¿Para qué sirven los debates?

Ignacio Urquizu

Ayer, en este blog, algunos se cuestionaban la utilidad del debate del Estado de la Nación. En sus argumentos parecían añorar la Grecia clásica donde el debate perseguía convencer a los rivales políticos. Pero lo cierto es que en las democracias modernas la idea del debate como instrumento de persuasión y formación de juicios es una cosa del pasado. Los debates son útiles, pero su utilidad no tiene nada que ver con llegar a acuerdos.

 

Una de las primeras funciones del debate es transmitir información. Los políticos buscan dar publicidad de sus propuestas –si es que las tienen o las quieren hacer públicas- y mejorar la comunicación entre representantes y representados. Si queremos tener ciudadanos informados, los debates pueden jugar un papel muy importante.

 

 

En segundo lugar, a través de los debates, los políticos pueden lograr el apoyo de la opinión pública. No existe un consenso en la literatura sobre el alcance del efecto de los debates. Algunos autores hablan de efectos limitados: los ciudadanos sólo asimilan la información que es coherente con sus preferencias, rechazando lo discrepante. Pero lo cierto es que recientes trabajos académicos han demostrado que los debates sí importan.

  

Aunque no analiza un formato de debate similar al del Estado de la Nación, Pablo Lledó, en su trabajo de 2001 “La influencia de los debates electorales sobre la decisión de voto: el caso de mayo de 1993 en España” -Revistas Española de Ciencia Política-, nos da algunas pistas para interpretar la importancia de los debates políticos. Sus resultados demuestran que los debates son relevantes a la hora de ganar apoyos. Además, no sólo es importante ver los debates, sino que otorgar la victoria a uno u otro candidato implica que sus probabilidades de victoria aumenten. De hecho, si el electorado más próximo al partido rival considera que el político de la otra formación ha ganado el debate, las probabilidades de votar a este candidato aumentan. Dicho en otras palabras, el post-debate, decidir quién ha ganado la batalla dialéctica, puede tener consecuencias muy positivas en la intención de voto.

 

En definitiva, los debates no son irrelevantes. Contribuyen a generar ciudadanos mejor informados y pueden cambiar los apoyos de la opinión pública. Pero que nadie espere que de un debate surjan juicios o ideas consensuadas. Este último escenario es propio de situaciones dramáticas o momentos históricos excepcionales –transiciones a la democracia, guerras…-. Lo normal en una democracia es discrepar, discutir y debatir.     

 

* Fundación Alternativas y Universidad Complutense de Madrid