¿Pekín? 2008

Aitor Riveiro

En el verano de 1936, un atleta vestido de blanco cruzó el Estadio Olímpico de Berlín portando la antorcha olímpica camino del pebetero y dando por iniciados los XI Juegos Olímpicos de la era moderna. Nada raro, salvo quiénes jalonaban la llegada de fuego sagrado.

La antorcha olímpica llega a Berl´nn

(Fotografía vista en Escolar.net)

72 años después, los JJOO se van a celebrar en otra dictadura, en otro país que invade, asesina, censura y promulga leyes genocidas: la República Popular China. Y el asunto no está suscitando demasiado interés.

La preparación de los Juegos sí está recibiendo cierta atención por parte de los medios de comunicación occidentales; hasta hace muy poquito interesaba la visión cuasi folclórica del asunto: que si a los chinos les estaban enseñando a hacer cola, que si les instruían en civismo y urbanismo, que se mandaban circulares para amenazar a los posibles corruptos de que no iban a dejar pasar ni una, que si un señor de la provincia noroccidental del ‘gigante asiático’ (¡cómo gustan los periodistas de decir esto!) había compuesto una canción en honor de los atletas, … Todo muy paleto, muy de reírse a la hora del pincho de tortilla.

Sin embargo, un grupo de personas ha decidido utilizar tan magno evento con fines políticos: parte de la disidencia tibetana se ha levantado contra la opresión china y ha pedido, y muerto una vez más, el reconocimiento de sus derechos, no ya como nación o pueblo sino como seres humanos. Estos acontecimientos han sido seguidos también por los medios de comunicación, sí, pero su repercusión ha sido la misma que las tonterías del párrafo anterior: comentarios de bar y Karmele en un programa bazofia de televisión con una pegatina en la que se podía leer: “Tibet libre”.

Desde que Pekín fuera designada sede de los JJOO de 2008 absolutamente nadie se ha preguntado si hay que celebrar dicho acontecimiento en un país como China; no recuerdo ninguna persona relevante que haya hecho una declaración contundente al respecto: es posible que en las últimas dos semanas algún deportista de elite haya mostrado sus reservas sobre la idoneidad del país anfitrión, pero todavía nadie ha dicho: “No voy a participar en los Juegos Olímpicos porque rechazo el régimen chino”.

Supongo que entre los cientos de deportistas que irán a la cita alguno habrá con conciencia (y consciencia). Y supongo que algún político también. He de pensar que entre los patrocinadores alguno habrá con corazón. Entonces, ¿por qué nadie ha levantado la voz más allá de unas líneas en la sección de Gente? Y más allá, ¿deben celebrarse los Juegos Olímpicos en China? ¿Deben los países democráticos boicotearlos?

Hay dos respuestas tipo a estas preguntas. Por un lado, comandados por el Comité Olímpico Internacional, están los que intentan separar el deporte de la política, los que ven el final de las Olimpiadas (que no es otra cosa que el lapso de tiempo que separa unos Juegos de otros) como un momento de paz, de comunión de la Humanidad, para la tregua y la hermandad mundial.

Son los que creen, con razón, que eventos tan importantes como los Juegos siempre tienen una repercusión positiva en los países en los que se celebran, abren puertas y ventanas cerradas, portan vientos de democracia, favorecen que culturas muy distintas se conozcan y comprendan que, en realidad, no hay tantas diferencias entre unos y otros… Sirven también para potenciar la economía de esos países, para mejorar las infraestructuras (recordemos la Barcelona previa y posterior a 1992), etcétera, etcétera, etcétera.

Por otro lado, ¿deben los países occidentales ir a China así, sin más? Si uno repasa la lista de países que han acogido los JJOO desde la II Guerra Mundial se encuentra con la sorpresa de que el único “sospechoso” es la URSS, allá por 1980, y sí sufrió el boicot de Estados Unidos (algo que, en aquella época, era destruir el evento, dado que ambos países solían repartirse casi todas las medallas).

China es el país del mundo que más penas de muerte aplica al año. China censura Internet hasta niveles absurdos. China asesina decenas o cientos de niñas al año por unas leyes absurdas que pretenden controlar la natalidad desde la prohibición. China es uno de los mayores contaminantes del mundo y se niega a revisar su política medioambiental. China sostiene gobiernos títeres y genocidas en África para beneficio propio (Sudán, sin ir más lejos).

Por si alguno de los que me leen ha llegado aquí y tiene alguna duda: no tengo ni idea de qué habría que hacer. El cuerpo me pide boicot, no ir. Pero, claro, a ver cómo le explicas a los deportistas que ellos, no, pero que la presidenta de la Comunidad de Madrid puede ir sin problemas a firmar contratos astronómicos… o el presidente de Francia, o el de Estados Unidos… Y tantos otros. No vale para nada boicotear los Juegos mientras seguimos subvencionando el régimen del PCCh.

Lo que sí me escama es la nula capacidad crítica de la sociedad occidental, que recibió en su día la noticia de la designación de Pekín como sede con indiferencia, ha pasado años de puntillas por el asunto y hoy, casi con vergüenza, eleva un poquito el tono de voz como para que se note lo indignados que están.

Igualito que el que esto firma.