¿No íbamos a corregir los errores?

El crítico constructivo

El pasado sábado ABC publicaba que Zapatero se había visto forzado a posponer su anunciado primer viaje de la legislatura a Marruecos por problemas de agenda del monarca alauí. Recordaba el periódico conservador que un episodio similar había acontecido en verano de 2006 cuando otra visita proyectada de Zapatero al vecino del sur tuvo que posponerse dos veces, también por problemas de agenda.

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Cadena perpetua

Aitor Riveiro

En los últimos años, varios casos han propiciado la apertura de un debate en la sociedad española que no parece haberse trasladado a nuestra clase política: la cadena perpetua. Los brutales asesinatos de Sandra Palo y de Mari Luz o la excarcelación de etarras con las manos manchadas de sangre son algunos ejemplos de crímenes que han sacudido la conciencia de una ciudadanía que ve cómo los asesinos salen en libertad sin que podamos estar seguros de que se han reinsertado en la sociedad; de que no van a volver a matar.

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De arte y moralidad en tiempos viciados

Frans van den Broek La lectura reciente del libro del historiador holandés Martin Ros, Los chacales del tercer Reich, me ha convencido una vez más, como si necesitara aún más convencimiento, no sólo de la siempre potencial bestialidad del ser humano, sino de la remanencia en nuestra cultura de ideas y actitudes cuya validez ha sido infinidad de veces revocada, y cuya presencia misma es prueba de la ínsita confusión de la clase intelectual contemporánea. Por sus páginas pasan personajes y movimientos abominables, algo oscurecidos en la memoria europea por el estridente y negro esplendor del nazismo de Hitler y sus secuaces, pero cuya abismal degradación moral no tiene nada que envidiarle al propio nazismo, si es que la comparación a tales niveles de maldad puede ser adecuada (algo que me temo no es ya relevante o posible). El libro se centra en el destino de algunos de los más importantes colaboradores con el fascismo, desde los lacayos del régimen de Vichy hasta los socios fascistas de Alemania en Rumania o Hungría. Un ejemplo de los mismos es la Guardia de Hierro de Rumania, que llevó a cabo actos de genocidio atroces con fervor e intensidad religiosos, como aquel en que masacraron a judíos en su propio camal, haciendo uso de ritos y técnicas de sacrificio hebreos, y a quienes, en no pocos casos, colgaron vivos de los ganchos donde se solía colgar la carne, para seccionarlos de acuerdo al rito judío y dejarlos morir poco a poco. Nadie, que conserve algo de humanidad, puede leer dichos relatos sin sentir que su confianza por el género humano se desvanece hasta la desesperación, pero no es de aquellos asesinos y psicópatas en general de quienes quisiera hablar en estas líneas, sino de una clase especial de los mismos, y de la curiosa actitud para con ellos demostrada por nosotros, sus congéneres, a la luz de sus crímenes: los artistas, sobre todo los escritores que se entregaron al fascismo como ideología y práctica durante aquellos años. A través de ellos ciertas preguntas generales sobre la naturaleza del arte pueden ser pertinentes. Sigue leyendo

Cuando la indignidad se hace norma

Millán Gómez

Siempre decimos, con cierta coherencia, que en política es imposible llegar más bajo pero el PP nos quita la razón semana sí, semana también. Lo último se ha producido en Arrasate, municipio donde eta perpetró su último atentado mortal acabando con la vida del ex – concejal del PSE en esta localidad, Isaías Carrasco.

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Sentimiento y nación (2)

Lope Agirre

En primer lugar y, antes de entrar en el tema, quisiera aclarar algunos conceptos que, o bien no se entendieron, o no los supe expresar de forma más clara. No estoy en contra del sentimiento, ni de la razón. Ni creo que el sentimiento sea del todo irracional; ni la razón, del todo racional. Lo contrario de la razón no es el sentimiento, sino la locura. Contrario del sentimiento es, asimismo, la locura. La razón forma parte del corazón, pero no lo dijo Pascal, sino Spinoza. Yo también amo a mi país y amo mi lengua materna, que es el vasco. Pero es algo normal, porque en la familia de los Agirre no se habla en castellano más que con los desconocidos. Una vez escuché a Anasagasti decir en una conferencia que él amaba la lengua vasca, a lo que le respondió alguien que cómo podía amar algo que se desconoce. Iñaki Anasagasti es nacionalista, pero no euskaldun. Sin embargo, según el imaginario nacionalista, Anasagasti siempre ha sido más vasco que Mario Onaindia, que fue escritor euskaldun, pero no nacionalista. Ya lo dijo Sabino Arana: “Nada es el saber el euskera, no siendo patriota. Todo es el patriotismo, aún no sabiendo euskera”. Así son las cosas del querer. Amo a mi país, a veces, profundamente, y lo odio, a veces, profundamente también. Un Agirre, bisabuelo de quien esto escribe, guerreó en la carlistada con el Cura Santa Cuz. Se salvó de ser fusilado, al vestirse con los vestidos de su mujer y pasar por ella. Acabó en Méjico, combatiendo con Zapata. Luego volvió y se reconcilió con mi bisabuela, pero esa es otra historia. A otro Agirre, mi padre, lo rindieron en Santoña sus jefes. En los libros de texto no se menciona tal hazaña, por supuesto. Acabó en un batallón de castigo, construyendo el aeropuerto de Sondika. Esa es la causa de que un servidor nunca haya tomado el avión en Bilbao. Conozco el nacionalismo vasco y lo respeto, en la medida que se deja respetar. Antes de Sabino Arana, el vasco hablaba o escribía en su lengua, sin pensar demasiado en la patria. Para él, lo más importante era su casa y luego la provincia, y los Fueros, claro. Euskal Herria o País Vasco era un ente conocido, las provincias en las que se le entendía en su lengua, y no era poco. Pero dicho concepto, Euskal Herria, ha tenido, generalmente, un sentido cultural. Es Sabino Arana, admirador de san Ignacio, cuya compañía imita el PNV en sus inicios, quien comienza a dotar de sentido político a lo que hasta entonces no era más que una manifestación cultural. Euzkadi (con z), según Sabino Arana, es la patria de los vascos; son las siete provincias que hay que recuperar y liberar. El euskera es importante, como frontera entre los propios y extraños: “Muchos son los euskarianos que no saben euskera. Malo es esto. Son varios los maketos que lo saben. Esto es peor. Gran daño hacen a la patria cien maketos que no saben euskera. Mayor es el que la hace un solo maketo que lo sepa”. Sabino Arana se veía a sí mismo como un profeta, un san Ignacio renovado. Estaba muy influenciado por ese jansenismo que los jesuitas predicaron a lo largo y ancho del país. Gran paradoja, porque fueron los jesuitas los que acabaron con la influencia de los jansenistas en Francia. Para él sólo había una cosa importante, más que la independencia de Euzkadi, más que el amor al euskera; era la salvación de su alma. Lo escribió él: “Si, señor; ese partido (PNV) quiere para Euzkadi la unidad católica con todas sus consecuencias; quiere ante todo y sobre todo a Jaun-Goikua, Dios;  si quiere que Euzkadi sea libre e independiente, es para servir mejor a Dios, como le servía antes de caer en la dominación española.” Sigue leyendo

¿Vicios privados, públicas virtudes?

Mimo Titos

Desde que entró en el mercado laboral en las postrimerías del siglo pasado (hablar de los primeros años noventa es menos impactante) he desarrollado toda mi carrera desde la función pública. He cambiado de organismo, de área de competencia, incluso de país y, afortunadamente, he logrado ir ascendiendo en la escala jerárquica, pero siempre en el ámbito de la administración pública.

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