11 de septiembre

LBNL

No, no voy a escribir sobre la Diada de ayer – mucho independentista en las calles aunque parece que bastantes menos que el año pasado, todos pacíficos, eso sí – ni sobre el golpe que acabó con la vida de Allende en Chile en 1973, sino sobre el 11-S o 9/11 de 2001 en Estados Unidos, cuyas consecuencias estamos todavía viviendo. Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. en 1998 a cuenta de la presencia de medio millón de sus soldados – la inmensa mayoría infieles – en la tierra santa de las dos mezquitas – Arabia Saudí – para defenderla y eventualmente recuperar Kuwait tras la invasión de Saddam Hussein. Bush padre no quiso ir más allá y desoyó a quienes querían llegar hasta Bagdad. Pero Bush hijo utilizó el 11-S como excusa para invadir Irak sin ningún tipo de cobertura legal internacional, tras haber invadido Afganistán con el beneplácito de las Naciones Unidas dado que los taliban alojaban a Al Qaeda.

De aquellos polvos, estos lodos. Cuando caiga la noche hoy en Aleppo quizás entre en vigor la tregua acordada por Rusia y EE.UU. O puede que no en vista de los múltiples intentos fallidos anteriores. Sin invasión de Irak no habría ISIS, que nació como la escisión iraquí de Al Qaeda, que había crecido durante la guerra contra los americanos. Y sin ISIS, la guerra en Siria habría sido mucho menos sangrienta y menos compleja: Asad contra los rebeldes y punto. Con ISIS por el medio, la guerra es al menos a tres bandas y Asad se ha beneficiado de la locura del ISIS para deslegitimar a todos los “terroristas” como él los llama: o yo o el ISIS.

En “Cuarto Milenio” – programa que no había visto nunca – abundaban anoche en las teorías conspiranoícas. Hay muchos detalles oscuros o poco claros, como también los hubo en el 11-M o en cualquier macro acontecimiento controvertido sobre el que se vuelcan los investigadores y la prensa planteando todo tipo de dudas y construyendo posibles respuestas. Lo cierto es que es más sencillo. A Bin Laden y a los suyos – que están como cabras – les cabreó mucho que fuera EE.UU. quién defendiera a Arabia Saudí de Irak y decidieron que había que acabar con el Satán norteamericano, sostén de las monarquías del Golfo, a las que consideran demasiado poco rigoristas.

Y a los neocon que acompañaban a Bush hijo en la Presidencia les sirvió como excusa para acabar la faena contra Saddam, que sin duda era un dictador sin escrúpulos y un capullo, pero que no había tenido nada que ver con el 11-S, entre otras cosas porque él y su régimen eran enemigos jurados de Al Qaeda, a la que su régimen secular – las mujeres se paseaban en vaqueros por Bagdad con el pelo descubierto – les parecía todavía más herético que el saudí.

Nos engañaron con lo de las armas de destrucción masiva y luego se excusaron con que habían sido los servicios de inteligencia los que se habían equivocado, por más que fuera evidente que habían sido empujados a llegar a las conclusiones que sus amos – también Blair – deseaban. Cualquiera con un mínimo de experiencia en el tema sabía que el programa nuclear iraquí – muy incipiente pero real – había sido completamente desmantelado por los inspectores de Naciones Unidas tras la primera Guerra del Golfo (la de Kuwait). Pero la mayoría no lo sabía y en cambio sí sabían que Saddam era un mal tipo. Árabe por más señas, ergo musulmán, ergo fanático islamista, ergo cuando menos cómplice de Al Qaeda.

Quince años después Oriente Medio sigue en llamas y pese a haber intentado “retirarnos” de Afganistán e Irak, Occidente sigue metido hasta el cuezo, bombardeando al ISIS – también en Siria – y apoyando al ejército local iraquí – como el militar español que murió hace unos días atropellado en un accidente.

Nada que objetar a la invasión de Afganistán, en defensa propia y avalada por la comunidad internacional. Sin embargo, la guerra se condujo fatal, considerando que los taliban y Al Qaeda eran la misma cosa. Los taliban – tan cabras como los de Al Qaeda – son de lo peor, maltratando a las mujeres y dinamitando reliquias históricas. Pero también son unos de los principales representantes de la comunidad pastún en Afganistán y nunca se les pasó por la cabeza atacar a EE.UU. o a cualquiera de sus vecinos. Ahora está claro que no hay paz posible en Afganistán sin incluir a los taliban, mal que nos pese, pero durante muchos años se les combatió a muerte y cayeron muchos inocentes como “daños colaterales”, generando adhesiones a las fuerzas que se pretendía combatir.

En Irak se cometió el mismo error: marginar a los suníes en razón de que eran mayoría en la administración de Saddam y su partido Baaz. Muchos se enrolaron en Al Qaeda Mesopotamia y EE.UU. tardó años en pacificar el país, lo que sólo consiguió cuando cambió de táctica y buscó alianzas con las tribus suníes. Sin embargo, años de sectarismo del gobernante chiíta – Al Maliki – en Bagdad, al que EE.UU. dejó hacer en demasía mientras se retiraba progresivamente, volvieron a provocar que los suníes se levantaran, ahora bajo la bandera del ISIS – Al Qaeda les había expulsado por su énfasis en luchar contra los chíitas.

El 11-S fue real y no provocado por EE.UU. para lanzar una ofensiva en Oriente Medio. La mejor prueba de que no fue una conspiración es que bastó con manipular el hecho para que “justificara” lo que los neocon llevando años proclamando que era necesario: invadir Irak, sin necesidad de establecer una conexión directa con el atentado.

La invasión fue un desastre y todavía lo estamos pagando, sobre todo millones de personas en Oriente Medio y, de vez en cuando, nosotros en Occidente en forma de atentados.

Por cierto, el PP apoyó la invasión de Irak. Parece que Rato era reticente pero Rajoy no lo fue. Otra razón más para no colaborar en que siga siendo Presidente del Gobierno. Hace un par de días ví en Facebook un lema: no me importa votar tres veces si con ello evito un gobierno corrupto. Y lo republiqué. En ese momento no pensé en lo de Irak pero es tan importante como lo de los recortes, la reforma laboral o el descaro: lo de Soria y ahora lo de su sucesor como candidato.