11M = PSOE

Mimo Titos

Impactado estoy todavía por las varias pintadas que así rezaban y que tuve ocasión de encontrarme conduciendo por los aledaños de Salamanca esta Semana Santa. Lo malo de la pintada es que la realidad evoluciona pero la pintura permanece. Seguramente el autor no repetiría semejante desfachatez hoy, después de que la sentencia de la Audiencia Nacional desactivara la teoría de la conspiración y tras la reválida electoral de Zapatero, cuyo legitima su mandato incluso a ojos de quiénes han pasado los últimos cuatro años considerándolo “accidental”. La victoria electoral también ayuda a soslayar la ofensa de semejante calumnia. En un primer momento caí en la tentación del ladran luego cabalgamos: que digan misa, el pueblo ha dictado sentencia y tocan cuatro años más de gobierno de izquierdas. Pero el aparentemente inevitable embotellamiento de la carretera de La Coruña (¡pese a volver la víspera de la vuelta masiva!) me obligó a darle una vuelta adicional a la cuestión, que no pudo sino concluir lamentando la cantidad de energía malgastada en debates estériles y pugnas artificiosas ¡Ni siquiera el PP ha pescado nada en el río que tanto ha revuelto! La Cope y El Mundo, que esta semana ha vuelto a las portadas a propósito del 11-M, son los únicos que han ganado audiencia y dinero con la deslegitimación de las instituciones; partidos políticos, judicatura y fuerzas de seguridad incluidos. Los demás, hemos perdido todos. Sí, a poco que se me pinche me apunto al argumento de que las culpas no son compartidas a partes iguales, como a lo de que para bailar un tango hacen falta dos. Pero tampoco deja de ser cierto que dos no riñen si uno no quiere, especialmente si el que ha querido durante los últimos cuatro años ha sido castigado y la debilidad en la que se encuentra puede empujarle a colaborar, aunque sea mínimamente.

En todo caso, creo que el Gobierno tiene el deber de intentar que los próximos cuatro años sean menos sobresaltados. Por eso, me encanta que en el fragor de la victoria, Zapatero opte por predicar el borrón y cuenta nueva antes que ceder al revanchismo. Mano tendida al PP para renovar el CGPJ y el TC, lo cual no implica ceder a su chantaje maximalista sino darles una oportunidad para bajarse del mismo después del revolcón electoral. Mano tendida al PNV y a CiU para conformar una mayoría de Gobierno estable que permita seguir desarrollando una España plural e inclusiva, lo cual tampoco implica ceder a sus chantajes políticos y/o económicos. Mano tendida también a Esquerra, a IU, al Bloque, a NaBai e incluso a CC y, por qué no, a UPyD, si están dispuestos a colaborar en el gobierno del país.

A dios rogando y con el mazo dando. Si contra toda lógica el PP no respondiera y se enrocara en el asalto institucional, no quedaría otra que legislar de urgencia para salvaguardar las instituciones con el apoyo del resto del arco parlamentario. No sería cuestión tampoco de pactar con un PNV que, de nuevo contra toda lógica, resucitara el referéndum ilegal e inviable que escondió en el armario durante el Aberri Eguna, o con una CiU que pusiera como precio la presidencia de la Generalitat. Como tampoco con una Esquerra que se pretendiera resolver su batacazo echándose al monte. Ni de soslayar corruptelas en Canarias o aguantar más calumnias por parte de UPyD.

Aún si el PP enterrara su compromiso tácito de abstenerse en la investidura, no sería descartable que Zapatero, con sus 169 escaños a cuestas, no fuera investido Presidente de nuevo incluso en la primera vuelta: todos los socios potenciales saben que si tensan demasiado la cuerda otros pactarán antes que ellos relegándoles a la irrelevancia.

 

En este contexto, el doble nombramiento de Alonso y Jáuregui como Portavoz y Secretario General del Grupo Parlamentario Socialista parece muy oportuno. La larga experiencia política de Jáuregui, un hombre de partido, combina particularmente bien con la frescura de Alonso, a la que hay que añadir su sintonía personal con el Presidente. Y los dos son percibidos tanto por la opinión pública como por las demás formaciones políticas, como políticos capaces y dialogantes, cualidades ambas particularmente útiles si de lo que se trata es de poner en práctica el programa electoral bajando el diapasón de la estresada vida política española.

Hasta sus más acérrimos detractores tendrán dificultad para negar la coherencia de Zapatero a la hora de potenciar el papel del Parlamento, Senado incluido. Es el Presidente que más ha comparecido, que más preguntas ha contestado, que más cancha ha dado al Senado, etc. Y sin embargo, no está claro que la reactivación del juego parlamentario durante los últimos cuatro años haya fortalecido nuestra todavía joven y en gran medida frágil democracia. El bueno de Marín se ha desgañitado tratando de trasladar los usos del norte de Europa pero el problema es más hondo porque la bronca es incluso más tabernaria en los Commons británicos y sin embargo es impensable que genere pintadas como la que titula este artículo.

La anterior Legislatura empezó de forma muy traumática, para el país entero por la tragedia del 11-M pero también para el PP, al que el atentado ofreció la posibilidad de escudarse en excusas exógenas para evitar la autocrítica inherente a haber pasado de la mayoría absoluta a la derrota. Afortunadamente el asesinato del llorado Isaías Carrasco no ha tenido el mismo efecto y hasta los más recalcitrantes detractores de Zapatero, el PSOE y la izquierda en general, no pueden sino lamentar que el pueblo español se haya empecinado en el error.

Lejos de mí cualquier atisbo de intento de exculpar al PP por los gravísimos errores cometidos durante los últimos cuatro años: su oposición ha merecido el más severo de mis juicios por demagógica cuando no directamente por irresponsable y desleal. Pero creo que todos ganaremos si el Gobierno persevera en el talante, en el diálogo con todas las fuerzas parlamentarias y en la afirmación de los principios propios pero dejando margen para la incorporación de algunos de los de los adversarios.

Soy de los que piensa que la primera Legislatura de Zapatero es probablemente la mejor de la democracia en cuanto a sus resultados tangibles: dependencia, regularización de inmigrantes, paridad, igualdad de género, crecimiento económico, superávit fiscal, creación de empleo, reducción de deuda, I+D+i, etc. Y por lo mismo, me irrita sobremanera la falta de reconocimiento social porque no brillan con luz propia.

Las razones son variadas, desde el hooliganismo del PP hasta los errores propios, incluida la torpeza a la hora de comunicar. No puedo estar seguro de que el PP vaya a optar por ejercer una oposición tenaz pero constructiva, dura pero respetuosa, hábil pero responsable. Pero sí estoy convencido de que Alonso y Jáuregui están llamados a hacer una gran contribución a que la Legislatura que ahora comienza sea mucho menos crispada y por tanto más fructífera, también en términos de consolidación institucional.