“Debatepasión”

Sicilia

 

Introducción:

 

Hace unos años en Televisión Española, posiblemente importando una idea de algún otro país, se sacaron de la manga un programa de vocación familiar y juguetona típicamente navideño, en el que presentadores y periodistas de la casa, en lugar de hacer su trabajo habitual, se afanaban en representar número musicales. A unos les salía mejor, a otros peor, pero quedaba desopilante y llamativo en cualquier caso.

 

El formato, que se llamó “Telepasión”, me parece que fue reeditado en varias navidades e incluso replicado por alguna privada.

 

Propongo a los articulistas y participantes habituales, si saben y tienen ganas, escribir un poco a contraestilo unos días. Aplicándome el cuento, lo de hoy va sin usar ninguna noticia de prensa, no toca ni economía ni política, y tampoco creo que suscite ni adhesiones ni encono.

 

 

Señoras y señores, que me gusta la ópera, así, sin prepotencia ni vergüenza, me gusta la ópera. Yo, que siempre he sido de fútbol, de novelas de aventuras, malas y buenas, de películas del oeste y de comida de cuchara, ahora he aprendido a distinguir de oído verismo de bel canto, lo cuento y no lo creen, ni yo lo creo.

 

Yo, que creo que Clint Eastwood es dios, que tengo todo de Pérez-Reverte, que peroro durante horas sobre partidos y resultados de temporadas inmemoriales, me pongo con ojo exigente todos los años a ver la programación del Real. Pasmo de propios y extraños, incluso aproveché una  visita a un amigote en Berlín para irnos a ver Turandot, muy “fisnos” y luego a ponernos tibios de cerveza, esto último más en la línea tradicional.

 

Pero hay que reconocerlo, aun descubriendo una nueva afición teóricamente elevada y reservada para las percepciones educadas, me sale el barrio. La cabra tira al monte, se me ven las cuerdas, las costuras o las trazas, como se quiera llamar, y así pasan cosas curiosas. Dicen aquello de que no se pueden borrar las rayas de un tigre y soy la prueba viviente. No hay manera de que deje de ser…un pelín …eso… bestia.

 

Nada de panta rei.. hay cosas que permanecen y mucho. Por ejemplo, yo que soy de cuchara y novela, degusto a Mozart, Verdi o Puccini, que eran en su época bastante populares. Me gusta lo conocido, o lo fácil, Donizzetti, por ejemplo. Cosas más sofisticadas se me escapan, como el que le pone a una vaca la televisión, como si nada, oiga.

 

La afición de toda una vida a Clint Eastwood y en general a los tipos duros, no podía irse así como así, y digo yo que se habrá vuelto en apreciación por los barítonos y los bajos o los papeles de carácter machote.

 

Ese Otello con las venas del cuello como tuberías cuando se entera de que Desdémona mira con ojos tiernos a Cassio, ese Don Giovanni mandando al carajo al Comendador cuando le dice que se arrepienta o que se lo lleva al infierno, o Don Carlos y Don Alvaro en un duelo a espadas cantado, mentándose a las madres durante diez minutos…la leche… en fin…

Es un poco como seguir  viendo al tipo torvo del poncho desgalichado impartiendo justicia, solo que pasado un poco por el tamiz histórico. Y oye, las cosas como son, la voz y la música dan para matices infinitos, el Comendador está mucho más completa, extensa y potentemente mandado al carajo cantando, que con un puñetazo que lo haga rodar sobre la barra. Ahí, se ponga como se ponga, Sergio Leone pierde por goleada.

 

Y es que para las cosas novelescas, aventuras, duelos a espada, venganzas insaciables, celos y despechos, las voces masculinas no elevan el alma, pero van directas a las tripas.

 

No hay dos sin tres, las peroratas. Donde  antes se dedicaba saliva y energía a decidirse y argumentar sobre si Messi o Zidane, Cruiff o Maradona, el fútbol de ahora o de antes, Brasil o Argentina, Luis Aragonés o Del Bosque, simplemente se han transformado y engendrado los mismo patrones con distintos personajes.

 

Callas, Caballé o Tebaldi se disputan la supremacía de las delantero centro belcantistas, como hay goleadores sublimes tipo Ronaldo, ellas son capaces de hacerte un nudo en las tripas o de llenarte los ojos de lágrimas si las dejas el espacio suficiente. Casta Diva, Un bel di vedremo, el Aria de la locura, o el gol del carioca contra el Compostela cuando jugaba en el Barça. Pues eso, lo mismo, pero distinto.

 

Kraus y Pavarotti, o Carreras, son esos especialistas holandeses, esos extremos, esas zurdas de seda que son capaces de tirar un caño a siete metros o clavarla de rosca impecable por la escuadra. El uno técnico hasta mas no poder, el otro intuitivo y valiente. Ambos dos buenísimos en “A mes amis” una romanza que llaman el Everest de los tenores porque hay que fumarse 8 does de pecho como 8 pianos. Luego cada uno sus cositas… y habrá quien sea del “Nessun dorma” del Italiano, glorioso, metálico una pieza que empieza de noche y acaba amaneciendo… o del “Tombe degli avi miei” del canario, pequeño, honrado, íntimo, reflexivo.

 

Y luego está Placido Domingo, claro, capítulo a parte. Pelé, Zidane, Di Stefano. Capaz de hacer más que nadie porque sus condiciones naturales son privilegiadas. Puede ser barítono y tenor así un poco grave, que le da un poso para los papeles de “hombretón”. Otello es él, punto. Cuando Dice lo de ¡Desdemona rea! (culpable) acojona al más pintado, y al mismo tiempo lo sabe decir de una manera que se nota indiscutiblemente que acaban de hacerlo polvo ahí mismo. Para hacer eso cantando hay que ser muy muy bueno, digo yo. Pero claro, digo lo mismo que cuando veía a Zidane en plan Zidane.

 

Así que este es el tema. Uno pensando que se había desbravado y estaba a puntito de entender por qué las recepciones del embajador son mucho mejores desde que hay “Ferrero rocher” y resulta que no.

 

Habrá mejorado la calidad artística del estímulo, pero lo sublime de las emociones causadas no demasiado. Vamos, que yo habré entrado en el arte, pero el arte en mí, es más discutible. De todas formas, sigo insistiendo, porque me gusta y lo mismo un día experimento, por fin, la revelación.