1 – O. Nunca es demasiado tarde.

Alfonso Salmerón

Quedan algo menos de dos semanas para la fecha señalada por el soberanismo catalán. El 1-0 es sin duda el desafío más importante que tiene el régimen constitucional español desde 1978, sin contar el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Las espadas están en alto y parece que el choque de trenes está a punto de producirse.

Llegados a este punto, en el que ninguna de las partes ha cedido ni un milímetro en sus posiciones, se hace difícil prever qué puede pasar el próximo 1 de Octubre. Rajoy asegura que no consentirá el referéndum y Puigdemont que éste se realizará peti qui peti (expresión catalana que significa pase lo que pase).

Ahora que se cargan las tintas a uno y otro lado del conflicto, conviene recordar que nada de esto hubiera ocurrido si Zapatero hubiera cumplido su promesa de aprobar el referéndum que saliera de Catalunya, impulsado no lo olvidemos, por un presidente socialista. Ahí empezó todo, Maragall afeaba las vergüenzas a Pujol, no solamente por denunciar el famoso 3 %, sino también porque le dejaba en evidencia. Veintitrés años jugant a la puta i la ramoneta, anestesiando al independentismo, inflamando el verbo nacionalista en Catalunya para lograr a cambio un acuerdo con el gobierno del Estado de turno, ya fueran Felipe, Aznar o Zapatero.

Ahí empezó todo, conviene no olvidar aquella foto que fuera portada en todos los periódicos de tirada nacional. Zapatero y Mas bendiciendo el referéndum cepillado como pregonara Alfonso Guerra. Ese pacto defenestró de facto a Maragall. Esto ha pasado y no hace tanto tiempo como para olvidarlo.

Pero si ahí empezó todo, se complicó todavía más con el recurso de inconstitucionalidad puesto por el PP. El problema catalán, latente desde la guerra civil volvía a abrirse en canal por la manifiesta incomprensión demostrada por los dos principales partidos estatales. Tremenda irresponsabilidad la de los jerifaltes peperos que consiguió llenar las calles contra el recurso en 2010. La manifestación a favor del autogobierno catalán más importante desde 1976, conviene no olvidar, en cuya cabecera, estaba José Montilla, socialista, ex alcalde, cordobés y honorable president de la Generalitat.

El relato de lo ocurrido desde entonces se ha escrito más recientemente por lo que no me explayaré en él, aunque caberesaltar que sólo cinco años más tarde de aquella manifestación, las elecciones de 2015 arrojaron una realidad parlamentaria impensable entonces. El independentismo conseguía por primera vez en la historia la mayoría absoluta de escaños en el Parlament, y después de las elecciones modificó ligeramente su programa electoral, que llevaba la vía unilateral a la independencia, introduciendo el referéndum como paso previo.

A esto hay que añadir, y no nos equivocaremos, que en el diseño de esta estrategia rupturista han confluido los intereses espurios de la vieja convergencia para tapar la corrupción de su partido durante 23 años de ejercicio de gobierno del clan Pujol y los recortes de la etapa de Mas. Podemos afirmar además, con toda vehemencia, que la estrategia soberanista se ha valido de unas prácticas de dudosas garantías democráticas, como hemos observado en el trámite parlamentario de las leyes de referéndum y de transitoriedad, donde se han conculcado derechos elementales de las minorías parlamentarias, por no hablar de la manipulación política de la radio y la televisión pública catalanas, descarada y desvergonzadamente al servicio del proyecto político del govern, con prácticas que recuerdan regímenes políticos totalitarios. Mención aparte, merece en esta línea, en mi opinión, la manipulación política por parte del soberanismo, (y del españolismo) de la manifestación en respuesta a los atentados terroristas del 26 Agosto.

Sin embargo, la disconformidad con la estrategia llevada a cabo por Junts pel Si y la CUP, más preocupados de salirse con la suya que de buscar ampliar el espacio político pro referéndum, no debe impedirnos observar con todo realismo la situación política generada. La estrategia independentista de tensar la cuerda conlleva un serio riesgo de fractura de la propia sociedad catalana, es cierto, como también lo es, que una vez pasado el rubicón del 1 de octubre nada volverá a ser como antes.

Mientras tanto, ¿Qué ha hecho el gobierno de Mariano Rajoy desde entonces? Nada. Absolutamente nada. Ha tratado la cuestión catalana con completo menosprecio, pensando tal vez, confundiendo la realidad con el deseo, que la cosa se resolvería por sí misma. El ejecutivo de Rajoy ha demostrado un total desconocimiento de lo que estaba ocurriendo en Catalunya. Y eso que han tenido nada más que siete años para ir tomándole el pulso a la realidad catalana. Si somos francos, ¿se le puede verdaderamente acusar al soberanismo de llevar una estrategia unilateral cuando el gobierno ha tenido nada más y nada menos que siete años para formular una propuesta política?

La política hacia Catalunya allende el Ebro ha brillado por su ausencia y así nos va. Sorprende que cuando faltan apenas dos semanas para el día D, ni Rajoy, ni el jefe del Estado, ni el Congreso de los Diputados hayan movido ficha. Nadie sabe qué van a hacer. Uno espera que en circunstancias excepcionales como ésta, las instituciones del Estado estén a la altura. Dicen que no quieren que Catalunya se independice, que nos quieren a los catalanes dentro de España, pero no han hecho nada para convencernos. Al contrario. A muchos de los que hemos criticado con vehemencia el procés, a muchos de los que no nos hemos sentido llamados a este procés, sufriendo por ello el acoso mediático de los medios de la hegemonía cultural independentista que se respira estos días en Catalunya, la respuesta represora del Estado nos está dejando muy pocas opciones cuando se aproxima el día. Estar de lado de los que quieren votar o los que quieren impedirlo, no es un dilema difícil para un demócrata cuando se acerca la hora de la verdad y quien ha tenido la posibilidad de formular una propuesta no lo ha hecho. La imagen de la benemérita interviniendo imprentas, persiguiendo urnas y medios de comunicación es la mejor propaganda soberanista que los dirigentes del procés podían esperar. España, ¿a qué esperas?

Si el gobierno de España supiera lo que está pasando en Catalunya, sabría que el 155 no frenará el independentismo en Catalunya, que la estrategia de responder con confrontación al deseo de decidir votando, sólo puede servir muy a corto plazo. Sería actuar sin calibrar sus consecuencias. ¿Cuál sería el siguiente paso ante una eventual declaración unilateral de independencia? Porque, ¿le quedaría otra salida al govern como respuesta a la reiterada negativa del Estado a negociar? Sí, ya, ya sabemos que sin acuerdo no hay independencia, y que ya hubo una efímera república catalana que acabó con un president entre rejas. Pero, ¿es eso lo que quiere la mayoría de españoles? ¿Esa es la imagen internacional que interesa a España en pleno siglo XXI?

¿Hasta cuándo habrá que esperar para una respuesta política de las instituciones españolas? Si se concede que el referéndum de Catalunya no puede llevarse a cabo porque es una ilegalidad, ¿Por qué no acordar las condiciones para una consulta legal?

El domingo pasado, en la Festa de la rosa. Miquel Iceta se desgañitaba pidiendo que los relojes se pusieran a cero, clamando amargamente por una salida política. Es algo tarde, cierto, pero nunca lo es demasiado. Al mismo tiempo, Puigdemont y Colau pedían por carta a Rajoy y a Felipe VI una salida para la cuestión catalana y el mismo domingo un acto en Madrid a favor del derecho a decidir, congregaba a un buen número de personas que pedían asimismo una salida negociada.

Tal vez algo se esté moviendo lentamente. Si el presidente del gobierno continúa en estado catatónico, por qué no explorar otras mayorías parlamentarias. Si la soberanía de los españoles reside en el Congreso de los Diputados como reza la Constitución, cabe preguntarse: ¿puede el parlamento español hacer oídos sordos a lo que está ocurriendo en Catalunya?

Por ahí parece que va la convocatoria de una Asamblea de diputados que propuso el lunes Unidos Podemos. Es una propuesta. No sé si la más adecuada pero de momento, la única propuesta política. ¿A qué espera el primer partido de la oposición para liderar una salida política? Si el problema es la inacción del PP, ¿a qué espera Pedro Sánchez para explorar una mínima mayoría parlamentaria que consiga un movimiento político hacia el acuerdo ? Hay que actuar y rápido porque no me cabe ninguna duda de qué lado estarán los demócratas de aquí y de allá cuando el 1-0 las fuerzas policiales intenten evitar que la gente deposite votos en urnas. Es la hora de la política, y vamos tarde, aunque nunca lo sea demasiado.