¿Sirve de algo que el G-20 se reúna?

Sicilia

Hace un año aproximadamente estábamos en plena vorágine de malísimas noticias provenientes del sistema financiero internacional. Hace un año el Reino Unido cuasi nacionalizó la banca, seguido poco después de medidas similares en los Estados Unidos, que se embarcó en la mayor oleada de intervención pública en la economía que se recuerda. Ironías del destino, la administración Bush, mirada en sus últimos meses, puede ser tildada de criptosocialista.

 Hace un año diferentes países de las llamadas economías avanzadas se empezaron a emplear a fondo en rescatar o apoyar bancos y en inyectar en sus entramados económicos cantidades ingentes de dinero público. Hace un año se examinaban con lupa y posterior escándalo las remuneraciones a los ejecutivos bancarios que habían llevado a sus entidades a situaciones de un riesgo que dejaba de ser de entidad para pasar a ser sistémico.

 Hace un año se daba por seguro que el modelo de supervisión financiero vigente, basado precisamente en la no supervisión, la autorregulación y la cada vez mayor lasitud en las reglas de control,  había llevado al mundo al borde del colapso.

 Hace un año el presidente del FMI abogaba por “la política de dinamita” contra los paraísos fiscales, dando una decorosa patada debajo de la mesa a 15 años de informes del FMI que bendecían la desregulación financiera y el encogimiento máximo del papel de los gobiernos en la economía.

 Hace un año Angela Merkel postulaba la creación de un supervisor financiero a escala europea, cuestionando hasta el límite el papel de las agencias de rating. Hace un año el presidente de la patronal española pedía una suspensión temporal del libre mercado.

 Hace un año parecía que todo el mundo estaba de acuerdo en que las reglas del juego imperantes hasta la fecha debían cambiar de manera drástica.

 Hace un año los mandatarios de las veinte economías más potentes del planeta, planificaban la primera de las que han sido una serie de reuniones destinadas, precisamente, a coordinar actuaciones y tomar medidas orientadas a ese cambio. Hace un año se hacían bromas de todos los tonos a costa de los esfuerzos de la diplomacia española por tener plaza en este proceso.

 Ayer finalizaba en Estambul la cumbre del FMI que se supone, de nuevo en palabras de su garrulo director, debe dar origen a un nuevo FMI que recoja las conclusiones de tanta reunión del más alto perfil disponible en estos tiempos.

 ¿Qué ha quedado tras el pánico inicial y un año de crisis? Castizamente, se puede decir aquello de “según se mire”. Para indicar a donde debe mirarse, puede servir primero lo hecho hasta ahora; segundo, lo que se tiene intención de hacer; tercero, lo anterior puede sazonarse con las impresiones que se tengan de cuánto de los propósitos va a buenas palabras y cuánto parece que va a traducirse en acciones.

 No es descabellado evaluar el resultado final con la frase del Gatopardo de Lampedusa, da la impresión de que nos encaminamos más bien hacia un “cambiar para que nada cambie” que a un nuevo orden económico mundial.

 Lo que se ha hecho es de sobra conocido. Meter dinero a chorros en el sistema financiero primero y en el sistema productivo después. Cada país lo ha hecho a su gusto y afición, pero todos con intensidad. A valorar el intento de coordinación europeo a la hora, primero, de garantizar de igual manera los depósitos en las entidades de crédito y luego las ayudas a los sectores productivos. No obstante, estas actuaciones eran obligatorias para salvarnos de la vuelta al trueque. Como el arrebato de adrenalina que se experimenta en momentos de peligro, fue un acto reflejo, sin pensar.

 Después viene lo que se quiere hacer, y qué saldrá de ello. Como esos días en que te levantas con una monumental resaca, menudearon las promesas contritas, y con el estómago del revés, de no volver a beber jamás. Entonces se dijeron las frases que encabezan el artículo, pero, de todo eso ¿qué ha quedado?

 Si nos atenemos a las conclusiones de la cumbre del G-20 celebrada en Pittsburgh en este septiembre recién finalizado, no se puede decir que todo haya desaparecido, pero sí que hay cosas que permanecen y otras que han perdido fuerza.

 La primera víctima ha sido el señor o señora que recitaba en tono inquisitorialmente ortodoxo a la oreja de los redactores “desregulación, liberalización, contracción de gasto”. Que le vaya bien. Ahora parece que su puesto lo ha ocupado alguien de tono menos fundamentalista, que dice cosas como “regulación, supervisión y necesidad de estímulos fiscales”. Es de agradecer la innovación narrativa, pero lo cierto es que no se alcanza mucho nivel de concreción. Por ejemplo, de si se va a meter o no en cintura a las agencias de rating y de cómo hacerlo, nada. De los paraísos fiscales, parece que dejan la dinamita para más adelante (que tampoco era plan de volar Gran Caimán o Gibraltar) y se habla de unas vaporosas “contramedidas” que podrían tomarse, si eso y tal, a partir de enero de 2010. De la supervisión bancaria incrementada se comenta algo de “ser menos procíclico”, e incluso parece que se abre la puerta a que alguien le pueda decir a un banco “oye, esta operación es muy arriesgada, dota más capital”. Esto en EEUU será toda una novedad, pero en Europa no es precisamente descubrir la pólvora.

 Más decepcionante aún fueron las palabras a tal efecto del Comisario europeo Almunia hace unas semanas. Abogaba por un ente a escala europea con capacidad para emitir circulares nada menos. Tampoco es que cupiera esperar de forma realista que fuésemos a reconvertir a la Legión, con cabra y todo, en el garante de la estabilidad y la buena praxis financiera mundial, pero hombre…con la que está cayendo, lo de las circulares deja un poco sabor a nada.

 Enternecedoras las referencias al acuerdo de Basilea II, que, en pocas palabras era el marco del que los bancos se estaban dotando para autorregularse antes de que se viese que la autorregulación es tan efectiva como ha podido comprobarse.

 No se sabe muy bien que podrá, o que se pretende, rescatar de aquello, pero se lo menciona constantemente como si fuese estupendo. En cuanto a las remuneraciones de los gestores bancarios, el escándalo ya es menor; pasado el susto, se sale con una especie de plazo según el cual los bonus deben percibirse con no sé cuantos años de diferencia y a plazos. A primera vista siempre es mejor que nada, pero ¿por qué da la impresión de que parece que se llega a lo mínimo que debía llegarse con el fin de evitar linchamientos?

 Y para que no se diga que el FMI no concreta, sí que lo hace a la hora de fijar nuevas cuotas participativas y nuevo reparto de votos, y también a la hora de dar cabida a más países, salvo los siete magníficos de antes del “crash” cuando se trata de formar el núcleo duro de poder. La pena de esto es que una reforma similar llevaba en ciernes desde antes de que Rato entrase, y suena a ese viejo truco burócrata consistente en vender como algo extraordinario y fantástico lo que llevabas cociendo entre bastidores hace años porque no quedaba otra. Bienvenido sea el hecho de que, sí, España parece que puede incorporarse de forma definitiva a la mesa importante. Veremos si se concreta.

 En resumen, un poso más amargo que dulce, pasado el sofoco, volvemos a lo mismo. ¿Motivos? Pueden apuntarse varios, sirvan dos. El primero es que después de tanto tiempo hablando en un idioma, cuesta mucho pasar a otro. No te terminas de creer lo que dices y te ves extraño. Así le pasa a la izquierda mundial en general, a la que la fiesta ha pillado completamente a contrapelo y con poca fe en las propuestas alternativas que pueden hacerse de forma realista y sin nacionalizar los medios de producción.

 El segundo es que, posiblemente, hay muchos intereses económicos en que las cosas no se vayan de madre. ¿De verdad pensamos que se puede yugular la espiral de innovación financiera de los últimos veinte años así como así? Este sistema ha colapsado fuertemente pero ha hecho que fluya dinero a espuertas como nunca antes y eso no va a cambiarse con facilidad.

 Por tanto, ¿sirve de algo tanta cumbre del G20? Más bien, y de momento, con las debidas cautelas, parece que de poco.

16 pensamientos en “¿Sirve de algo que el G-20 se reúna?

  1. Le veo a Sicilia demasiado escéptico respecto a la utilidad de estos saraos de mandamases.

    Parece obvio que el ambiente es ya muy distinto respecto al que se vivía un año atrás y no porque se ve ya la luz al final del túnel o no se prevean nuevas turbulencias sino porque aún en el peor de los supuestos, nadie entona ya ese requiem por el sistema que tan alegremente oíamos hace doce meses. Pero ¿alguien se tomó realmente en serio que ibamos hacia una refundación del capitalismo? Para que esa posibilidad se hubiera abierto paso primero tendría que haber habido fuerzas críticas empujando por una alternativa (lo que habría facilitado la “refundación” como nueva síntesis de compromiso) pero ni la izquierda ni el movimiento sindical han estado a la altura de las circunstancias. Si nadie empujaba ¿por qué se iba a suicidar (o así) el sistema?

    Sería curioso preguntar, por ejemplo, a nuestro presidente de la patronal si se creyó lo del paréntesis para el libre mercado y si sigue creyendo en ello. Si no es así, debería habernos advertido del momento en que considerará procedente otra fórmula. O, alternativamente, reconocer que fue una tontería que le vino a la boca en un momento de pánico.

    Si las cosas vuelven más o menos por donde estaban y/o los cambios son más bien menores (pero no desprecies nunca el valor de una “circular” bien hecha) cabe preguntarse por la utilidad de las reuniones del G20 como hace Sicilia. Yo creo que para responder a esa cuestión, sería bueno también enfocar el asunto al revés: ¿estaríamos igual si no se hubiera producido esa concertación de voluntades expresada en las reuniones del G20? (como suelen decir los publicistas, el valor de las campañas -al menos de marcas consolidadas-, no hay que verlo tanto por el resultado de la campaña como por el hipotético resultado de no hacerla).

  2. Buenos dias apreciado Sicilia,caballeros callejeros y cabelleras al viento:

    No se si la cumbre del G-20 ha servido para algo….pero.
    Pero….hoy el Sol en España no ha salido por Antequera.
    Hoy el Sol en forma de logotipo de Renault ha salido por Valladolid.
    Ver el resplandor de las caras del responsable de Renault España,el ministro de industria Miguel Sebastian,El presidente de la Comunidad de castilla y Leon , nuestro presidente del Gobierno y los representantes sindicales y de los partidos politicos,ha sido una de las mayores satisfacciones politicas que se han logrado en nuestro pais.
    Por el significado que entraña comprobar que con el esfuerzo de coordinacion y con voluntad politica de entendimiento y respeto institucional ,respaldado por el Gobierno ,se pueden dar pasos para la mejora de nuestra situacion economica y de futuro.
    Hoy podemos decir que es un gran dia para España.
    Y no es porque lo dga yo ,lo haya dicho Zapatero,el presidente de Castilla y Leon,el ministro de Industria,el responsable de Renault España,los sindicatos, los representantes politicos,es porque la verdad,nada tiene que ver con la mentira y el optimismo siempre abre mas puertas que el pesimismo cierra.

    ¡¡¡Hoy es un gran dia!!!…..ahora nos toca comprarnos el coche electrico…JAJAJA…..que nervios.

  3. Gracias a Barañain por el único comentario del día.

    Las circulares:

    Una circular, en la mayor parte de los casos, es aquel documento que se manda para no dejar especialmente mal a nadie y ser leído entre líneas SO PENA DE TOMAR MEDIDAS MAS DRASTICAS.
    Si la mayor amenza es recibir otra circular… no es que imponga mucho.

    Luego están las connotaciones, que diria Luis Aragonés. Un supervisor que sólo tiene la convicción suave como arma, sin poder usar “el palo”, dura lo que dure la simpatia del sector, es decir, mientras no supervise o regañe demasiado; si no, se le monta una campañita en contra y fuera.

    Niet niet.

    ¿Mejor ahora que hace un año? La coyuntura mundial desde luego.
    ¿refundar el capitalismo? Tampoco se trata de eso, pero si de sobrepasar la barrera del arreglo cosmético y de las apariencias para hacer algo, aunque sea poco, de verdad.

  4. Holaaa!!!

    Hola Sicilia, yo sinceramente creo que las reuniones a esta escala sirven de poco, todo lo gallitos que son cada uno de los representantes cuando llega la ocasión se vuelven blanditos, claro, no vas a decir claramente lo que piensas… como el rey… jeje Tenerlas es mejor que no tenerlas, pero no sirve pa ná. En cuanto esto se recupere un poquín todo volverá a estar como estaba… cuanto te va?!?

    Amistad… la frase “Debemos suponer que la motivación [de las familias de etarras encarcelados] es más humana y que el objetivo es crear simpatía más que incitar a la violencia” me recuerda al ‘creique y penseque son amigos del tonteque”. “Debemos suponer” lo dirá él, yo digo “debemos suponer que no”, lo que pasa es que él manda más…jeje

  5. Gracias AC. Te has adelantado, lo había leído esta mañana en El Correo y pensaba poner el enlace luego. yo creo que expresa una postura bastante razonable.

  6. se me ocurre otra cosa… si “debemos suponer” entonces lo más fácil es preguntar a esta pandi de familiares si están a favor o en contra de ETA, y su respuesta será clara, Si o No. Si no se les hace esta pregunta entonces no hay que suponer NADA.

    Saludos!

  7. Llevo días, con gran dolor de mi corazón, sin poder entrar en el blog por falta de tiempo. Una pena. Felicitaciones con retraso a Salaberria por sus disquisiciones góticas.

    El asunto que plantea Sicilia es interesantísimo. Yo me siento tan decepcionado como él. Al final, poco cambio vamos a observar. Es verdad que la retórica neoliberal retrocederá, pero es poca cosa para una crisis de la magnitud que estamos viviendo. En realidad, me temo, la clave está en que los gobiernos hayan sido capaces de salvar el sistema. Roosevelt fue capaz de poner en práctica el New Deal porque el crack del 29 se transformó en una verdadera depresión económica, con una caída del PIB de un tercio, si no recuerdo mal. Pasaron cinco años de depresión hasta que Roosevelt pudo actuar. Las grandes transformaciones sociales y políticas (extensión del sufragio, creación del Estado del Bienestar y cosas así) han seguido siempre a guerras o cataclismos similares. Si los gobiernos consiguen que salgamos del aprieto en un par de años, no se darán las condiciones para un cambio en profundidad. En cuanto se otea el crecimiento y se aleja el fantasma de la recesión, los buenos propósitos de meter mano a la corrupción capitalista institucionalizada quedan en nada.

    En nuestro país el gobierno está siendo demasiado timorato. No quiere oir hablar de hacer pagar a los que más tienen. Lo de las SICAV se niegan a tocarlo. No se trata ni siquiera de subir la imposición, bastaría tan sólo con que se verificase que se dan las condiciones en cuanto a socios para constituir una SICAV. Los bancos proporcionan los 80 0 90 “mariachis” necesarios para conseguir que una familia se haga su propia SICAV. Dudo mucho de que si esas familias se van a Francia o a Holanda, los bancos de allí vayan a proporcionales los “mariachis” correspondientes para hacer sus SICAVs. Aparte de las SICAV, los rendimientos del trabajo siguen tributando muchísimo más que los rendimientos del capital.

    Otra cosa. Nuevo capítulo de desastre comunicativo del Gobierno: ZP y los suyos han conseguido a pulso revolucionar a la comunidad científica con los recortes en I+D. Al final, no hay recorte alguno. Si no hay recorte, ¿para qué han creado este pequeño escándalo, la sospecha de muchos, el malentendido entre casi todos? Incomprensible.

  8. Mágnífico el artículo de Sicilia. Participo de su pesimismo e incluso he caído en una terrible asociación de ideas: sin querer me he puesto a tararear “How many times must a white dove sail, before it can rest in the sand. The answer my friends is blowing in the wind, the answer is blowing in the wind. How many times can a man turn his head, and pretend that he just doesn´t see. Etc…..”.

    Pero volviendo al tema, me parece muy acertado lo que dice Barañaín (#1): ¿estaríamos igual si no se hubiera producido esa concertación de voluntades expresada en las reuniones del G20? (como suelen decir los publicistas, el valor de las campañas -al menos de marcas consolidadas-, no hay que verlo tanto por el resultado de la campaña como por el hipotético resultado de no hacerla).

    En fin, que de algo sirve que se estén reuniendo todos los años y jurando al unísono que van a poner en práctica un nuevo sistema regulatorio que tenga bajo su jurisdicción no sólo a los bancos sino al resto de intermediarios financieros. Por lo menos sirve para que no resurjan las voces de que hay que dejar libertad para que puedan hacer innovaciones financieras que tan buenas son para crear riqueza. Pero, además, creo que despues de los políticos vienen las reuniones de los técnicos y, lentos pero constantes, van a ir pergeñando reformas que todos se comprometen a cumplir después de negociaciones. Ese fue el camino del GATT, luego llamado con siglas que no recuerdo, porque incluía tambien la abolición de tarifas y dumping en los servicios. Fueron muchas décadas de negociaciones, pero poco a poco se fueron cargando miles de aranceles y dumpings comerciales.

    Sicilia critica el acuerdo de Basilea II como inefectivo, pero no está en lo cierto. El esquema contable de Basilea II impide que los bancos puedan esconder su riesgo crediticio trasvasándolo de su balance reglamentado a otras entidades satélites no reglamentadas. El problema es que sólo la UE lo ha adoptado. Pero es un comienzo que se configuró despues de la crisis de los punto com.

    Estoy tambien de acuerdo con D.Cicuta que en el #8 indica que “Las grandes transformaciones sociales y políticas (extensión del sufragio, creación del Estado del Bienestar y cosas así) han seguido siempre a guerras o cataclismos similares.” De hecho la Gran Depresión y la II Guerra Mundial dieron como resultado la famosa reunión de Bretton Woods en que se perfilaron el FMI, el Banco Mundial y el GATT. Es decir, bastante después de la catastrofe inicial aunque inmediatamente después de la guerra. Es de esperar que esta vez no haya que esperar tanto ni que sea necesaria una guerra, pero siempre el proceso será lento. Lo fundamental es no dejar que vuelvan a resurgir los amantes del libre mercado como creador de la máxima riqueza para todos, que no tardarán en decir que sin el macrocrédito otorgado por los gobiernos a las entidades financieras tambien se hubiera resuelto la crisis.

    En N.Y. Goldman Sachs ya está aplicando computadores hiperrápidos para hacer operaciones de bolsa en segundos de tiempo, ganando el terreno a cualquier otro especulador al que le haya llegado el chivatazo económico. Ya sabemos a dónde conduce esto en cuanto se propague este virus. Lástima que la policía, tan capaz de hacer frente a las protestas anti-capitalistas en las ciudades donde se reune el G-20, no sea capaz de meter en granjas agrícolas a estos creadores de riqueza financiera.

  9. A mí también me ha parecido magnífico el artículo de Sicilia y me invade la depresión por lo que cuenta, aunque comparto la reflexión de Barañaín. Peor sería sin G20.

    Por otro lado, comparto la alegría de Amistad por la decisión de Renault en Valladolid.

    Y me pregunto, despúes de la publicación de este sumario que desvela a tanto delincuente en la vida política, ¿seguirá subiendo el PP en las encuestas? Y me vuelve a invadir la depresión.

  10. Más:
    http://www.elpais.com/articulo/espana/Correa/Paco/Cascos/tenia/cierta/relacion/dio/cuenta/AENA/elpepuesp/20091006elpepunac_33/Tes

    Y dice Esperanza Aguirre que ella está frustrada porque creía que se iba a publicar todo el sumario y sólo se ha publicado un tercio, o sea, 17.000 folios. Y que con tan poca cosa, no tiene nada que decir, claro. La desfachatez de esta señora siempre me sorprende.
    Y Rajoy dice que lo que hay que hacer es “preocuparse de la gente, escuchar a la gente, y no hacer caso de nada más”. Otro.
    Y no digamos, el inefable Costa, con su peculiar estilo, saliendo por peteneras, diciendo que ellos ya siguen en su línea de respetar las decisiones judiciales.
    ¡¡Qué gente!!

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