¿Se puede ser patriota en España?

Ignacio Sánchez-Cuenca

En los dos últimos años ha renacido con fuerza el nacionalismo español. Basta echar un vistazo a las fotos de las manifestaciones organizadas por la derecha en contra del Gobierno (la mayoría de ellas contra la política antiterrorista), para darse cuenta de la profusión de banderas y símbolos nacionales. Ondean tantas banderas bicolores como ikurriñas en las manifestaciones de los nacionalistas vascos. Hay algo casi obsesivo en el uso de nuestra bandera. En Madrid, muchos coches llevan una cinta con la enseña nacional anudada al espejo retrovisor. Y, en ciertos barrios, cada vez es más frecuente ver perros con collar y correa rojigualdas. Por no hablar de pulseritas o de banderitas diminutas pegadas con adhesivo a los relojes de pulsera.Es como si el terrorismo le hubiese dado la coartada a mucha gente de derechas para sacar toda la simbología que desde la muerte de Franco se había quedado en los armarios. Se hace en defensa de la nación española, defensa que, gracias a los servicios prestados por un nutrido grupo de intelectuales vascos supuestamente antinacionalistas, se reviste de reivindicación de la libertad y el Estado de derecho. Esta nueva derecha adopta la retórica de una nación española cívica, asentada en valores liberales, frente a la paz que ansía una izquierda trasnochada y frente a los nacionalismos trogloditas (de la “tribu�, como prefieren decir ellos, como si hubiera habido alguna tribu nacionalista en la historia) que proceden del País Vasco y Cataluña. Por desgracia para ellos, esta historia es, sencillamente, falsa: la nación española que enarbola la derecha no parece ser, a tenor de sus manifestaciones populares, un ejemplo de civismo “pos-nacional�.

Cuando la derecha saca las banderas nacionales para protestar por la ley del matrimonio homosexual, la ley de la reforma educativa, el proceso de paz, o la prisión atenuada de De Juana Chaos, está suponiendo que quien no comparte sus tesis no es un español de bien: en el mejor de los casos, será un mal español, y en el peor un anti-español. Sólo así se entiende que la derecha utilice la bandera en sus protestas políticas. No son protestas, digamos, contra las bases norteamericanas en suelo español, o contra el intrusismo de la Comisión europea en asuntos internos nuestros. No, son protestas contra el Gobierno de España. Ondear la bandera española contra el Gobierno de España sólo tiene sentido si ese Gobierno representa a la antiEspaña (y su presidente al anticristo, como le gritaron en Murcia).

Durante la segunda legislatura del PP, la derecha intentó crear un nuevo patriotismo que, de nuevo con la ayuda de esos intelectuales vascos a los que antes hacía referencia, fuera algo distinto de la cruzada nacional-católica. Le pusieron en bandeja a Aznar el concepto abstruso de “patriotismo constitucional�: se puede ser patriota y no nacionalista si el sentimiento patriótico se dirige no a las esencias del pueblo español y su pasado imperial, sino a nuestra Constitución, ese conjunto de reglas y valores que nos permite vivir en libertad.

Francamente, siempre he pensado que esto del patriotismo constitucional es un tanto extraño. No es casualidad que sea en países con un pasado traumático y cainita, como Alemania o España, donde tenga más predicamento. Me cuesta entender cómo se puede ser patriota de una Constitución (como la española, que reconoce, entre otras cosas, la Monarquía, los derechos forales, la indisolubilidad de la patria garantizada por el Ejército, etcétera, etcétera). Pero incluso si elimináramos todos esos elementos, ¿qué quiere decir exactamente ser un patriota del art.68.2, que establece que en España la circunscripción electoral es la provincia?

La autenticidad del patriotismo constitucional se ha puesto de manifiesto durante la presente legislatura. Es el mismo patriotismo rancio de siempre, por mucho que quiera disfrazarse de liberalismo. Es el patriotismo de la España eterna frente a la anti-España de la izquierda.

¿Hay alguna forma de ser patriota hoy en España sin ser un nacionalista furioso de derechas? Quizá cabría hablar de un patriotismo racional, frente al sentimental y el constitucional, que consista en mostrarse orgulloso por el sistema de convivencia y bienestar que hay en el país en el que se vive. Desde este punto de vista, es muy fácil ser patriota en Suecia, y algo más difícil en Rusia. Los suecos pueden estar orgullosos por haber construido una sociedad igualitaria y justa, libre, preocupada por los más desfavorecidos. Los rusos tienen menos motivos de orgullo: su país está asolado por la corrupción, y gobernado por un presidente de muy dudosas credenciales democráticas (exterminio de chechenos, de periodistas incómodos, etc.).

España es hoy un país envidiado en muchos lugares del mundo: por su crecimiento económico sostenido, por su vitalidad, por su libertad, por la iniciativa y el empuje de las generaciones más jóvenes, por cierta eclosión cultural, científica y deportiva, etc. Hay buenos motivos para sentirse orgulloso de formar parte de este país, sobre todo si se es consciente del punto del que partimos.

Sin embargo, en España sigue habiendo demasiadas desigualdades, poco respeto a las minorías, mucha burricie, demasiada violencia de género, ruido excesivo, terrorismo nacionalista, mala educación, destrozo urbanístico de la costa… la lista de reparos podría continuar un rato largo. Desde el punto de vista político, tenemos una derecha reaccionaria y rencorosa, que no soporta que la izquierda llegue al poder, que no aguanta las reformas, que se niega a condenar el franquismo, que blande la bandera contra quienes no piensan como ellos, una derecha faltona y maleducada a la que le cuesta asimilar ciertas prácticas democráticas.

Ser patriota en España hoy es poner el listón demasiado bajo. Hay que aspirar a más antes de poder estar verdaderamente orgullosos de formar parte de este país.