El hundimiento

Mimo Titos

 

Saltó la sorpresa: una heterogénea coalición de republicanos liberales y demócratas cabreados rechazó ayer en la Cámara de Representantes el plan de rescate de los “productos tóxicos” trabajado a toda prisa durante el fin de semana por el Departamento del Tesoro, la Reserva Federal y los líderes de ambos partidos.

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Un judío musulmán entre Oriente y Occidente

Frans van den Broek

 

 

Quiso la casualidad -pero alguna vez me dijo un poeta cum profesor de yoga peruano que el azar era una suposición elegante, pero insustancial, y Nietzsche reflexionó a su vez que los libros que necesitábamos se atravesaban misteriosamente en nuestra vida- que cayera en mis manos un libro de cuya existencia no había tenido ni idea hasta el momento fortuito de encontrármelo en un mercadillo de libros usados de Amsterdam. No hubo más razón para escogerlo que el título (que coincidía en principio con uno de mis intereses más fieles), un breve repaso de la contratapa, y mi compulsión a comprar cuanto material escrito presente perspectivas de entretenimiento y tal vez algo de saber. El libro, según pude descubrir después, había sido recibido con aclamación por la crítica en varias lenguas, pero había eludido mi atención por completo. Quizá mejor así, porque pude leerlo justo en momentos en que el Cáucaso volvía a ser motivo de preocupación internacional a raíz del conflicto militar entre Georgia y Rusia, y su lectura me sirvió de contrapunto adecuado para comprender mejor las raíces de un problema que desafía no sólo la capacidad de análisis de los así llamados expertos, sino, sobre todo, de los mismos implicados. Se trata de ‘El Orientalista’ de Tom Reiss, editado en España, según me informa la página web del autor, en Anagrama. A su vez, la lectura de este libro me impulsó a comprar cuanto antes la novela ‘Ali y Nino’ del escritor musulmán Kurban Said, por razones que el lector comprenderá de inmediato. A estas dos obras quisiera dedicar un breve comentario.

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Socialistas insospechados

Humberto Chao

Por mucho que se deteste a George W Bush, y por tantas razones, da siempre pena ver a un luchador vencido. Tan  gallito que presumía, ahora parece un patito mojado. Está tan castigado que está perdiendo incluso su falso acento tejano. Al final de su controvertido mandato todo parece haberle fallado, incluso el único éxito del que podía ufanarse: el resultado relativamente positivo (y probablemente temporal) del refuerzo de tropas en Irak. La crisis financiera ha caído encima de su pretendido “legado histórico” como si fuera un auténtico 11 de septiembre 2001. 

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¿Debe el PNV renunciar a sus ideas?

Millán Gómez

 

Tras el asesinato del brigada Luis Conde, la noticia copó todos los informativos de televisión, radio y numerosas páginas en los diarios. Pero una cobertura me llamó poderosamente la atención. Telemadrid, cómo no, analizó el suceso con su peculiar estilo. De este modo, con imágenes del atentado de fondo, una voz en off tenebrosa y apocalíptica afirmó al final de la información lo siguiente: “…e Ibarretxe dice que no renuncia a sus ideas”.

 

El tratamiento del atentado es manifiestamente partidista. También es subjetivo, pero toda información periodística no es objetiva desde el mismo momento en que un redactor selecciona unos datos y descarta otros. Ahora bien, existe la ética profesional y la honradez. En Telemadrid no, es evidente. Si esta cadena es así siendo pública, da miedo lo que será cuando sea privada. Directamente la podrían emitir desde la web del PP, sección FAES.

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No va más

Sicilia

 

Como dicen en la ruleta cuando echan a rodar la bola… rien ne va plus. Es hora de jugar, ya ha pasado la hora de las bravatas, las pullas y los consejos en tonillo de jubilado apoyado en una valla de obra.

 

Presupuestos Generales del Estado 2009, ahí es nada. Tras una larga época de vino y rosas donde la discusión mayor era cuanto superávit iba a haber y si este era mucho poco o adecuado, o sea, futesas, detalles, chantilly o puntillitas, asientos de cuero o techo solar, que es lo que traen los años de expansión, viene un año para retratarse. La cosa está para lobos de mar, hombres o ratones, Gary Cooper esperando a Ian Mc Donald  en un Hadleyville vacío, o más racialmente, cinco de la tarde, clarines y timbales, y en la plaza un toro negro que da miedo ver.

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La casa del padre

lope agirre

El poema más conocido de la literatura vasca lo escribió Gabriel Aresti, bilbaíno, comunista, amigo de Blas de Otero y de la verdad, como solía gustarle decir a él. El poema en cuestión se titula “Defenderé la casa de mi padre”. Muchas interpretaciones he escuchado y también oído sobre la significación simbólica del poema. Unos afirman que la casa del padre es la lengua vasca; otros que la patria. El poema acaba con estos versos: 

 

Me moriré,

se perderá mi alma,

se perderá mi prole,

pero la casa de mi padre

seguirá

en pie.

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Una vez más… ¿Y, ahora, qué?

Aitor Riveiro

Tres atentados en una semana, una víctima mortal y otra que no lo fue por azares del destino. Tras meses y meses de acoso policial, detenciones en ‘prime time’ retransmitidas en directo por Televisión Española y de oír, de boca de casi todos, que ETA estaba terminada, finiquitada, dividida y destinada al ostracismo, los españoles volvemos a darnos de bruces con la cruda realidad.

No han pasado tres meses desde que el Gobierno diera por desarticulado el comando Vizcaya y los malos han vuelto a asesinar. Es cierto que ya lo hicieron antes de una manera similar (el guardia civil Juan Manuel Piñuel murió víctima de otro coche bomba en mayo) pero la realidad es que preparar tres coches bomba en Francia, cargarlos con 300 kilogramos de explosivos, introducirlos en España y hacerlos estallar con pocos días de diferencia en lugares distantes es digno de una infraestructura, cuando menos, bien pertrechada.

Ya hemos escuchado los mensajes de repulsa de todas las instituciones españolas y la condolencia de los países amigos. Ya hemos echado la culpa a Ibarretxe por activa, pasiva y perifrástica. Ya hemos dicho que es un mensaje en clave interna para amedrentar a los suyos. Ya hemos dicho que su único destino es la cárcel.

Todo eso está muy bien, forma parte del guión. Pero, una vez más, nos tenemos que preguntar… ¿y, ahora, qué?

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Buena suerte, Tzipi, por la cuenta que nos trae

Mimo Titos

 

(Me niego a seguir el diktat de ETA. Están acabados; que terminen la faena las fuerzas de seguridad, con la menor interferencia política posible, y nosotros a seguir construyendo un país normal)

 

Poco antes de que un palestino de Jerusalén Este arrollara anoche a varios viandantes con su coche, el Presidente israelí Shimon Peres (sí, sigue vivo) encargó ayer a la Ministra de Exteriores en funciones, Tzipi Livni, la formación de un nuevo Gobierno tras su triunfo en las primarias del partido centrista Kadima, liderado por Ehud Olmert desde el infarto cerebral que incapacitó a su fundador, Ariel Sharon.

 

Al igual que estos últimos, Livni procede del derechista Likud: su padre era uno de los líderes del extremista movimiento de resistencia Irgun, dirigido por Menachem Begin contra la ocupación británica. Y al igual que ellos, en los últimos años la ex agente del Mossad ha llegado a la misma conclusión a la que ya habían llegado el malogrado Rabin y el propio Peres a primeros de los años noventa: si Israel quiere seguir siendo un Estado democrático de mayoría judía (bases de su establecimiento), tiene que renunciar a Gaza (ya desocupada) y Cisjordania.

 

Hasta el propio líder actual del Likud, Bibi Netanyahu, acepta en buena parte el argumento, o por lo menos dio muestra de ello cuando evacuó el 80% de la simbólica ciudad bíblica de Hebrón tras el acuerdo de Wye River, firmado con Arafat. La retórica de Netanyahu frente a los palestinos es hoy día considerablemente más contundente, pero basada en la continuación del terror palestino, o de la resistencia, como ustedes prefieran, y no tanto ya en los derechos del pueblo judío sobre la tierra ocupada.

 

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Caridad, solidaridad, justicia

Andrés Gastey

 

Entre los integrantes de mi generación, los de mayor fortuna capilar peinan canas desde hace muchos años. Ello significa que nacimos y crecimos en tiempos aciagos para el país. Aquellos fueron, sin embargo, nuestros tiempos, y es preciso reconocer que, en esa España pobre e inhóspita estragada por la dictadura, la mediocridad y la emigración, algunos fuimos entonces niños y jóvenes felices. No hay felicidad sin ciertas dosis de ignorancia e inconsciencia: de ambas andábamos sobrados.

 

Las reglas y los principios que regían la existencia eran claros. Nos habían fabricado una realidad estrecha, ordenada y simple, de dualidades perfectas: Dios y el Caudillo premiaban a los buenos y castigaban a los malos, así de simple. El régimen desbarataba las incertidumbres a bastonazos, desde los púlpitos se nos indicaba dónde residía el bien y desde dónde acechaba el mal, y a nosotros sólo nos quedaba la opción entre obedecer para llevar una vida tranquila o transgredir y afrontar las consecuencias del pecado o la infracción.

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Energía nuclear, ¿no, gracias?

Marta

 

Saquen el tema de la energía nuclear en cualquier sobremesa y lo más probable es que pronto asistan a una animada y casi interminable discusión sobre los pro y los contra de los reactores, sobre los peligros que su uso entraña, así como sus posibilidades como alternativa a los combustibles fósiles. Con toda probabilidad no se pondrán ustedes de acuerdo, como así ha sucedido en las últimas décadas, desde que surgió con fuerza el movimiento antinuclear.

 

En los últimos años se ha asistido a un renacer del debate sobre la energía nuclear. Una de las novedades de este nuevo debate es que han aumentado las voces favorables al uso de esta controvertida fuente de energía, voces influidas, en muchas ocasiones por una situación en la que las facturas del petróleo o el gas resultan cada vez más costosas de pagar, tanto en términos políticos como económicos.

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