épica.

Pobladas de heroicos modelos masculinos, sin dudas, sin fallos, con historias de superación y valores resonantes, libertad, democracia,  para mí y otros como yo, la segunda guerra mundial, sin mucha exageración, es lo que fue la Ilíada, historia y mito.

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El Yemen, ¿la siguiente revolución?

Magallanes

 Desde que cayó Mubarak en Egipto el 11 de febrero, empezaron en Yemen a manifestarse contra el dictador Abdullah Saleh exigiendo su dimisión. Éste lleva 33 años en el poder con un partido único, aunque no tan vistoso como el de Gadafi. Se trata de un país con una orografía mucho más abrupta que la de Libia y donde, a pesar de la dictadura, han sobrevivido distintos grupos rebeldes. El país estuvo dividido, la región del sur limítrofe con el océano sigue anhelando la independencia, perviven con fuerza las tribus y clanes que se pelean frecuentemente, hay una población urbana con sus correspondientes estudiantes universitarios y se infiltran desde Arabia Saudita en el norte pequeñas guerrillas de Al Qaeda o simpatizantes de la misma. Abdullah Saleh ha mantenido el poder durante 3 décadas a base de jugar con las rivalidades de todos estos grupos. Cuando empezaron las actuales manifestaciones, Abdullah Saleh pensó que podría desactivarlas con diversos métodos: repartió subsidios generosos sin exigir nada a cambio, empezó a repartir automóviles a los jefes más fiables e hizo promesas de democratización. Finalmente, cuando los universitarios de la Universidad de la capital Sanah montaron en una plaza adyacente un campamento al estilo de la plaza cairota de Tahrir exigiendo su marcha del gobierno, empezó a mandar policías antidisturbios repartiendo gases y palos. Pero la concentración siguió en dicha plaza y las  manifestaciones de apoyo se extendieron a otras ciudades y pueblos.

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Cerebro & Mente

Dagfinn

Como recordarán, en el anterior artículo que publiqué hablé del Trastorno Límite de Personalidad (TLP), dando lugar a un debate sobre el Trastorno de Hiperactividad con Déficit de Atención (TDAH), tema que me parece un buen punto de partida para esta nueva entrega.

Antes de abordar directamente el asunto, me parece importante resaltar la confusión que se observa en la concepción sobre salud mental en general y en la infantil en particular, que obedece a los dos modelos generales de comprensión de la realidad clínica de los trastornos mentales.

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El peligroso territorio de la rumorología

Millán Gómez

El centro del debate político durante los últimos tiempos en España viene marcado por la decisión afirmativa o negativa de Zapatero en cuanto a su candidatura a las elecciones generales. Todo son suposiciones. No se ha producido ninguna declaración rotunda sobre este tema. No hay más que meras especulaciones y juegos de palabras. En este peligroso territorio parecen sentirse cómodos últimamente ciertos dirigentes socialistas. Zapatero ha demostrado desde su llegada a La Moncloa que sabe manejar perfectamente los tiempos y, por ello, sus detractores siempre le han acusado de tener siempre suerte en el momento oportuno. Personalmente, no creo en la suerte y sí en el trabajo.

Zapatero es el único que sabe perfectamente su decisión, en caso de haberla tomado ya, que no tiene por qué ser el caso. Todos tenemos dudas y quizás él también. Puede ser éste el motivo principal por el cual aún no ha ofrecido una rueda de prensa solemne o una declaración institucional para anunciar su decisión. Me llama poderosamente la atención que los medios de comunicación no contemplen esta posibilidad. Se da por supuesto que sí, que Zapatero ha elegido no presentarse pero anda jugando con el tiempo y las formas. No es descartable la opción de que quiera aplazar la decisión a una mejora en la situación económica del país o a analizar fríamente los resultados de los comicios municipales y autonómicos del próximo 22 de mayo, por poner dos simples ejemplos. Pero no, en este país, por lo visto, el pueblo ya ha hablado y ha sentenciado categóricamente que Zapatero se vuelve a León el año que viene. Así, sin matices.

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Ambivalencias

Lobisón

En la confusión de las discusiones sobre la intervención militar en Libia juegan varias ambivalencias. Sólo desde una perspectiva muy simple se puede creer que el principal motivo de la intervención es el deseo de evitar víctimas civiles o el de garantizar el suministro de petróleo (o la voluntad de apropiárselo, como sostienen las almas más simples de todas). Las cosas son más complejas, y tienen que ver sobre todo con la opinión pública.

No es lo mismo que un tirano aplaste a escondidas a quienes se levantan contra él a que lo haga ante los ojos de la opinión pública internacional. Desde los tiempos en que Sadam Husein gaseó a los kurdos y a los chiíes han cambiado muchas cosas, unas en el campo de la comunicación (los teléfonos móviles e internet) y otras en el campo de las ideas.

La intervención para proteger a las víctimas de la represión adquirió legitimidad con los bombardeos sobre Kosovo y Serbia. La invasión de Irak fue un duro revés, que en el mejor de los casos obligó a una gran cautela a  la hora de plantear nuevas intervenciones, y en el peor desacreditó la misma idea de intervención militar en otros países. Pero ante las revueltas en los países árabes la presión para una intervención en Libia ha sido muy fuerte y los gobernantes no han podido ignorarlas y dejar que Gadafi arrasara Bengasi.

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Leña a la mona

NEAP

¡Qué follón! Fukushima sigue emitiendo radiaciones –ahora de origen ignoto- pese a que la situación parecía estar ya controlada; Socrates dimite en Portugal por el rechazo a su plan de austeridad; el euro vuelve a desplomarse por la inminencia de un nuevo rescate; Sortu ilegalizada con 3 votos particulares en el Supremo y con el agravante de que seguramente no haya tiempo para confirmación Constitucional antes de las elecciones; por si acaso, Batasuna ya tiene listo el plan B para ir en las listas de EA; Elizabeth Taylor finalmente ha hecho buena su necrológica del NYT de 2005 (su autor seguro no imaginó que él fallecería antes, qué ironía); y pende la irrepetible posibilidad de 4 clásicos Barça-Madrid en abril (¿se imaginan el juego que darían 4 derrotas de Mou a manos del insoportablemente perfecto Pep?)… ¿No decían que la peor pesadilla del escritor era enfrentarse a la página en blanco sin saber de qué escribir? ¡En mi caso (será que soy más bien gacetillero amateur) el problema es el contrario! Y eso que no estoy al tanto de la última de Belén Esteban con Andreita.

Zapatero a tus zapatos. Zapatero yo, me refiero, no a ZP. ZP que se ocupe de lo suyo, que es lo nuestro, que bastante es, incluido el engorro de la “sucesión-me presento de nuevo-debate sobre la sucesión” y hacer frente a los “especul(merc)adores” cuya presión contra “la peseta” ya arrecia de nuevo por el retraso (ayer mismito) del mecanismo de rescate europeo hasta junio. Y cómo no, también de nuestra contribución al derrocamiento de Gadafi. Porque de eso se trata y no de una nueva cruzada neoco(n)lonialista al estilo Bush de inspiración petrolífera como demasiada gente se empecina en percibir pese a la elocuencia de los hechos.

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De la guerra, la verdad publicada y la inteligencia artificial

Aitor Riveiro

El debate de ayer en el Congreso para pedir la convalidación de la decisión del Gobierno de sumarse a la coalición internacional que interviene en Libia no pasará a la Historia por su brillantez, aunque sí nos deparó algunos detalles que merece la pena resaltar.

El presidente del Gobierno explicó durante 30 minutos los motivos por los que, en opinión del Ejecutivo, España debe participar activamente en la operación Amanecer de la Odisea. En esa media hora no mencionó la palabra “guerra” ni la palabra “Irak”. La primera sí la usó en la réplica, seguramente porque no se dio cuenta de que lo hacía o la improvisación le llevó a no poder tirar de un sinónimo.

Zapatero, y el PSOE, tienen claro que España debe apoyar esta intervención activamente pero viven presos de su pasado. Incluso aunque fuera cierto que, objetivamente, los socialistas no han cambiado de opinión, la verdad publicada supera siempre a la verdad a secas. Y esa verdad publicada es la de un Zapatero pacifista contrario a cualquier guerra u operación militar. Y esa verdad publicada se reduce a Irak, sin tener en cuenta Afganistán, Líbano o el océano Índico.
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Tan japoneses

Barañain

Sabido es que Japón étnicamente  es un país muy homogéneo;  sus 127  millones de habitantes – entre los cuales apenas se cuentan dos millones  de extranjeros, de ellos un tercio  coreanos nacidos en Japón pero sin  la nacionalidad japonesa- comparten casi una sola etnia, un solo idioma, una historia, una cultura. Un territorio aislado durante muchos siglos del resto del mundo, una isla (o un pequeño conjunto de islas)  con pocos recursos naturales y poco espacio para vivir. Un país muy proclive a los desastres naturales.

Si de enumerar los tópicos se trata, resulta fácil  cuando nos referimos a los japoneses: sabido es que son un pueblo disciplinado, ahorrador, austero, con un sentido muy comunitario (o más comunitario que individualista) de la vida, con unos consolidados patrones de conducta (muy inculcados desde la niñez), de respeto a los mayores, de respeto a las normas sociales, de homogeneidad social. Donde la jerarquía lo es casi todo. Leí en cierta ocasión los resultados de unas encuestas que revelaban el futuro que los padres japoneses querían para sus hijos: en un 20% que fueran empleados públicos, en un 15% deportistas, en un 10% médicos; después,  “policía” era la opción preferida. Eso si se les preguntaba por los hijos varones. Para sus hijas deseaban un futuro como enfermeras (15%), empleados públicos (10%), maestras (15%), etc. Algunos veían en esa predilección paterna tan acusada por el futuro como funcionarios, maestros y policías, un reflejo de su respeto reverencial hacia la autoridad.

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Por fin Europa reacciona

Magallanes

La revolución democrática de Túnez seguida de la de Egipto, en las cuales tuvieron mucha importancia  jóvenes generaciones con facilidad en el uso de móviles, facebook,  twitter y ganas de derrocar dictaduras gerontocráticas, encendieron similares revoluciones en el resto del mundo árabe. EEUU y Europa se vieron sorprendidos. Estaban acostumbrados a un statu quo con las dictaduras y monarquías ancladas en el pasado. Pero finalmente reaccionaron, aunque con cierta tardanza, poniéndose del lado de los movimientos renovadores en Túnez y Egipto. Sus dictadores se vieron abocados a marcharse al no estar sus cúpulas militares dispuestas a mancharse de sangre. Le tocó el turno a Libia y Gadafi se negó a renunciar al poder, cayese quién cayese.

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