¿Una verdadera alternativa de izquierda europea?

LBNL

Anunciaba por estos lares el otro dí­a Lobisón la esperanzadora reunión de varias fundaciones de centro-izquierda en París. Como habrán visto los lectores de El País del pasado domingo, los líderes de los principales partidos de izquierdas de los tres países más grandes de entre los fundadores de la UE – François Hollande del Partido Socialista francés, Sigmar Gabriel del SPD alemán y Pier Luigi Bersani del Partido Democrático italiano- sellaron una alianza para reconstruir Europa en la línea que viene defendiendo el primero en su campaña electoral para las elecciones presidenciales, cuyas dos vueltas tendrán lugar los próximos 22 de abril y 6 de mayo.

En resumen (ver mi entrada del pasado 8 de febrero para más detalle), Hollande propugna la revisión del recientemente aprobado Pacto Fiscal de los países del Euro para incluir medidas de estímulo económico. En caso contrario, la Francia presidida por él no lo ratificaría y aunque teóricamente podría entrar en vigor el 1 de enero del próximo año aun sin Francia, en la práctica el Tratado quedaría herido de muerte. La adhesión del SPD alemán y el PD italiano es importante más desde un punto de vista ideológico que práctico, dado que las próximas elecciones generales en ambos países tendrán lugar entrado 2013 y, además, ninguno de los dos parece tener demasiadas probabilidades de gobernar en solitario.

Por su parte, Hollande está perdiendo algo de terreno en las encuestas, especialmente después de que Sarkozy confirmara su candidatura. Aun así, la última disponible apunta a que Hollande batiría a Sarkozy en la segunda vuelta quedando ligeramente por detrás de éste en la primera, en la que Sarko conseguiría desterrar el peligro de verse superado por la derecha extrema de Marine Le Pen, heredera ideológica y familiar del Frente Nacional. Precisamente con ese objetivo, Sarkozy viene escorando su campaña hacia la derecha, advirtiendo contra los excesos de la libre circulación de europeos por la zona Schenguen y optando por declinar la ayuda de la Canciller Merkel, pese a habérsela pedido hace unos meses, con el argumento patriotero de que las elecciones francesas son cosa de franceses.

Queda mucho todavía para las elecciones y puede pasar cualquier cosa, pero no es previsible que Hollande varíe su discurso, en parte inspirado por el de su otrora contrincante en las primarias, Arnaud Montebourg, que optó por apoyarle tras quedar tercero detrás de Aubry. Montebourg, autor de “Votad la desglobalización”,  se define como neoproteccionista y reclama tasar las exportaciones de los países “low cost”. Hollande utiliza un lenguaje menos agresivo y se limita a reclamar acuerdos de reciprocidad con los socios comerciales que no respeten unos mínimos estándares ecológicos y laborales. Es decir, el comercio es intrínsecamente positivo para ambas partes, pero sólo en la medida en la que esté basado en condiciones compatibles como por ejemplo dentro de la Unión Europea. En caso contrario, no sólo importamos bienes baratos sino también las condiciones laborales paupérrimas de quién nos exporta. ¿Qué es mejor, pagar el triple por un iPad y tener que esperar mucho más para poder disfrutarlo, o perder el puesto de trabajo, o ver rebajado tu salario?

Son cuestiones complejas, sin duda, que no ofrecen soluciones sencillas. La novedad está en que parece que al menos un representante de la izquierda con posibilidades de gobernar empieza a esbozar propuestas alternativas o complementarias a las respuestas liberales que, siendo igualmente simples, sin embargo venimos dando por buenas desde hace varias décadas, con resultados desastrosos como empezamos a darnos cuenta.

Por cierto, ¿dónde estaba Rubalcaba mientras sus homólogos se planteaban estos problemas y sellaban su alianza? Lo digo porque leyendo al columnista del Financial Times, Wolfgang Münchau, la perspectiva para España, incluso con el pragmatismo de Rajoy al que aludía Lobisón, es aterradora, lo que extrema la necesidad de plantear alternativas a la altura del desafío.

Quizás, sólo quizás, sea conveniente que Izquierda Unida suba mucho en Asturias y Andalucía este fin de semana mientras el PSOE completa su viaje en pos de la mínima cuota posible de poder estatal. No soy fan de Izquierda Unida y menos aun de Cayo Lara, ni siquiera de Llamazares o Sabanas, caras más amables para mí de ese espectro ideológico. Pero si la presión política de Montebourg ha servido para que Hollande haga los deberes, me parece que un ascenso significativo de Izquierda Unida tendría un efecto detonante similar en España. En doble dirección, además, porque el Gobierno podría tener un indicador tangible del hartazgo social.

Pero es probable que no lo tenga porque el PSOE gane en Asturias pero no pueda gobernar porque IU no suba lo suficiente, y porque el PSOE pierda  en Andalucía donde gobernaría el PP sin que IU sea incapaz de capitalizar el descontento de izquierdas. Y así, el PP tendría todo el poder, directo o condicionado (su apoyo a CiU y PSE en Cataluña y País Vasco), y asumiría toda la responsabilidad de lo que hay que hacer y de lo que pase. ¿Y el PSOE? Pues nada, a “confiar” en que el PP no salve a España de la catástrofe porque si así fuera se aseguraría un Gobierno indefinido. Y si por el contrario el PP nos lleva al desastre con la austeridad y su forma de gobernar “como dios manda”, copiamos lo que hayan acordado los líderes de la izquierda europea y santas pascuas…