11 – M, calumnia que algo queda

Mimo Titos

Hoy se conocerá la esperada sentencia sobre el mayor atentado de la historia de España. Nadie devolverá la vida a los 192 asesinados ni la salud a los más de mil ochocientos heridos pero la sentencia cerrará la investigación policial y judicial y dictará justicia sobre los sospechosos. Los procesados que están en prisión serán todos condenados como apunta el hecho de que ninguno haya sido liberado cuando el Tribunal acabó de redactar la sentencia. Sus penas oscilarán entre las solicitadas por la Fiscalía y las acusaciones particulares y las de sus defensas. Pero su culpabilidad está ya establecida. Como lo está la autoría y las complicidades que dieron lugar a aquella tragedia.

En realidad la sentencia sólo va a certificar judicialmente lo que ya tuvimos ocasión de certificar, primero con la Comisión de investigación parlamentaria y luego durante el transcurso del juicio oral.

No hace falta elaborar nada nuevo sobre la trama asturiana de robo de explosivos, la trama islamista madrileña, los varios confidentes enredados en el asunto y la tremenda ineficacia demostrada por los servicios de seguridad durante los meses previos al atentado.

No quiero tampoco centrarme en la manipulación política en los días posteriores al atentado, con un Gobierno que despreciaba a la oposición y desoía el análisis de los expertos tratando de estirar la ambigüedad sobre la autoría hasta el día de las elecciones bajo un temor a perderlas que se convirtió en una profecía autocumplida.

Y tampoco considero necesario subrayar el peligro real de que una tragedia así se repita, mayor en la medida en la que España se siga atreviendo a contribuir a los esfuerzos internacionales para pacificar Afganistán o el Líbano, pese a que en ambos casos nuestro esfuerzo cuente con todas las bendiciones jurídico-políticas internacionales necesarias, a diferencia del caso de Irak.

Lo que sí se me antoja absolutamente imprescindible es subrayar con toda la gravedad apropiada, la irresponsabilidad del PP y la caterva mediática que le jalea desde el 14 de marzo de 2004 hasta el día de hoy. A juzgar por sus pronunciamientos preliminares desde el pasado lunes, parece que el PP va a tratar de corregir el tiro, aceptando la verdad judicial como la opción menos mala posible y tratando de pasar página.

Al parecer el Presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE ha dado instrucciones a su Gobierno y a su Partido de reaccionar con sobriedad y en tono institucional. Es lo correcto. Pero yo no puedo por menos que denunciar indignado la indignidad demostrada por el PP y su caterva para con las víctimas y, más grave aún desde una perspectiva política, su irresponsabilidad manifiesta para con las instituciones del Estado.

Son legión los que en EEUU y allende sus fronteras aún sospechan que hubo un segundo tirador enviado a asesinar a Kennedy por el FBI, la CIA o quién sabe quién. Pero sería inconcebible que un político norteamericano de renombre se dedicara a propagar teorías conspirativas sin fundamento probatorio alguno. Aquí no. Aquí son excepción los políticos del PP que no han incurrido en la deslealtad irresponsable más absoluta. Muy pocos los que han adoptado un perfil bajo y se han remitido a las instituciones del Estado para solventar el atentado más grave de nuestra historia.

Al contrario, son legión los dirigentes de un partido que se proclama con vocación de Gobierno, los que no han perdido ocasión de levantar falso testimonio contra la Guardia Civil, la policía, le CNI, el juez instructor, la fiscal y, por supuesto, todos los miembros del Gobierno y dirigentes o militantes del PSOE que de una u otra forma se hubieran visto salpicados por el atentado.

Hemos tenido que escuchar y leer teorías tan absurdas como que el atentado lo dirigieron los servicios secretos de dos de nuestros vecinos para sacar a Aznar del Gobierno. Y por supuesto, en grados de desvarío muy variados, la insidia de que Carod Rovira, enviado por ZP, pactó el atentado con Mikel Antza, que a su vez lo subcontrató con unos moritos, a cambio de la autodeterminación para Cataluña y para el País Vasco, rendición o venta de Navarra incluida y pasando por un mal llamado Proceso de Paz.

Que haya locos no es novedad. Pero que gente que se pretende y proclama gobernante en potencia que actúe como tales es absolutamente inadmisible.

Zapatero, sus Ministros y los dirigentes del PSOE pueden ser más o menos eficaces, más o menos íntegros, más o menos sensatos y por todo ello más o menos apropiados para gobernarnos. Pero, francamente, en este país no hay alternativa válida porque el primer partido de la oposición se ha puesto en completo fuera de juego con la maniquea línea que ha seguido a propósito del 11-M.

Lamentablemente la opinión pública española no parece valorarlo con la gravedad que a mí me sugiere. Porque si lo hiciera, las encuestas de opinión reflejarían desde hace ya muchos meses, un hundimiento total del PP. Y más teniendo en cuenta que tal Partido hizo de la excepción regla, abonándose a la calumnia, la difamación y la injuria en su tratamiento de muchos otros temas. A su decir, el Gobierno declaró la guerra a la Iglesia Católica, a la familia, se rindió ante esta ETA que denuncia que el Gobierno no le dio nada, vendió Navarra, rompió la Constitución entregándole un Estatut secesionista a Cataluña, etc., etc.

Mentiras y más mentiras. Pero en grado tal que el concepto de demagogia es demasiado estrecho como para llegar a calificarlas y quizás excusarlas parcialmente.

Y sin embargo, ayer una encuesta afirmaba que alrededor del 15% de la población sigue sospechando sobre el 11-M, al parecer uno de cada tres votantes del PP. De ahí el título de este artículo.

Confío en la sabiduría del electorado español. El tiempo pone a cada cual en su sitio. Hoy, incluso antes de oír la sentencia, sabemos ya que el PP no puede volver a gobernar hasta que no experimente una profunda transformación purificadora de tanta zafiedad como han venido demostrando sus dirigentes en los últimos tres años y medio.

Seamos buenos demócratas y no les corramos a gorrazos como merecen. Pero es absolutamente imperativo por salud democrática darles una buena tunda electoral el próximo mes de marzo. Su actitud respecto al 11-M debe quedar como ejemplo histórico de lo que un partido en la oposición no puede jamás hacer. Y eso sólo pasará si sufren un varapalo democrático de entidad suficiente. En caso contrario y sin miedo a ser excesivamente dramático, nuestra democracia quedará herida de muerte.