¿Incoherencia con un programa de izquierda?

Alberto Penadés

¿Le ha fallado la izquierda al PSOE? ¿Ha sido incoherente con su ideología por haber sido demasiado moderado?

Escribo esta nota, modestamente, al hilo de la sucesión de  dos afortunados artículos, de Belén Barreiro y de Ignacio Urquizu, aparecidos esta semana en el País con observaciones post-mortem sobre la legislatura y las elecciones, y que recomiendo a quien no los haya leído. En ambos se menciona, entre otras cosas, la importancia de la coherencia ideológica para el PSOE y, en al menos uno de ellos (Urquizu) se conecta con el castigo por la izquierda. Belén Barreiro prefiere incidir en algo de una importancia enorme: que las cohortes de edad son hoy una fuente de desigualdad y conflicto tan importante como las demás. (Las consecuencias de pensar en eso podrían llevar las cosas bastante lejos –esto es lo que hace del artículo algo verdaderamente nuevo- por lo que lo dejo para otra entrada)

Lo que más llama la atención del considerable revés electoral del gobierno es el hecho de que el PSOE ha defraudado a la mayoría de los suyos. Repasemos.  De acuerdo con la encuesta pre-electoral del CIS (habrá que esperar a la postelectoral para afinar) solo un 45% de antiguos votantes pensaba volver a votar al PSOE (86% el PP, 60% IU o CiU), incluyendo aquí algunos dudosos. Lo que es más significativo, solo al 51% de los antiguos votantes del PSOE le gustaría que volviera a ganar su partido, y nada menos que un 42% de antiguos votantes socialistas prefería que hubiera un cambio de gobierno.

En realidad, estos datos no podrían ser otros salvo que la sociedad estuviera muy polarizada, lo que no parece ser el caso.  El 66% de los españoles consideraban, en el último barómetro del CIS antes de las elecciones (octubre) que la gestión del gobierno era mala o muy mala, una cifra histórica, en el contexto de una legislatura en la que el gobierno comenzó a perder la aprobación de los ciudadanos casi desde el comienzo, en una tendencia constante, sin que se aprecien saltos (por ejemplo, a propósito del plan de ajuste) en ninguna dirección, salvo el breve repunte que supuso el anuncio de retirada de Zapatero. Al comienzo de su más bien breve romance con los españoles, en abril de 2004, el 52,3% creía que la gestión del gobierno era buena o muy buena, y solo el 5,7% la desaprobaba. Solo gracias a que la tendencia de la oposición no ha sido mucho mejor (el pasado octubre el 58% la valoraba mal o muy mal) se puede entender que un gobierno impopular haya aguantado unas condiciones tan adversas durante esta legislatura.

Zapatero y su partido no han sido castigados especialmente por la izquierda. Los antiguos votantes del PSOE que además son de izquierdas (del 1-4 en la escala de 1-10) pensaban volver a votar al PSOE en proporciones que van entre el 65% y el 68%. Los antiguos votantes del PSOE que se colocan en el centro (en el 5 de la escala) reproducen la conducta de la media: solo el 45% se mantiene fiel al PSOE. Para los antiguos votantes socialistas más conservadores la fidelidad decae por debajo del 25%.  José Fernández Albertos ha discutido (en Twitter) con Ignacio Urquizu con este y parecidos argumentos.

Mirando la otra cara de la moneda- la capacidad de incorporar nuevos votantes- entre los más jóvenes el PSOE ha atraído sobre todo votantes de la izquierda moderada (entre el 44 y el 57% de estos, según su posición), seguido de la extrema izquierda (33%),  y mucho menos del centro (22%), aunque sea en esa posición donde más votantes haya. En resolución, el PSOE ha mostrado capacidad para retener y atraer sobre todo a ciudadanos de izquierdas, aunque ambas capacidades se encuentren mermadas con respecto al pasado, mientras que su atractivo para el centro es notablemente más bajo.

Esto tiene su lógica, el gobierno del PP es visto como una amenaza sobre todo por la izquierda, y más cuanto más a la izquierda. Aquellos que piensan que el PP no lo hará necesariamente peor, o que lo hará igual que el PSOE, son los que más fácilmente desertan, y esos son sobre todo moderados y conservadores. A medida que nos acercamos al centro, el grupo que cree que un gobierno del PP habría sido peor que el PSOE en la pasada legislatura va descendiendo desde el 60% de los más izquierdistas al 34% % de los centro-izquierdistas, para quedarse en el 15% de los centristas.  El PSOE, además, ha jugado, de nuevo, la baza del miedo al PP en la campaña, por lo que se refuerza esta tendencia.

En cierto modo, podía ser peor para el PSOE, pues todavía le votan muchos moderados sobre la premisa de que ambos lo hacen y lo harán más o menos igual.

Uno de los resultados apreciables a simple vista de la pérdida de votantes moderados es el hecho de que UPyD ha ganado casi 835.000 votos. La magnitud absoluta y no solo la relativa (casi cuadriplica resultado) es notable, pues es el partido que más crece. (Para darse una idea de la cifra hay que pensar en que cualquiera de los dos grandes partidos habría sacado 13-14 escaños más con esos votos, aunque UPyD en solitario solo tenga 5; y que en un sistema proporcional habrían sacado 17 escaños). El PP  ha ganado tan solo unos 560.000, con lo que no desborda su tendencia histórica, e  IU algo más de 710.000 votos. Si IU solo puede recuperar uno de cada seis votos que pierde el PSOE, la competencia por la izquierda podrá desde luego perjudicar la posibilidad de formación de algunas mayorías, pero parece menos amenazadora, para la recuperación del PSOE como eje de esa mayoría, que la competición por el centro.

La incoherencia y la pérdida a la izquierda no son lo mismo. La frase “bajar impuestos es de izquierdas” era muy anterior al plan de ajuste. La incoherencia es sobre todo falta de programas claros, de sentido de propósito compartido y explicado, frente a la improvisación, real o fingida. Creo que la gente también percibe como poco coherente la celebración del amateurismo; no debe sorprender que los españoles crean que el PP gobierna mejor la economía si a esa percepción se opone aquella otra de “los valores de la derecha cotizan en bolsa, los de la izquierda en el corazón”. La incoherencia tiene que ver con la organización del partido, propiciada posiblemente por el presidencialismo del sistema de gobierno español. El presidencialismo en el partido y en el gobierno facilita que haya cambios de rumbo, golpes de efecto y hasta episodios de newspeak que no se explican sin la existencia de una jerarquía muy centralizada. Todo esto parecía no tener importancia hasta que llegó la crisis, pero es muy importante si se quiere volver a escena.

El PSOE debe preocuparse de coherencia, sí, pero no necesariamente para teatralizar un giro a la izquierda (debería estar claro  que en España la clase media moderada apoya el estado del bienestar e impuestos altos, y no hay que perderla), sino para ofrecer un proyecto atractivo, para realizar autocrítica, para formar mejores equipos y más participativos… y menos teatro. Un programa socialdemócrata moderado es todavía hoy algo muy radical. En fin, tienen mucho que hacer y mucho tiempo por delante.