¿Nos anticipará el futuro el 27 de mayo?

 Ignacio Urquizu Dada la marcha de la legislatura, existe una gran ansiedad por saber qué pasará en las próximas elecciones generales. Esta preocupación está generada por las consecuencias que se derivarán de los resultados. En el caso que el Partido Popular ganase, muchas de las reformas socialistas tendrían los días contados. Además, gente como �?ngel Acebes, Eduardo Zaplana o Díaz de Mera volverían a tener puestos de responsabilidad. Por lo tanto, muchas cosas cambiarían respecto al actual gobierno. Pero si el Partido Popular pierde, la estrategia de crispación debería pasar factura a aquellos que la han atizado. Así, la actual cúpula dirigente se vería amenazada por candidatos dispuestos a sucederles, y  los medios de comunicación que han dado alas a las hipótesis más estrambóticas deberían de cambiar sus mensajes. En definitiva, sean cuales sean los resultados de las elecciones generales, éstos traerán profundas consecuencias políticas.Dada esta ansiedad, existe la tentación de usar los resultados del 27 de mayo como una primera vuelta de las generales. La principal crítica a esta extrapolación está en que la gente vota cosas distintas dependiendo el tipo de elección. Es decir, las motivaciones que explicarían el voto no son siempre las mismas, dependiendo el nivel de elección. Así, por ejemplo, en unas elecciones municipales el candidato puede ser más relevante que en las elecciones europeas. Existe cierta evidencia empírica que confirma esta hipótesis: conforme más alejada está la institución por la que se vota, más pesa la ideología del individuo.Pero que la gente use criterios distintos, no significa que no podamos usar las elecciones municipales como una aproximación de lo que puede suceder.Asumamos que es cierto que el candidato y la gestión pesan mucho más en las elecciones locales que en las elecciones generales. ¿Es este argumento suficiente como para no extrapolar los datos del 27 de mayo hacia el futuro? No necesariamente. Nuestra prospección estaría sesgada si alguno de los partidos lo hace mucho peor que el resto. Es decir, si los candidatos del PSOE son manifiestamente peores que los del PP o la gestión de IU es siempre brillante frente a la inoperancia del resto. Tendríamos un claro sesgo en los datos. Pero asumamos que los candidatos malos o las gestiones catastróficas se distribuyen de forma aleatoria entre los partidos. Es decir, nadie es mejor que nadie o, dicho en otras palabras, todos pueden ser igual de malos. Si esto es así, podríamos hacer algo de política ficción con los resultados municipales de la semana próxima.En la siguiente tabla presento cómo habría sido el Congreso de los Diputados con los resultados electorales de 2003 y lo comparo con lo que sucedió meses después. Vemos algunas diferencias significativas –la excesiva presencia de partidos regionalistas en 2003-, pero también observamos algunas pistas que nos habrían servido para anticipar el futuro. En primer lugar, el PSOE ya habría aventajado ligeramente al PP. En segundo lugar, el PP consiguió poco más de lo que habría conseguido con sus resultados municipales de 2003.

No obstante, hay que tener en cuenta algunas cautelas antes de extrapolar los datos entre ambas elecciones. Si echamos la vista atrás y comparamos los resultados electorales desde 1987 hasta la actualidad, vemos que los dos grandes partidos siempre obtienen más votos en los comicios generales que en los municipales. En cambio, tanto IU como los regionalistas muestran datos muy similares entre ambas elecciones. Además, el Partido Socialista consigue maximizar su aumento electoral en las elecciones generales cuando la participación aumenta, mientras que el Partido Popular obtiene un incremento constante en cada una de las comparaciones.En definitiva, lo que suceda el 27 de mayo nos puede ayudar a saber quién va a ganar en el futuro, aunque no nos dirá el tamaño de la diferencia entre los dos grandes partidos. Eso sí, la experiencia nos dice que el PSOE conseguirá una mayor ventaja electoral si consigue aumentar el diferencial de participación entre las elecciones del 27 de mayo y las futuras elecciones generales.