El golpista, en los juzgados

Millán Gómez 

El pasado martes, el locutor estrella de la COPE e ideólogo de gran parte de las tesis del PP, Federico Jiménez Losantos, acudió a los Juzgados de lo Penal de Madrid. Este símbolo de la extrema-derecha con micrófono tuvo que acudir a la cita con la Justicia tras la querella presentada por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, por “graves injurias” contra su persona. Entre otras lindezas, Gallardón fue acusado de “no querer investigar los atentados del 11-M”. El locutor al que le ríen las gracias en Génova 32, afirmó sobre el alcalde madrileño lo siguiente: “Te da igual que haya 200 muertos, 1.500 heridos y un golpe brutal para echar a tu partido del Gobierno. Te da igual con tal de llegar tú al poder”. Casi nada. 

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Fundamentalismo y sexualidad a vuelo de pájaro (sin dobles alusiones)

Frans van den Broek

I

Mi primer encuentro personal con un sistema de creencias religiosas que hoy en día muchos no dudarían en cualificar de fundamentalista –aunque la categorización no sería del todo correcta- ocurrió durante mi primera juventud bajo los cielos grises del invierno limeño. Tendría por entonces unos 17 o 18 años, y nada me había preparado como para escuchar un mal día de labios de mi amigo más cercano de entonces que se había hecho miembro de una secta religiosa en la que el líder, un conocido profesor universitario de sociología, afirmaba conversar con Dios y cuyas exigencias de total entrega a la fe me parecieron propias del medioevo. Perú era entonces un país calmadamente uniforme en materia religiosa y bastante laxo en el cumplimiento de los preceptos católicos –comenzando por quienes debían dar el ejemplo, los egregios líderes de la nación-, de modo que comprobar que mi viejo compañero de infancia, con quien había compartido el colegio y a quien me unían toda clase de intereses comunes, de pronto se había hecho sectario fue casi como enterarme de una traición. ¿Él, con quien tantas conversaciones sobre la necesidad de la liberación de los yugos del pasado habíamos tenido, con quien nos habíamos emborrachado tantas veces, con quien íbamos en busca de mujeres a cuanta fiesta se pusiera en el camino, quien tenía una inteligencia más que saludable y una sensibilidad artística superior a la media, él, de entre todas las personas, haciéndose miembro de una secta, conminándome a dejar a Jesús entrar en mi corazón, repitiendo como cacatúa fórmulas moralistas y escatológicas?

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Disparates made in Ibarretxe´s world

Mimo Titos

 

Disparate es plantear una propuesta política a sabiendas de que no goza del aprecio de una mayoría suficiente de la población. Disparate es mantenella y no enmedalla, cayendo de nuevo en el error de pretender revertir el progresivo declive electoral del nacionalismo vasco a base de redoblar la misma apuesta política fallida de dividir antes que unir una sociedad ya suficientemente fracturada. Disparate es, en fin, plantear un desafío a la misma legalidad de la que se deriva el poder – que no auctoritas – que uno detenta.

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Deseo

Lope Agirre

 

Es conveniente, de vez en cuando, recuperar las cartas antiguas escritas a los amigos y leerlas, con los ojos y labios de hoy, para saber cuál ha sido la distancia recorrida desde entonces hasta ahora, desde ellos hasta nosotros. Las cartas son como los fanales de las estaciones ferroviarias. El jefe de estación lo lleva en la mano, habla con el maquinista, le señala dónde se encuentra, le indica que es hora de partir. La máquina emitirá un pitido, de alegría supongo, y el maquinista, volviendo la vista atrás, verá la luz oscilante bailar y luego desvanecerse. Comenzará el viaje, de nuevo. Todo comienzo es alegre; significa un reencuentro con la vida, un amanecer, un renacimiento. “La única alegría en el mundo es comenzar. Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta esta sensación –prisión, enfermedad, hábito, estupidez– uno quisiera morir”, escribió Cesare Pavese en su diario. Más tarde, el tren entrará en un túnel, la oscuridad apagará toda ilusión de luz, y, al salir del agujero negro, otro será el tren, como otro será asimismo el paisaje que se contemple desde el vagón.

 

Calígula de Albert Camus es como un fanal de luz. “Sólo quiero la luna”, responde Calígula a su fiel Helicón, cuando viene a avisarle de que tenga cuidado, de que vienen a matarlo. A él no le importa saber que lo vayan a matar o no. Es más importante para él ser dueño de la luna, o creer que puede poseerla. Porque más importante que la posesión de algo es sentir el deseo de que se puede poseer ese algo, de que puede ser nuestro. El deseo no tiene límites; la posesión del objeto deseado, sí. El deseo no tiene otro objeto, más que la consumación del propio deseo; ni otro cuerpo que no sea el del propio deseo. El deseo, para algunos, es Dios. Empuja a la vida, tanto como a la muerte. Coloca en difícil y precario equilibrio al cuerpo del deseo, lo saca de su camino tranquilo y lo lleva por el de la locura. 

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URSSvisión 2008

Aitor Riveiro

Por si no viven ustedes en la Tierra: Rusia ganó Eurovisión y ‘nuestro’ Chikilicuatre consiguió un inconcebible decimosexto lugar.

Desde el pasado sábado, televisiones, ‘blogs’, comentaristas y listillos de todos los rincones del mundo (hasta en Australia aseguran que los españoles no podemos aspirar a más) se hinchan de decir que hemos hecho el ridículo, que unos cuantos se han forrado a costa de desprestigiar a nuestro país, que cómo con dinero público se patrocinan estas cosas, que el Gobierno está detrás (Isabel San Sebastián ha venido a decir algo así en un programa de Telemadrid de cuyo nombre no voy a acordarme). Etcétera.

Eurovisión es un festival creado por la Unión Europea de Radiodifusión en 1956 cuyo objetivo era doble: político y técnico. Tras una guerra que había asolado Europa, lograr que países y pueblos que se habían enfrentado entre sí recuperaran la concordia pasada (si es que alguna vez algo así existió) incluía organizar cambalaches como este; además, emitir en aquellos años para tantos países servía como laboratorio de las distintas innovaciones en telecomunicaciones.

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¿El fin de las FARC?

Erika Fontalvo Galofre

 

 

 

 

Desconcertado e inquieto por las noticias que había escuchado, desde Colombia, sobre la muerte del máximo comandante de las FARC, Manuel Marulanda Vélez, el sábado por la tarde un amigo me preguntó si este hecho podría suponer el fin de la guerrilla más antigua de América Latina.

 

Pensar con el deseo nunca está de más. Pero en este caso, la racionalidad histórica que ha motivado el accionar de esta guerrilla durante 60 años no admite discusión. “Sin lugar a dudas, no”, le contesté.

 

 

Las FARC, el autodenominado ejército del pueblo, se han estado preparando para la desaparición de su líder. Su ideología marxista-leninista, su ambición de llegar al poder por las armas y su decisión de doblegar al Estado colombiano, superan a un hombre. Esta guerrilla va más allá de una figura histórica y, a pesar de los golpes, y vaya sí los ha recibido este último año, es capaz de reinventarse y de posicionar a nuevos líderes con maquiavélica frialdad. El muerto al hoyo y el vivo al… poder.

 

Al principio, tras conocer la fragmentada versión inicial –no se sabía si había muerto en un bombardeo o por un infarto -, pensé que se trataba de una nueva especulación sobre la desaparición del legendario guerrillero, a quien lo habían matado y revivido tantas veces que él mismo se mofaba del asunto. Así que no habría sido la primera vez que mientras corrían los rumores sobre su fallecimiento, “Tirofijo” estaba muerto, pero de la risa, en algún lugar de la inhóspita selva colombiana.

 

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Las infecciones hospitalarias, una asignatura pendiente

Pobrecita habladora

Y no precisamente para los hospitales y los profesionales que trabajan en ellos. Bastante se hace con los medios que existen en la lucha contra esos ‘microbichos’ que, aparte de no verse, están, literalmente, en todos sitios. En las cocinas, en los teclados del ordenador, el móvil que nos acercamos a la cara y la arena de los parques en los que juegan los niños.

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Golpe a eta

Millán Gómez 

La detención de varios etarras el pasado martes en Burdeos supone un nuevo golpe a eta. Uno de los detenidos es nada más ni nada menos que el número uno de la organización terrorista, Francisco Javier López Peña, alias Thierry, entre otros pseudónimos. La historia demuestra que los etarras tienen más alias que neuronas.

Decía que el golpe policial a eta demuestra que está cada vez más débil y que la policía está deteniendo a más etarras que en ningún otro momento de nuestra historia anterior. A pesar de ello, los medios afines al PP consideran que eta está más fuerte que nunca porque, por lo visto, Zapatero la ha resucitado ante la complacencia de una incompetente policía. No hay que ser un ilustrado para pensar que si estas detenciones se hubiesen producido con un gobierno del PP hoy podríamos leer en cualquier periódico conservador que estamos mejor que nunca en la lucha contra el terrorismo porque ellos no ceden y tararí que te vi.

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¿Se romperá¡ el PP? Con una coda sobre el oportunismo de Rosa Dí­ez

Ignacio Sánchez-Cuenca

 

 

Las peleas internas de los partidos a veces se llevan a cabo a la luz del público y dejan de ser internas. Es lo que está sucediendo con el Partido Popular desde que perdió las elecciones el pasado marzo. El carrusel de insultos, puyas, ironías, indirectas, maldades e insinuaciones en la derecha española está alcanzando las mismas cotas de mezquindad que las broncas de los programas de cotilleo. Todo es muy exagerado: tanto los berrinches como las efusiones emotivas. En este blog se ha comentado ya con mucha gracia todas las tonterías que se han dicho, por ejemplo, sobre María San Gil, la mujer referente por antonomasia. Personajes como Gustavo de Arístegui oscilan entre el ditirambo y el vituperio de Mariano Rajoy. Un día Rajoy es el más grande, al día siguiente ha perdido el norte. Fraga, convertido hoy en la voz de la moderacian, incordia a Esperanza Aguirre, quien no pierde ocasión de despreciar a Gallardón, quien alaba a Rajoy¦ y así en una rueda sin fin.

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Políticas de la demanda

Ricardo Parellada

 

 

No parecen muchas las nociones económicas con las que se puede suponer familiarizado al público general. Una de estas pocas ideas económicas, que se escucha en cualquier bar o en cualquier discusión de aficionados al fútbol sobre los fichajes de su equipo para la siguiente temporada es, me parece, “la ley de la oferta y la demanda”. Por otro lado, es posible también escuchar en cualquier sitio y entre aficionados a cualquier cosa (exceptuando quizá a los del fútbol) referencias a la “crisis ecológica” o al “cambio climático”.

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