¿Ruptura o continuidad?

Julio Embid  

Independientemente de lo que pase en las municipales del año que viene, parece que en el PSOE no existe un plan B para sustituir a Zapatero como candidato en 2012. Todo el mundo da por hecho que volveremos a ver un enfrentamiento 3.0 entre Zapatero y Rajoy, en el que seguramente sea el resultado más ajustado de los tres. Ahora bien, si hubiera una debacle (gobierno en mayoría del PP) en el PSOE, se abriría la caja de Pandora de la sucesión y comenzaría la guerra congresual con un candidato de ruptura contra un candidato de continuidad. 

¿Cómo se escoge al futuro líder del gobierno o líder de la oposición? Pues mediante el modelo de selección delegativa, donde los afiliados de las células (agrupaciones) locales, de distrito o municipio, escogen a sus delegados al Comité Provincial, que a su vez escogen a sus delegados al Comité Regional, que a su vez en función del número de afiliados, escogen a sus delegados al Congreso (Federal/Nacional) que allí votarán al único candidato que se presente o lo reprobarán votando en blanco. De cualquier manera, el poder, la toma de decisiones reside en esos cuadros provinciales, que asisten ininterrumpidamente a todos los Congresos durante décadas, mientras mantienen su red en su provincia. Un sistema decimonónico donde los desplazamientos eran complicados y, por tanto, se precisaba de una convención para fijar los objetivos tetra anuales.

 En España a pesar de lo que se cree hay tantos líderes de ruptura como de continuidad a la cabeza de los grandes partidos. Hay una creencia de que, lo normal, es que un líder escoja a su sucesor, pero como vemos en el gráfico de abajo, no siempre resulta tan sencillo. En el apartado ruptura encontramos tanto a aquellos líderes opuestos a sus predecesores (Arzalluz contra Garaikoetxea) como aquellos que cambiaron totalmente la línea ideológica del partido (Felipe González o Imaz) como aquellos que vencieron a otro candidato apoyado por el aparato previo (J.L. Rodríguez Zapatero). Líderes de continuidad son aquellos designados por su predecesor que por lo general ganaron sus congresos como candidato único (Artur Más o Mariano Rajoy).

Hablar de primarias en España es como hablar del politeísmo, una quimera que tras la experiencia socialista del 1998, nadie tiene ninguna intención de repetir.

 Por fortuna son los resultados electorales los que fijan la vida interna de los partidos y las debacles traen cambios de entrenador.  Sin embargo depende de la crítica interna y el escaso clientelismo la capacidad de traer un cambio real en los partidos más allá del deseo del visir Iznogoud, de ser califa en lugar del califa.