¿Tiene sentido una iniciativa española para la paz en Oriente Medio?

MCEC

Todos querríamos que hubiera paz en Oriente Medio, por el bienestar de la población palestina, por la seguridad de la israelí y por la estabilidad en toda la región y del mundo entero. Así que lanzar una iniciativa diplomática en favor de un objetivo compartido tiene a priori bastante sentido. Y sin embargo, embarcarse en una empresa condenada al fracaso de antemano no lo tendría en absoluto, siendo dudoso que la iniciativa española tenga alguna posibilidad real de materializarse en un avance sobre el terreno. Aunque sólo sea por la cantidad de iniciativas y actores que han fracasado en el mismo empeño.

La argumentación del Gobierno en defensa de su iniciativa ha sido doble. Por un lado, es lo correcto; no podemos permanecer impasibles ante la tragedia diaria. Además, la tragedia nos cuesta un pastón: ¡este año la Comisión Europea ha donado 650 millones de euros! A los que hay que sumar las donaciones bilaterales de los Estados Miembros de la Unión. ¡Saquemosles rédito! Si tenemos que financiar el bienestar palestino (y llevamos haciéndolo en cantidades ingentes desde al menos 1994), tomemos las riendas de la situación y resolvamosla. Para ahorrar vidas inocentes y gastos al contribuyente europeo. Y de paso, para evitar que el doble rasero internacional siga animando a jóvenes árabes y musulmanes de todo el mundo a sumarse a la Yihad, que ya hemo sufrido en carne propia. Además, los países árabes nos lo estaban pidiendo a gritos, a todos, pero especialmente a España que tuvo ocasión de escuchar sus demandas dos semanas antes en una reunión del denominado Foromed que aprobó algo que se vino en llamar la Declaración de Alicante.

Por otro lado, el momento es propicio. La retirada unilateral israelí de Gaza demostró que sus sueños bíblicos se circunscriben a Cisjordania. Si cesan los cohetes palestinos cesarán también las operaciones de represalia. Como parte de su retirada Israel aceptó que la Unión Europea asumiera la gestión del paso fronterizo entre Egipto y Gaza. Y desde este verano España y otros países europeos tienen desplegadas tropas en el sur del Líbano, algo que Israel, sólo unos años atrás, jamás habría aceptado. Con un poco de persuasión Israel podría aceptar una fuerza de interposicíon europea en Gaza. Y además los Estados Unidos, eterno protector de Israel, está ahora noqueado por la corrupción, la incompetencia y los desastrosos resultados de la política maniqueista neocon de la administración Bush. Ahora o nunca; es la hora de Europa y España, como cuna de las tres culturas y nación próxima a lo árabe, tiene el deber de espolear la conciencia de sus socios de la Unión.

(una estrenduosa salva de aplausos interrumpe la ráfaga mitinera)

Pero las críticas no se han hecho esperar. Israel ha despreciado públicamente la iniciativa, los Estados Unidos han comentado que seguro que es bienintencionada pero que mejor si hubiera sido consultada previamente. La mayoría de los países de la UE no se ha pronunciado. Entre los que lo han hecho, Alemania manifestó que le parecía muy bien pero que no podía sumarse en vista de su próxima presidencia de la Unión y sólo Chirac y algunos portavoces árabes le han dado una calurosa bienvenida.

La falta de entusiasmo tiene sin duda que ver con la manera en la que la diplomacia española se ha lanzado al ruedo. Sorpresivamente el Presidente del Gobierno anunció desde Estanbul, donde se encontraba para endosar el informe del Grupo de Alto Nivel de las Naciones Unidas para una Alianza de Civilizaciones, que España tomaba buena nota del informe – informe que identifica el conflicto israelí-palestino como una causa principal de la creciente brecha entre Occidente y el mundo musulmán – y que iba a lanzar una iniciativa próximamente. Tres o cuatro días más tarde la iniciativa se concretó en una Cumbre bilateral con Francia, a bombo y platillo. Sólo Prodi y Solana fueron consultado e informado, respectivamente. Reino Unido y Alemania quedaron fuera de juego, por no hablar de Israel y Estados Unidos, que tienen asumido que nada puede hacerse en Oriente Medio sin su consentimiento.

Estamos pues ante una nueva muestra del voluntarismo bien intencionado e improvisación característica de nuestra diplomacia, no exclusiva de este Gobierno sino más bien típica del quijotismo español: lanzar un plan y escribirlo a continuación; pregonar la solución y sólo después evaluar si es viable. La visita de Obiang esa misma semana parece otro ejemplo de esa tendencia tan nuestra a actuar en caliente, sin sopesar previamente las consecuencias y las alternativas.

Los medios de comunicación españoles, incluso los más afines al Gobierno, se han despachado a gusto coreando los esloganes del PP sobre el buenismo del Gobierno, su pacifismo trasnochado y su escoramiento hacia el apaciguamiento de lo malvado, sea el terrorismo islamista o un dictador africano.

(ahora son los abucheos los que interrumpen, aderezados por gritos de Zapatero chapucero, Moratinos desatinos…)

Las dos líneas argumentales son válidas pese a ser contradictorias, como la vida misma. La iniciativa es correcta, el momento es propicio, se improvisó demasiado y no se ha explicado bien en absoluto. Pero eso es demasiado fácil, mojémonos.

Por supuesto habría sido preferible que la iniciativa se preparara con más cuidado, planificando escenarios, sondeando apoyos dentro de la Unión Europea. Pero ello habría conllevado perder el factor sorpresa. Y si bien la no consulta de Israel y Estados Unidos es el mayor obstáculo para que la iniciativa lleve a alguna parte que valga la pena, también es su mayor valor añadido potencial. Porque de hecho la iniciativa no conlleva nada verdaderamente novedoso: ni siquiera la fuerza de interposición en Gaza es un concepto nuevo. La iniciativa es un remix de elementos bien conocidos (alto el fuego, nuevo Gobierno de unidad palestino y apertura de un canal negociador con Israel) pero que hasta ahora han encallado precisamente por la imposición de condiciones por parte de Israel (los palestinos no las imponen porque saben que no pueden). Lo que España ha hecho es atacar el monopolio establecido en Oriente Medio desde hace décadas, prácticamente desde la crisis del Canal de Suez de 1956, que enterró las pretensiones post coloniales de Francia y Reino Unido. Estados Unidos propone y dispone y Europa, Japón, Rusia y las Naciones Unidas apoyan y financian. Y los árabes aliados de Estados Unidos consienten y los más reacios tragan.

Zapatero y Moratinos se han lanzado a la piscina en cuanto han visto un poco de agua. El tiempo y los resultados dirán si la piscina estaba medio llena o medio vacía. Los mismos factores que juzgarán la apuesta de Zapatero por acabar con ETA, otra iniciativa que nos afecta mucho más directamente pero que también podía haberse consultado más y comunicado mejor.

Ahora bien, lo que es seguro es que si dentro de unos meses vemos fuerzas europeas desplegadas en Gaza, los que dentor de España braman ahora contra la iniciativa despreciarán el arrojo demostrado y los buenos resultados cosechados y se concentrarán en la siguiente pifia que criticar. Como tampoco se comerán sus injurias sobre el Proceso de Paz en el País Vasco cuando ETA sólo sea una pesadilla del pasado y se hayan respetado las líneas rojas de la democracia constitucional.

(La última vez prométí no escribir sobre el monotema. Lo he intentado pero no he podido resistirme a la conexión final)