¿He oído gripe?

Aitor Riveiro

El pasado viernes, todas las alarmas saltaron en las redacciones de los medios de comunicación de medio mundo: un brote de una rara mutación de la gripe porcina se estaba propagando desde México a todo Norteamérica. El país azteca reconocía un par de decenas de muertes, mientras EE UU y Canadá comenzaban a informar de la detección de una serie de casos en personas que presentaban los síntomas tras regresar de un viaje por el vecino del sur.

Desde entonces, la enésima crisis sanitaria que afecta al mundo globalizado del siglo XXI no ha hecho más que copar más y más espacio en televisiones, radios, periódicos y páginas ‘web’ de todo el mundo.

Valgan un par de datos: según la consultora especializada en medir audiencias en Internet Nielsen, desde el pasado día 23 hasta ayer, 28, los españoles hemos lanzado más de 200.000 consultas en buscadores (Google, Yahoo, etc.) relacionadas directamente con la gripe porcina; el número de entradas o ‘post’ que la blogosfera española ha escrito desde ese viernes hasta ayer, martes, supera los 1.600.

Pero no sólo España vive en una especie de paranoia informativa. Las búsquedas en Google se han multiplicado por 10 para la palabra “gripe” en todo el mundo (México encabeza, evidentemente, la lista de países de habla hispana más interesadas en todo lo que rodea al virus A/H1N1) y casi por 15 para la palabra “flu”, con Nueva Zelanda en el primer lugar de los histéricos anglosajones). Resultados similares podemos hallar para “influenza”.

La OMS y las autoridades políticas de medio mundo ya han comenzado a hablar de “pandemia”, una palabra peligrosa y, cuando menos, alarmista. De momento, México ha reconocido 20 fallecimientos cuya relación con el virus de la gripe porcina está demostrada y otras 152 muertes “sospechosas”, es decir, que todavía no hay certeza de que, efectivamente, hayan perecido por culpa del A/H1N1.

Fuera de México, nada. En España, principal vía de entrada de los viajes intercontinentales que unen Europa y México, dos jóvenes se recuperan tranquilamente de la gripe porcina que se trajeron del otro lado del Atlántico; tan graves no deben estar cuando las autoridades, desde consejerías hasta ministerios, dan por seguro que recibirán el alta “en las próximas horas”. Incluso la madre de uno de ellos, el albaceteño cuyo positivo fue el primero de Europa, asegura que su hijo “está bien”. Yo no sé cómo lo verán ustedes, pero si una madre dice eso de un hijo es que el niño está para ir al cole.

Lo que sí ha aclarado la mujer es que está hasta la coronilla del bombo que se le está dando al asunto y de no ver en televisión más que noticias sobre la dichosa gripe porcina y ha finiquitado: “te asustas más por lo que oyes que lo que le pasa al chico”. Ya me la imagino, saliendo del hospital tranquila porque el médico le ha dicho que su ojito derecho (que no llega a 38 de fiebre) no se va a librar de los exámenes finales, cuando llega a casa y… el acabose catódico.

En otros países, más de lo mismo. Un par de casos en Escocia, seis en Canadá, 50 en EE UU, con la gran frontera que comparte con México. Un caso en Israel (donde no se puede llamar a la gripe “porcina” por mor de no ofender a los religiosos) y tres en Nueva Zelanda: en este país, el ministro de Sanidad ha asegurado que los afectado “se están recuperando en casa”.

¿En casa? ¿Cómo es eso? ¿No ha decretado la ONU una alarma de grado 4 sobre un total de 6? En realidad, si hacemos caso a las características que la propia OMS señala para definir cada grado, en estos momentos estamos más en el 6 que en el 4, ya que hay diversas regiones del mundo afectadas.

¿Debemos acudir ya a los supermercados a atiborrarnos de latas y leche en polvo? ¿Es hora de saquear las farmacias en búsqueda de antivirales como el Tamiflú? ¿Cuándo comienza la orgía de sexo y sangre? Tengo una mala noticia para los apocalípticos: en EE UU mueren cada año por causas relacionadas con la gripe “normal” una 36.000 personas. Treinta y seis mil estadounidenses al año.

Mucho me temo que en un par de semanas nada sabremos de la gripe porcina. Y digo me temo porque sería la constatación de que, una vez más, el amarillismo congénito a los medios de comunicación del siglo que estamos viviendo ha elevado a categoría de gran emergencia mundial lo que no es más que la constatación de que si en México muere gente afectada por la gripe porcina es porque su sistema sanitario es lamentable y clasista.

Mientras tanto, en Europa seguiremos haciendo acopio de antivirales por si las moscas. De momento, Trinidad Jiménez cifra en 10 millones las dosis que guarda España. ¿De dónde han salido? Las compramos cuando la otra pandemia que iba a asolar el mundo, la gripe aviar. ¿Se acuerdan? Yo casi no.