¿Nadie se acuerda de la crispación?

Ignacio Sánchez-Cuenca
 
Nos hemos pasado meses discutiendo sobre la crispación que introduce el PP en la vida política española a base de insultar al adversario, lanzar acusaciones sin cuento y manipular el asunto del terrorismo. Sin embargo, nadie parece querer establecer conexión alguna entre el clima de crispación y los decepcionantes resultados del PSOE. Recordemos algo obvio: el PSOE ha perdido, por un estrecho margen, las elecciones municipales cuando tenía todos los elementos a favor: una situación económica envidiada en todos los países europeos, fuerte creación de empleo, reducción de la temporalidad, aumento de la tasa de participación de las mujeres, cuantiosas inversiones en infraestructuras, extensión de los derechos sociales, ley de dependencia, aumento espectacular del gasto en I+D… Por si todo esto fuera poco, se trata de la legislatura con menos víctimas del terrorismo en toda la historia de la democracia. A pesar de todos estos resultados, el PSOE ha perdido. Y ha perdido a pesar también de las valoraciones extremadamente negativas que recibe Mariano Rajoy en todas las encuestas de opinión.


La discusión se ha centrado en los resultados de Madrid y en los problemas del PSOE en esta región. Curiosamente, dos candidatos tan distintos como Simancas y Sebastián han sacado prácticamente idénticos resultados: un político típico de aparato y un profesional independiente sin experiencia en campañas electorales. ¿Y si el problema no residiera sólo en los candidatos del PSOE? ¿Y si tuviera algo que ver con el clima de crispación que ha creado el PP? ¿Qué es realmente la crispación? Creo que hay dos elementos. Por un lado, una campaña negativa, basada en la destrucción del adversario mediante ataques broncos y de gran agresividad. En Estados Unidos numerosos estudios electorales han puesto de manifiesto que las campañas negativas reducen la participación. Mucha gente se harta de la bronca entre los políticos y se abstiene en las elecciones y tanto en Estados Unidos como en España, la abstención es más alta en la izquierda que en la derecha. El PP tiene incentivos, por tanto, para inducir la abstención por medios indirectos como las campañas negativas. De ahí que emplee un lenguaje basado en la exageración y el insulto.
 
Por otro lado, la campaña negativa se complementa con un intento de centrar el debate en cuestiones políticas que ensombrezcan la gestión del Gobierno y que desvíen la atención hacia temas que resultan ventajosos para la derecha, como el terrorismo o la cuestión territorial. El PP es consciente de que en España hay más gente de izquierdas que de derechas. Así los confirman todas las encuestas existentes. Por eso, si las elecciones giran en torno a los servicios públicos, las políticas sociales y la igualdad, el PSOE triunfa con comodidad. El PP sólo puede ganar si los votantes se preocupan por asuntos en los que las posiciones ideológicas clásicas de la derecha y la izquierda desempeñan un papel menor.
 
¿Ha funcionado la crispación en estas elecciones? Aquí van algunas observaciones que permiten pensar que la respuesta ha de ser afirmativa: la crispación ha influido en los resultados.
 
Hay lugares en España en los que la crispación no llega. En el País Vasco, por ejemplo, la gente no se traga las sandeces del PP sobre el triunfo de ETA y la rendición del Estado. ¿Son mejores los candidatos vascos que los madrileños? ¿Es Patxi López menos “aparatchik� que Simancas? No lo creo. Sencillamente, el discurso crispador del PP sobre terrorismo no prende en el País Vasco. Incluso resulta contraproducente para el PP, como se muestra en la importante caída de apoyos que ha tenido en estas elecciones y en la subida fuerte del PSE.
 
Madrid, en cambio, es territorio abonado para la crispación. Es en Madrid donde se celebran las multitudinarias manifestaciones del PP y la AVT. Es en Madrid donde Jiménez Losantos tiene más oyentes y Pedro J. Ramírez más lectores. Es en Madrid donde más “conspiranoicos� sobre el 11M hay. Si a esto le sumamos que la gestión del PP, tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad, ha tenido resultados muy visibles para la ciudadanía (extensión del metro, soterramiento de la M30, etc.) y ha invertido millones de euros en propaganda, puede entenderse el vuelco favorable al PP que se ha producido en estos últimos cuatro años.
 
Es verdad que para compensar los efectos de la crispación es necesario un partido sólido, con candidatos solventes, preocupado por ganar las elecciones y no ensimismado en luchas internas de poder. Sin embargo, mucho me temo que en estas elecciones, incluso con buenos candidatos, el resultado no hubiese sido muy distinto. La izquierda ha vuelto a desmovilizarse mientras en la derecha siguen prietas las filas.
 
Falta menos de un año para la celebración de las próximas elecciones generales. Si el PSOE y el Gobierno no se toman en serio los efectos electorales que puede tener la crispación del PP, no cabe descartar que el PP acabe sacando más votos. Es necesaria una estrategia decidida que ponga freno a los ataques constantes que provienen de la derecha política y mediática.