¿Principio del final, final del principio o principio del fin?

Padre de familia

 

¿Es posible que las impresionantes subidas de las bolsas ayer al albur de los incesantes anuncios de intervenciones públicas nacionales e internacionales marquen el principio del fin de la crisis? No es imposible porque lo único claro sobre esta crisis es que nadie tiene la más remota idea de cómo va a transcurrir y dónde acabar. (La sabiduría y humildad socráticas que esta frase encierra merece seguir leyendo, especialmente si vienen acompañadas de la promesa de no recurrir al término millardo…).

Sin embargo, es igualmente posible –y más probable- que lo que hemos experimentado hasta ahora sea sólo el final del principio de una crisis de proporciones tan morrocotudas como las que predicen desde hace meses agoreros varios como el tal Mimo Titos que por estos lares opina. No cabe incluso descartar –aunque es afortunadamente menos probable- que estemos ante el principio del fin del mundo tal y como lo conocemos.

 

Un elemento irrefutable a estas alturas es que las autoridades –tanto las nacionales de las grandes economías como las internacionales- han fracasado completamente a la hora de calibrar la magnitud del colapso económico-financiero que se nos echaba encima. No hace falta recurrir a la absurda polémica pre-electoral española sobre si se avecinaba una crisis económica en España o no. Mucho más graves han sido los errores de cálculo del BCE y la Fed tanto durante la gestación de la crisis como cuando empezó a estallar.

 

 

Lo peor es que no hacía falta ser premio Nobel para darse cuenta: bastaba leer el Financial Times o el Herald Tribune para comprender que nos acercábamos rápidamente hacia el abismo y que la única incógnita era cuándo nos íbamos a dar de bruces con la realidad de la gran pirámide financiera que estábamos construyendo, sólo algo más sofisticada pero igualmente explosiva que aquéllas en las que los más débiles pierden hasta la camisa.

 

 

Nadie previó que lo que pasó con Afinsa y Forum Filatélico podía pasar con la economía mundial. En estos casos, como en el de Nick Leeson (el que quebró Barings en 1995) o el de Jerome Kervier (el que ocasionó una pérdida de 7 mil millones de euros a Société Générale en 2007), concurrían elementos que la economía mundial debía ser capaz de filtrar, tales como el fraude y la falta de control.

 

 

Pero no. Los mercados internacionales fueron incapaces de evitar una subida descontrolada del precio del cobre en 2005 provocada por las fallidas apuestas a la baja de un tal Liu Qibing que parecía obrar por cuenta del Gobierno chino pese a que este último llego incluso a negar su existencia para evitar “perder la cara”. ¿Le suena a alguien el nombre de Brian Hunter y su “hedge fund” Amaranth? Este tipo apostó a que los efectos del huracán Katrina serían devastadores y provocarían una subida drástica del gas natural. Acertó y la horda de inversores que puso en sus manos su dinero para apuestas subsiguientes no pudo sino asumir una pérdida de 6 mil 500 millones de dólares en septiembre de 2006 cuando el fondo quebró tras una de sus arriesgadas apuestas. Tampoco Islandia se colapsó en un día y fueron legión los que durante mucho tiempo hicieron fortuna pidiendo prestado en yenes (a muy bajo tipo de interés) e invirtiendo en coronas islandesas (por encima del 15% de interés). Este juego era demasiado sofisticado para el común de los mortales pero anda que no se han concedido hipotecas en yenes para la compra de inmuebles en España pese a los evidentes riesgos cambiarios en los que se incurría.

 

 

En suma, como denunciaba un tal Richard Duncan en el FT de ayer (http://us.ft.com/ftgateway/superpage.ft?news_id=fto112320081417313812&referrer_id=yahoofinance), el volumen de dinero especulativo “creado” –la burbuja financiera- desde los primeros años 2000 fue adquiriendo proporciones descomunales, asumiéndose en consecuencia riesgos exponencialmente sin que nadie –con mando en plaza- mandara a parar. A lo sumo algún antiguo, como Luis Ángel Rojo, que antes de cesar como Gobernador del Banco de España propuso a sus homólogos –sin éxito, claro- exigir mayores ratios de fiabilidad a los actores principales, esto es, a las entidades financieras.

 

 

Pero no sólo él. Resulta que según Paul B. Farrell de Marketwatch.com (recomiendo su escalofriante artículo prediciendo una gran depresión en 2011: http://www.marketwatch.com/news/story/well-great-depression-2-2011/story.aspx?guid=%7BB28B49B5%2DEFD1%2D4941%2DB57E%2DA2BA1545BA09%7D&dist=msr_2#comments), el mismo Henry Paulson, ex Consejero Delegado de Goldman & Sachs y ahora Secretario del Tesoro, ya le anunció a Bush hace dos años que el volumen de derivados financieros amenazaba con estallarle en la cara a Wall Street y afectar a toda la economía.

 

 

Al menos Rojo impuso su criterio prudente en España, gracias a lo cual hemos sido capaces de capear la crisis financiera hasta la fecha. En cambio, Paulson tomó la decisión de dejar quebrar a su antaño rival Lehman Brothers después de haber intervenido para salvar a otras entidades financieras igualmente culpables de haber incurrido en riesgos superiores a los que eran capaces de afrontar. Acongojado con las consecuencias de su decisión, después intervino para salvar a la mayor aseguradora mundial, AIG, cuya quiebra habría provocado un seísmo financiero global todavía mayor dado su papel central en el aseguramiento de riesgos contra la quiebra de entidades privadas –los CDS.

 

 

A continuación y desdeñando el precedente sueco de los años 90 en el que el Estado salvó a la banca privada adquiriendo participaciones significativas de su capital, defendió la bonanza del programa TARA que le permitiría al Gobierno norteamericano “rescatar” productos “tóxicos” de las entidades financieras privadas hasta 700 mil millones de dólares, para sanear el mercado. Pero hete aquí que el domingo pasado el suplemento “Mercados” de El Mundo (http://www.gatoencerrado.net/store/noticias/51/51030/detalle.htm) incluía un artículo del bueno de Henry en el que se despachaba tranquilamente diciendo “Un programa de adquisición de activos tóxicos, para ser efectivo, requeriría una enorme asignación de dinero. A mediados de septiembre, antes de que empeoraran las condiciones económicas, las compras de activos tóxicos por valor de 700.000 millones de dólares habrían tenido un impacto significativo. Pero la mitad de esa suma, sencillamente no constituye una potencia de fuego suficiente.”

 

Hala, de golpe y porrazo pasamos a utilizar el dinero para comprar acciones de los bancos “contaminados” y nos dejamos de activos tóxicos. Hasta Mimo Titos fue capaz de ver en septiembre que los 700 mil millones serían insuficientes y estaban mal enfocados. ¿Por qué no Paulson que es mucho más estudiado y cobra mucho más? Pero no se inquieten porque Paulson acaba asegurando que “Al desarrollar estas nuevas herramientas y estos nuevos programas para restaurar el vigor de nuestras instituciones financieras, los mercados financieros y el flujo de créditos determinarán en gran medida la velocidad y la trayectoria que tomará nuestra recuperación económica. Tengo confianza en que ésta culminará con éxito, porque nuestra economía es flexible y resistente, y está arraigada en el espíritu emprendedor y la productividad del pueblo estadounidense.” Si esto no es “prueba y error”…

Afortunadamente a Paulson lo nombró Bush y dentro de unas pocas semanas tendremos una nueva Administración “in place” en Washington. Sin duda Obama y su nuevo equipo económico no son “el Mesías” y les costará muy mucho enderezar el curso de la economía norteamericana, pero al menos no fallan en el diagnóstico, o si prefieren, no mienten. Valga como muestra la declaración de Obama ayer de que EEUU se enfrenta a una crisis de proporciones históricas, en la que la situación empeorará antes de mejorar.

(http://www.elpais.com/articulo/internacional/Obama/EE/UU/enfrenta/crisis/proporciones/historicas/elpepuint/20081124elpepuint_14/Tes).

 

Decía al principio que el fin del mundo tal y como lo conocemos no es descartable. Y lo repito: ¿Alguien se atreve verdaderamente a prever qué va a pasar cuando China entre realmente en crisis? Pero es más probable que después de mucho sufrimiento compartido y de un largo periodo de inestabilidad económica mundial -¿hiper inflación o deflación global, o la segunda seguida de la primera?- nuestro sistema socio-económico salga reforzado y, sobre todo, saneado. Bastaría con que se pusieran en práctica las conclusiones de la reciente Cumbre del G-20 en Washington y se limitaran así los apalancamientos excesivos, la opacidad tóxica de los productos financieros más sofisticados y, sobre todo, se evite que de nuevo volvamos a tener todos que costear las consecuencias de la afición a la ruleta de unos pocos.