Sistema de bienestar (V)

Frans van den Broek

La colega que tendría a Rafiri en su grupo pidió conversar con Fernando, para saber algo del cliente, como era habitual antes del inicio de un curso. Normalmente disponía el consultor de un informe previo, pero en este caso se había retrasado por la misma carga de trabajo y tendría que pedirle información a Fernando de manera personal. Fernando no vio esta perspectiva con buenos ojos, pues la colega era atractiva, y a él le perturbaba hablar con mujeres guapas con las que sabía no tenía la más mínima posibilidad de seducción. Además, la mujer tenía un carácter dominante que asustaba al hombre más terciado. Pero cumplió con su deber de modo estoico, advirtiendo a Jacqueline que Rafiri tenía problemas, contándole más o menos su historia, sin exagerar o dar demasiados detalles, y recomendándole hacer uso de un trato paciente y poco directivo, aún a sabiendas de que esto último era poco menos que imposible para ella.       

Llegó el lunes y Rafiri apareció para el curso, que tomaba todo un día entero por semana en el local, durante ocho semanas. Las sesiones del entrenamiento se sucedieron sin problemas, y Fernando pudo ver a Rafiri por la tarde sentado en el cuarto de computadoras, buscando vacantes, y hasta se saludaron, pero Fernando no se detuvo, cauteloso por su reacción del otro día, y también algo herido, debía reconocerlo, porque él se había portado bien con Rafiri, mientras que este lo había acusado de negligencia laboral. Al día siguiente le preguntó a Jacqueline cómo se había comportado Rafiri, y ella le dijo que bien, aunque de modo muy retraído. No había dicho nada, no había conversado con sus compañeros de curso, si bien había hecho todos los ejercicios con facilidad. Todo el tiempo había estado serio y callado.

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Sistema de bienestar (IV)

Frans van den Broek

Afuera ha empezado a llover con ese tipo de lluvia que le recuerda a Lima, de gotas finas bajo un cielo de un gris uniforme y cansino. ¿Qué estarían haciendo los patas que había dejado en el Perú al partir a Europa, ahora ya casi veinte años atrás? Había perdido el contacto con casi todos ellos, pero sabía de sus destinos por amigos, incluso por la prensa. Varios de ellos eran ahora directores de organizaciones no gubernamentales, médicos, dueños de clínicas, profesores en América. ¿Qué dirían si supieran que su viejo y promisorio amigo caminaba ahora bajo un cielo limeño en un barrio populoso de Amsterdam, comiendo nueces de estudiante, rumbo a un trabajo rutinario y funcionarial que podría haber obtenido a los 20 años, como algunos de sus colegas, y con estudios elementales? Algunos de ellos no se lo creerían, como Gambirazio, con quien se había topado por la calle la última vez que fuera a Perú y contado más o menos sus peripecias europeas en un sinfín de trabajos miserables, desde músico de calle a pegador de carteles, tras lo cual este se había reído, creyendo que Fernando lo estaba vacilando. ¿Se reiría ahora de saberlo consultor de desempleados, o lo miraría con incomodidad, como había hecho Fournier durante otro viaje, al saber que se ganaba la vida de músico en un restaurante? ¿Qué le había pasado, se preguntarían, qué podía haber ocurrido para que el estudiante que se disputaban los departamentos de la universidad para que hiciera su master estuviera ahora arañando una existencia de semifuncionario de tercera clase? Tal vez lo atribuirían a la muerte de su padre, al gobierno de Alan García que arruinó a la familia, a los años de estropicio juvenil. Poco importaba ahora en que Fernando entra al local, saluda con un par de chistes a la recepcionista, y se dirige a su escritorio pensando en que tenía que terminar el reportaje sobre Rafiri, porque le esperaban unos veinte más para esta semana, y ya se había gastado una mañana entera dándole vueltas y atrasándolo.

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Sistema de bienestar (III)

Frans van den Broek

La memoria de Fernando se desliza hacia su propia experiencia de convivencia y al evocar a su hija, con su trajecito de princesa para una de las fiestas de la guardería, se le llenan los ojos de lágrimas. Tres añitos, una princesita. Ya entonces, hacía 5 años, se le habían llenado los ojos de lágrimas también, pero de alegría al contemplarla tan bella, tan dulce, riéndose con sus amiguitos, corriendo por el cuarto lleno de gente, de juguetes, de globos de todos los colores. ¿Cómo se podía separar a un padre de una hija, sobre todo cuando se la amaba tanto como amaba él a su hija? Fernando había conocido a personas que dejaban a sus hijos sin resquemores, hasta aliviados. Esto podía escucharlo y entender el significado de las palabras, pero no podía comprenderlo en absoluto. Alguna vez había leído que no había dolor más grande que perder a un hijo y ahora se lo creía, como se creía la frase que afirmaba que era posible enloquecer de dolor. Fernando había estado muy cerca de perder la razón cuando un día la madre de su hija le llamó para informarle que se quedaría en Finlandia, adonde había partido en principio para una estancia larga, pero temporal. ‘No puedes hacer esto, Essi, no puedes’ había balbucido en el teléfono, incapaz de creerse lo que oía. Nadie, en su universo moral, quebrado para siempre aquel día, podía decidir quitarle su princesita a un padre adorador y entregado, nadie. La relación con la madre ya había en verdad colapsado y Fernando ya estaba a la busca de otra casa, a pesar de sus resistencias, de sus llantos y peleas, hecho al que ya se había resignado, pero que se llevaran a su hija a otro país, al fin de la tierra, eso no podía ser, era demasiado. Quizá Rafiri era un monstruo que había cometido crímenes contra la humanidad, quizá había pegado y amenazado a su mujer, pero al menos en esto podía comprenderlo, en el dolor que sentía por la separación de sus hijos, a quienes siempre afirmó querer.

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Sistema de bienestar (II)

Frans van den Broek

Fernando miró a su alrededor, de súbito presa de un sentimiento de vago desconsuelo. El no podía imaginarse lo que había sido la vida de Rafiri, sólo sabía de ella los hechos externos, algunos de sus comentarios al respecto. ¿Quizá este desconsuelo era común a los hombres y los hermanaba? En cualquier caso, la intensidad con que lo habría sentido Rafiri tampoco le era imaginable de verdad, pues al lado de la de Rafiri su vida, por más que se quejara, era un paseo dominical por el Malecón de Miraflores en una tarde de sol y fresca brisa marina. 

Repasó alguno de los hechos de la vida de Rafiri en su mente, hechos que había reconstruido de las conversaciones algo atolondradas con él, mientras una colega se levantaba de su escritorio y buscaba conversación con la colega de al lado sobre algún tema trivial. Nacido en Kabul, cuando la ciudad era hermosa y floreciente, y el país gozaba de paz y cierta democracia en una familia acomodada, Rafiri había podido asistir a buenos colegios y a la universidad, graduándose de ingeniero electrónico. Su padre había tenido admiración por el pensamiento progresista de occidente y había sido un intelectual con tendencias izquierdistas moderadas. Quizá por esta razón el padre mandó a Rafiri a Moscú a perfeccionar su carrera. En cierto momento, sin embargo, había sido reclutado por el servicio de inteligencia afghano, ya tras la llegada del régimen comunista, y sus estudios tomaron en Moscú otra dirección, ligada al servicio. ¿Cuándo y cómo había decidido dedicar su vida a defender la causa del socialismo internacional de esa manera? De sus palabras pudo Fernando deducir que había sido entrenado por la KGB y que luego de unos años había vuelto a Afghanistán y ocupado un puesto en el ministerio del interior. ¿Qué habría hecho exactamente, cuál habría sido su función real? De nuevo, a Fernando no le había dicho nada claro, sólo insinuado cosas, soltado frases medio incoherentes.

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Agosto. Sistema de bienestar (I)

Alguien

Empieza agosto, mes de vacaciones, también en Debate Callejero. Pero no vacaciones totales, sólo parciales.

Este mes no aparecerá un artículo diario como el resto del año. Pero habrá, como novedad respecto a otros años, un relato de Frans van den Broek, nuestro holandés errante, publicado en cinco entregas, una en cada domingo de agosto. Hoy aparece la primera. Seguro que habrá debateros de guardia que animarán el blog durante todo el mes con sus comentarios.

Felices vacaciones. 

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