2010. El año de Sudáfrica

Julio Embid

Seguro que muchos de los lectores de Debate Callejero han visto Invictus, un cuento de hadas sobre Nelson Mandela y los Springboks (la selección de rugby) interpretado por el genial Morgan Freeman. Lo cierto es que el cuento elude diversos hechos que no lo hacen tan bonito, como que durante el mundial y sus prolegómenos hubo una serie de atentados afrikáners para boicotear a Mandela o que a Francia le robaron la semifinal porque Sudáfrica debía ganar ese mundial.

Este es el año de Sudáfrica. El año en que durante un mes todo el mundo mirará lo que hacen, lo que piensan, lo que comen o lo que sienten pasando después a un olvido para la gran mayoría y un bonito recuerdo para aquellos que ganen el Mundial de Fútbol. Por primera vez desde que se celebran los mundiales de fútbol se celebra en África, al sur del Sahara, en Sudáfrica.

La República Sudafricana es una potencia regional. Dispone de una superficie de casi tres veces la española con una población parecida (49 millones), la primera Bolsa de valores africana (Bolsa de Johannesburgo), su moneda (Rand) se usa también en Lesotho, Suazilandia, Namibia y Zimbabue y es el principal productor mundial tanto de oro como de diamantes. Sin embargo también tiene su cara negativa: más de la mitad de la población está bajo el umbral de la pobreza, la delincuencia controla las calles de las grandes ciudades, el paro supera el 25% (que si lo comparas con sus vecinos es una bendición) y la población afectada de VIH supera el 20%. Esto último junto a la tasa de natalidad más baja de África (2,1 hijos por mujer) y el éxodo de una gran parte de la población angloafricana en las últimas décadas (alrededor de un millón) ha hecho que la población haya disminuido desde el 2003.

 La democracia en Sudáfrica no está consolidada. Desde la transición a la democracia de 1993 un mismo partido ha gobernado el país: el Congreso Nacional Africano (ANC). En el periodo anterior, el del Apartheid, había democracia solo para los blancos, con un parlamento tricameral simbólico para las distintas comunidades y un partido dominante que gobernó durante cinco décadas (1948-1994), el Partido Nacional (NP). Hoy el primer partido de lejos es el ANC, el partido de Nelson Mandela y ahora de Jacob Zuma. El ANC es un conglomerado de organizaciones sindicales y guerrilleras de pensamiento anticolonialista y pan-africano formalmente dentro de la Internacional Socialista. La gran mayoría de sus militantes y votantes son bantúes (xhosa, zulú, tswana o sotho), asiáticos (hindúes, ceilaneses, bengalíes) y afrikáners (mientras respeten la propiedad privada y el latifundismo en las tierras), siendo menos votado entre los mulatos (coloured) y los angloafricanos. Es acusado permanente de corrupción y nepotismo, aunque el año pasado obtuvieron el 65% de los votos y una amplísima mayoría en la Asamblea Nacional (264 de 400). El segundo partido es la Alianza Democrática (DA), de carácter liberal y con mucho arraigo en la provincia del Cabo Occidental y en Ciudad del Cabo. Es el más votado entre los coloured y los angloafricanos (los blancos que hablan inglés o rooinek, cuellos rojos, como les llaman despectivamente los afrikáners neerlandófonos), pero está a años luz del ANC (16% de votos, 60 diputados). El tercer partido es una escisión del ANC, surgida tras el Congreso de 2007 donde el populista Zuma derrotó al menos populista Thabo Mbeki y donde los mbekistas decidieron salirse del partido para formar uno nuevo, el Congreso del Pueblo (COPE), más centrista y menos complaciente con Mugabe, el tirano de Zimbabue (7% de votos, 30 diputados) y por último destacaría al Partido Inkhata (IFP), un partido nacionalista conservador zulú que arrasa en la provincia de KwaZulu-Natal, con un líder de 82 años y colaboracionista con el apartheid y su política de bantustanes.

Pues bien, con todos estos mimbres el sistema no está consolidado. Muchos sudafricanos pensaban que la igualdad ante la ley, traería una igualdad económica, el fin de la violencia y el reparto de la tierra. La mayoría del ANC aplaudió la expropiación de tierras a los blancos rhodesios de la vecina Zimbabue para repartirla entre los familiares de Mugabe y los camisas viejas del ZANU y sin embargo Mandela no se atrevió a tanto. La abstención y el descontento con la política aumenta en todas las comunidades y la Política de Reconciliación Nacional ha quedado caduca y la igualdad ante la ley en función de etnia, raza, color o género que establece la Constitución de 1996 no lo es tanto, pues permite múltiples excepciones en función del origen tribal como es la Ley de Matrimonios Múltiples de 1998 (la cual merece un post aparte exclusivo), que permite a aquellos hombres procedentes de etnias donde se practicase la poligamia en el pasado a casarse con varias mujeres, negando la posibilidad de que una mujer pueda casarse con varios hombres (poliandria) o a un blanco hacer lo mismo que los zulúes creando una discriminación de género y de etnia para dar gusto al presidente polígamo Zuma, el de los veinte hijos con seis mujeres.

A pesar de todo Sudáfrica tiene una gran oportunidad histórica y merece la pena confiar en ella para la organización de un Mundial de Fútbol o para invertir en ella. Durante cincuenta años Europa permitió allí que el régimen más aberrante de la historia campase a sus anchas. Durante siglos esclavizamos a los nativos robándoles sus tierras y su ganado. Ahora no podemos olvidarnos de ella y de nuestras responsabilidades.